Nadie confía en el termómetro. Pero los periodistas publicamos religiosamente el parte médico sin entenderlo demasiado y con eso todos creen saber cómo va la salud del enfermo. ¡Ojalá que no se nos muera!
Publicado el 14.05.2018
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El Código de Ética de los periodistas chilenos en su artículo primero señala que los periodistas debemos regirnos por el principio de la veracidad, entendido como la entrega de información responsable de los hechos.

Estimo que la publicación de encuestas en Chile, si no está en el límite de lo éticamente aceptable, derechamente no califica. Lo cierto es que el trabajo de las encuestadoras nacionales es tan deficiente, que respetar el principio de la veracidad obligaría a los medios a utilizar prácticamente todo su espacio en explicar las falencias técnicas de cada encuesta a la hora de publicar.

Lamentablemente, más por costumbre que por mala intención, los medios de comunicaciones publican los resultados de encuestas sin mucha reflexión, imaginando que los resultados tienen alguna capacidad de predecir el comportamiento o los contenidos de la opinión pública. Nos ha faltado que el periodismo cuestione más las encuestas que publica.

Los resultados de la última elección presidencial son un ejemplo de cómo las encuestas no son capaces de orientar ni predecir nada. En primera vuelta el Presidente Piñera obtuvo 36,6% de los votos, pero CEP le daba 44,4% y Cadem 42%. Alejandro Guillier obtuvo 22,7%, mientras CEP decía 15,5% y CADEM 16%. Beatriz Sánchez obtuvo 20,3% y las encuestadoras de daban 8,5% y 11%. José Antonio Kast sacó 7,9% y las encuestas decías 2,2% y 5%.

El trabajo de las encuestadoras nacionales es tan deficiente, que respetar el principio de la veracidad obligaría a los medios a utilizar prácticamente todo su espacio en explicar las falencias técnicas de cada encuesta a la hora de publicar”.

Según diversos estudios las encuestas en Chile tienen problemas serios. Por ejemplo, la UDP analizó CADEM y llegó a la conclusión de que sobre estima comunas donde las votaciones de la derecha son más altas y subestima comunas donde gana la izquierda, en especial el Frente Amplio. En la última elección encuestaban más gente en las zonas donde había más votantes de Piñera. Los expertos hacen notar que en Chile los estudios en general encuestan un número de casos insuficientes, lo hacen por teléfono y no son capaces de reemplazar técnicamente bien a la gente que no responde. No saben quién de los encuestados realmente vota. Según Marta Lagos, encuestar a 1.500 personas no sirve, porque el nivel de abstención es tan alto que no alcanzas a llegar a una cifra representativa del país.

Existe un cierto consenso entre los expertos de que para realizar una encuesta realmente representativa en Chile, ésta debería tener unas 2.500 entrevistas presenciales en todas las regiones del país. Aquí sí que hay noticia: No hay en Chile encuesta pública alguna con estos estándares de calidad. Dicho de otro modo, señor lector, cuando el próximo lunes vea que el Presidente Piñera tiene 58 puntos de aprobación o que su aprobación cayó porque quería nombrar embajador a su hermano… puede comprar unos helados a sus hijos, mandarlos a preguntar a la salida del Metro y su propia encuesta tendrá casi la misma validez que la encuesta que se publica. También puede publicar un formulario electrónico y pedir a la gente que lo conteste por Internet. Así lo hace Criteria Research, que el año pasado se hizo famosa porque publicó una encuesta en que el total de los votos era 101%.

Si tiene la encuesta de sus hijos y se contrata un buen asesor de prensa, es probable que los resultados de sus chiquillos sean publicados en letras de molde por un colega periodista demasiado acostumbrado a resumir cifras producidas por otro.

Este es un tema complejo para el periodista y su ética. Por un lado, está la noticia. Hay alguien que se hace responsable y dice que el Presidente tiene una aprobación tal, que es mayor o menor que su propio gobierno, y que la próxima elección la ganará el candidato cual. En apariencia es una noticia de interés, con fuentes responsables, éticamente veraz y por tanto publicable. Tampoco tenemos en los medios especialistas independientes que puedan analizar en profundidad la calidad de la encuesta y la idoneidad del dato. Menos un observatorio formal de una asociación privada o estatal que certifique estudios de opinión pública.

Si usted tiene la encuesta de sus hijos y contrata un buen asesor de prensa, es probable que los resultados de sus chiquillos sean publicados en letras de molde por un colega periodista demasiado acostumbrado a resumir cifras producidas por otro”.

Por otro lado, ante el cúmulo de imprecisiones, imperfecciones y falencias de las encuestas en Chile, es imposible pensar en que la publicación podría contener todas las notas técnicas aclaratorias que pondrían el estándar ético periodístico a su publicación.

Nos encontramos en el peor de los mundos. Nadie puede decir que una encuesta está en realidad entregando información de utilidad, pero los medios tienen la tentación de publicar los resultados como predicciones u orientadores de la realidad y de lo que piensan y creen los ciudadanos.

Los propios periodistas, en un estudio de la Universidad Alberto Hurtado, reconocen que los medios ofrecen mayor cobertura a los candidatos según su posición en las encuestas y que pese a no creer demasiado en su calidad, la pauta de contenidos también se ve influenciada por las temáticas que los estudios de opinión declaran como los más importantes.

Nadie confía en el termómetro. Pero el doctor actúa sobre la base de la información que entrega; los periodistas publicamos religiosamente el parte médico sin entenderlo demasiado y con eso todos creen saber cómo va la salud del enfermo. ¡Ojalá que no se nos muera!

 

Luis Conejeros Saavedra, periodista

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO