El superintendente Pavlovic pretendió siempre dejar a todos los chilenos cautivos en la salud pública, pero reprochaba la cautividad en una isapre. Hoy, en una medida inédita y de cuestionable constitucionalidad, ha dejado cautivos a todos los afiliados de Más Vida. Esto me recuerda a Cuba, con la diferencia de que los afiliados no pueden arrancar en balsa.
Publicado el 08.03.2017
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Sebastián Pavlovic, antes de asumir como superintendente de Salud, de su puño y letra escribió para El Mostrador una columna de opinión donde declaraba que: “Ya pasó el tiempo de la reforma para salvar al sistema de isapres” y “los próximos gobiernos tendrán urgencias suficientes en el sector público de salud como para perder el tiempo y energías en un sistema que no quiere -y no merece- ser salvado”.

Así, antes de asumir su cargo actual, ya les había puesto la lápida a las isapres.

Como superintendente, Pavlovic siempre tuvo un marcado sesgo en contra de la industria. Se sentía seguro porque durante mucho tiempo las isapres estuvieron reacias a aceptar cambios que les permitieran resolver los problemas que afectaban a sus afiliados (nunca validé dicha actitud y por eso abandoné la Asociación de Isapres). Pavlovic capitalizaba a su favor el descrédito en que había caído la industria.

Pero esa situación cambió durante la Comisión Presidencial para la Reforma a la Salud Privada, instancia en que yo participé y a la cual renuncié cuando me di cuenta que, habiendo las isapres cedido en todo lo que se requería para acabar con los problemas que tenía la industria, los demás miembros de la comisión —varios de ellos hoy “trabajan” como asesores para el Ministerio de Salud— insistían en que el 7% era un impuesto y se debía acabar con el sistema.

El objetivo siempre fue capturar para el Estado los 3.000 millones de dólares que cotizan anualmente los afiliados a isapres, para crear un fondo común manejado por la burocracia estatal.

Quedó en evidencia que las intenciones de la mayoría de los miembros de dicha comisión eran idénticas a las que Pavlovic había manifestado en su columna de opinión del 16 de mayo de 2013. Su plan era matar a las isapres. No era posible aceptar que éstas enmendaran su actuar por la vía de modificar la regulación, permitiéndoles resolver la cautividad, las pre existencias, la transparencia en los planes, etc.

La agenda comunicacional del superintendente Pavlovic fue la de hacerse popular llamando a los cotizantes de isapres a demandar para lograr congelar las alzas de precios, para lo cual creó la modalidad de invitar a los afiliados a congelar sus planes directamente en la página web de la Superintendencia de Salud, sin necesidad de recurrir a abogados.

Cada vez que fue requerido por la prensa, usó el eslogan: “Las isapres no han sido capaces de sustentar sus alzas de precios ante las cortes”; y cuando se le preguntaba por qué no aceptaba mi propuesta de poner un tope a las utilidades de las isapres, de manera de que éstas no tuvieran incentivos para excederse en las alzas de precios, él recurría a otro eslogan: “Esto merece ser abordado dentro del contexto de una reforma global al sistema de salud”. Reforma que nunca quiso hacer, según se desprende de la columna de opinión que escribió y que hoy lo desnuda.

Todo este montaje era un show comunicacional para dar la idea de que estaba por una reforma, pero su objetivo real era evitar que la hubiera.

En este contexto se comprende la negligencia del superintendente Pavlovic, porque sabe desde el mes de noviembre de 2015 que los estados financieros de Más Vida reflejaban inconsistencia. Yo mismo se lo hice ver. Se dejó estar. Evadió nombrar un interventor cuando todavía había tiempo para evitar el descalabro. En lugar de aquello, liberó $ 60 mil millones en garantías que deben cautelarse en beneficio de los afiliados para permitirles, entre otras cosas, recuperar sus excesos y excedentes.

Paradojalmente, Pavlovic pretendió siempre dejar a todos los chilenos cautivos en la salud pública, pero reprochaba la cautividad en una isapre. Hoy, en una medida inédita y de cuestionable constitucionalidad, ha dejado cautivos a todos los afiliados de Más Vida. Esta medida me recuerda a Cuba, con la diferencia de que los afiliados no pueden arrancar en balsa.

El superintendente Pavlovic ha caído en “Su propia trampa”. La isapre Más Vida, que le sirvió de aliado natural durante tres años para confundir a la opinión pública haciendo creer a los afiliados que era posible subsistir sin subir los precios, está con interventor y a punto de quebrar.

 

Gonzalo de la Carrera C., ingeniero comercial UC, conductor de Directo al Grano, en Radio Agricultura

@carreragonzalo

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO