Dado el perjuicio que implica la mantención del statu quo para los intereses permanentes de Chile, la decisión de denunciar el Pacto de Bogotá puede ser la mejor manera de medir la determinación, visión estratégica y claridad de objetivos, que el “Panzer” podrá mostrar entre los atributos de su liderazgo, como opción presidencial.
Publicado el 12.02.2016
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El cambio de Agente de Chile ante la Corte Internacional de Justicia en la demanda presentada por Bolivia, abrió la posibilidad de fortalecer la conducción de la defensa de Chile, para subsanar serias vulnerabilidades. Fue una seguidilla de situaciones generadas en el Edificio Carrera, que con errores de coordinación, pasos en falso y malas decisiones, tuvieron como resultado permitir a Bolivia sumar apoyos a su causa y demostrar más eficiencia que Chile en su accionar internacional, un hecho inédito en nuestra historia diplomática. El ex Agente Bulnes sólo tenía bajo su responsabilidad la dimensión jurídica de la defensa de Chile, lo que incluso le permitió asumir otros compromisos, transformando su rol de Agente en un trabajo part–time.

El nombramiento de José Miguel Insulza le da otro carácter al papel conductor que corresponde al Agente, dada su dilatada experiencia política y diplomática. Las habilidades requeridas para la función de Agente parecieran estar mejor cubiertas por el tonelaje político de Insulza, que por las capacidades de litigante del ex Agente Bulnes, quien se esforzaba por enfatizar que sus funciones abarcaban exclusivamente los temas legales. El apoyo transversal otorgado al nombramiento del nuevo Agente de Chile fue una buena señal de unidad, tratándose de una causa nacional que no admite diferencias ideológicas. Por esa misma razón, no ayudan a la defensa de Chile en La Haya los cuestionamientos  que produjeron las declaraciones del Agente Insulza, respecto de su disponibilidad para una eventual candidatura presidencial. No se cuestiona la capacidad que tenga Insulza para desempeñarse como Agente y al mismo tiempo seguir de cerca los vaivenes de la política chilena. El ex ministro tiene capacidad de sobra para “masticar chicle y caminar al mismo tiempo” y con seguridad su dedicación a las tareas como Agente no se resentirá por el interés que tenga en otros asuntos públicos. Los críticos advierten en la probabilidad de que, si el Agente Insulza entra de lleno al debate político, eso podría dificultar el objetivo de fortalecer la necesaria unidad nacional que se requiere para configurar una defensa sólida de los intereses chilenos en La Haya. No comparto esa visión. Mi impresión es que, por su trayectoria, Insulza conoce bien la importancia que tiene asegurar un apoyo amplio para los asuntos prioritarios y de interés nacional, así como los riesgos que se corren en caso de no hacerlo.

Los desafíos del nuevo Agente son múltiples: deberá trabajar contra el tiempo para marcar un nuevo rumbo a la defensa chilena ante La Haya, asumiendo la coordinación de un equipo que deberá enfatizar el importante papel de la historia en la relación vecinal, plasmado en un relato que fortalezca la defensa jurídica de Chile en el caso. El inicio de esta nueva etapa de la defensa de Chile debería llevar, asimismo, a hacer un examen crítico y exhaustivo de todo lo bueno y malo que se ha hecho en las relaciones bilaterales con Bolivia. La defensa de Chile no podrá sostenerse sobre pilares firmes, de no adoptar con apertura de mente esa visión  crítica de la Historia reciente. Esto, porque si no se asumen los errores cometidos, se correrá el riesgo de dejar sentadas las bases para facilitar a los vecinos la presentación de nuevas demandas destinadas a satisfacer los fines estratégicos que hasta ahora no han conseguido, incluyendo lo que Bolivia pueda lograr con el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre la demanda actualmente en curso. Por esa razón, Chile no puede dejar sin corregir los errores que han permitido, primero al Perú y ahora a Bolivia, construir los  casos que hemos tenido que enfrentar en La Haya.

El más serio de esos errores sigue siendo el de mantenernos rehenes del Pacto de Bogotá, instrumento que les permite a nuestros dos vecinos del Norte tener la sartén por el mango y la iniciativa de imprimir el tono que quieran a las relaciones con Chile, utilizando la vía jurisdiccional en su intento por reabrir pendencias decimonónicas, resueltas hace ya largo tiempo mediante tratados en pleno vigor. Dado el perjuicio que implica la mantención del statu quo para los intereses permanentes de Chile, la decisión de denunciar el Pacto de Bogotá puede ser la mejor manera de medir la determinación, visión estratégica y claridad de objetivos, que el “Panzer” podrá mostrar entre los atributos de su liderazgo, como opción presidencial.

 

Jorge Canelas, Cientista Político y Embajador (r).

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO