Las vacaciones, las tardes libres, los jefes buena onda y los salarios que alcanzan para todo son como los caramelos. Ya no parecen ser percibidos como un premio al esfuerzo, al trabajo bien hecho o a los logros académicos y profesionales. Muchos jóvenes exigen que, igual que los dulces, estas cosas sean el “desde” que está disponible para todos.
Publicado el 03.11.2016
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En los tiempos actuales, la recomendación de los médicos, sicólogos y nutricionistas es no premiar a los niños con dulces y chocolates. La racionalidad sería que al crecer, las personas generan una conexión afectiva con el azúcar que las haría dependientes de este calórico elemento químico. De ahí vendría la imagen de las mujeres comiendo helado y chocolate cuando tienen una desilusión amorosa, que es tan común en las películas de Hollywood.

La verdad es que para los niños actuales, en muchos casos los dulces y chocolates han dejado de ser un premio. Pero no por la recomendación de los médicos, sino simplemente porque están siempre disponibles. Es decir, ya no son una excepción que se disfruta solo para eventos especiales como cumpleaños y Navidad, ni como un premio por lograr algo importante, como una nota destacada. Los dulces se consumen sin necesidad de un motivo u ocasión especial. Están a al alcance de la mano en todo momento.

Por lo mismo, han perdido su capacidad de reforzar un buen comportamiento o de ser asociados a eventos memorables. Ahora los niños quieren plata o celulares por sus buenas notas, video juegos para el cumpleaños y viajes para la Pascua. La bota roja repleta de caramelos colgando de la chimenea es el “desde”.

Así que los sicólogos pueden estar tranquilos (aunque los nutricionistas no). Pero nosotros tenemos una lección importante que aprender. Ganarse la vida sigue siendo una tarea muy difícil. Por culpa de Adán y Eva fuimos expulsados del Paraíso y tenemos que trabajar para comer y guarecernos de las inclemencias del tiempo. La novedad es que como ahora existe la epidural, las mujeres tienen que trabajar a la par de los hombres. Esto que resulta bastante obvio para los que nos dieron un Bambino o un Trencito por sacarnos un 7 en matemáticas, no parece ser tan obvio para las nuevas generaciones.

Pareciera que la norma es tener vacaciones y la excepción tener que trabajar para conseguirlas; disfrutar de una tarde al aire libre y no trabajar hasta tarde; carretear de jueves a sábado y que no se le vaya ocurrir a un profesor desubicado poner una clase o, peor aun, una prueba el viernes en la mañana; tener un jefe buena onda y no uno que sea exigente; que el sueldo alcance para el nivel de vida que quiero tener y no, como en mi tiempo, que el nivel de vida se adapte al sueldo.

Las vacaciones, las tardes libres, los jefes buena onda y los salarios que alcanzan para todo son como los caramelos. Ya no parecen ser percibidos como un premio al esfuerzo, al trabajo bien hecho o a los logros académicos y profesionales. Muchos jóvenes exigen que, igual que los dulces, estas cosas sean el “desde” que está disponible para todos.

Lamentablemente, el mundo no ha cambiado tanto como nos gustaría. Los caramelos y chocolates están al alcance de la mano, pero ganar mucho estudiando y trabajando poco, no. Los jefes no siempre son simpáticos y hay que bancárselos, las vacaciones siguen siendo cortas, el sueldo normalmente no alcanza para todo y muchas veces hay que trabajar y estudiar hasta tarde e incluso los fines de semana. Quienes no quieran ver el mundo de esta manera tendrán grandes frustraciones y se convertirán en los nuevos clientes de los sicólogos. Si la vida fuera dulce, no tendríamos que endulzarla.

Una nota al margen. Si nuestros gobernantes fueran como los buenos padres, sabrían que una pataleta nunca debe apaciguarse con un caramelo. Porque la próxima pataleta será aun peor. Por desgracia, sobre todo en el último tiempo, eso es precisamente lo que han hecho. Por  lo mismo vemos más tomas de colegios, más violencia en La Araucanía y más evasión en el Transantiago.

 

José Ramón Valente, #ForoLíbero

 

 

Foto: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

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