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Publicado el 06 de octubre, 2017

En honor a la verdad

En todos los conflictos que ha enfrentado su gobierno en estos años, la Presidenta ha cortado siempre el queque por la izquierda, con decisiones que normalmente coinciden con las exigencias del PC.
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Tres verdades del gobierno de la Presidenta Bachelet me parecen irrefutables, a la luz de la crisis prácticamente permanente por la que ha atravesado desde sus inicios.

La primera verdad es que al interior de la administración de la Presidenta Bachelet conviven las mismas dos almas de la Nueva Mayoría, irreconciliables entre sí, porque sus diferencias cruzan la frontera de la sana diversidad de una coalición grande. Un alma marcadamente de izquierda, con frecuentes notas marxistas, que se avergüenza de lo que representó la Concertación, reconoce poco progreso y mucha desigualdad en las últimas décadas; y repudia las palabras “acuerdo” y “consenso”, porque las estima ingredientes de una cocina que asocia con intereses espurios. Otra alma, también de izquierda, pero con los matices que la DC ha intentado marcar frustradamente, que ve con temor cómo la obsesión con un programa de gobierno, fundado en una mirada pesimista y equivocada de Chile, los ha alejado de la mayoría que les permitió ganar la elección presidencial en 2013 (es el alma que expresó el diputado Matías Walker esta semana, cuando reconoció que “no son buenas las señales que nuestro gobierno ha dado en seguridad y crecimiento”).

La segunda verdad es que el alma mater de la Presidenta Bachelet es, claramente, la izquierda del oficialismo, y su proyecto político y discurso se propusieron reivindicarla. En todos los conflictos que ha enfrentado su gobierno en estos años, ha cortado siempre el queque por la izquierda, con decisiones que normalmente coinciden con las exigencias del PC. No le gusta la palabra “retroexcavadora”, pero ha repetido una y otra vez que no vino a Chile a continuar en una línea de desarrollo, sino a terminar con los “enclaves” de la dictadura, que a su juicio generan desigualdad (en sencillo: ella es quien trajo a Chile y pilotea la retroexcavadora).

El corazón del severo conflicto que enfrenta hoy el gobierno es precisamente la disputa de esas dos almas. Para Michelle Bachelet la violencia en La Araucanía no es acción terrorista, en su programa se comprometió a no invocar la ley antiterrorista y el ministro Peñailillo reafirmó esa decisión los primeros días del mandato, en el corazón de La Moneda, para que no quedara duda alguna (mientras en La Araucanía, los abogados de la Intendencia retiraban esa calificación a cinco de las ocho querellas interpuestas por el gobierno de Sebastián Piñera, entre otras la del crimen del matrimonio Luchsinger Macay). Cedió el año pasado, probablemente porque se le hizo ver que la naturaleza de los delitos que allí estaban cometiéndose no admitía eufemismos y exigía rigor, y se le recordó que es Presidenta de todos los chilenos, incluidos los “colonos” del Sur y, por tanto, no podía evadir su responsabilidad de recuperar la paz social y perseguir la violencia.

Pero la semana pasada los hechos colmaron la contención de su alma mater. Una Operación Huracán que el PC acusaba era ilegal; una huelga de hambre, frente a la cual levantaba la voz ese mundo que confunde causas y pone siempre los derechos humanos de ciudadanos imputados por gravísimos delitos por encima del derecho a la justicia de las víctimas; un viaje a Argentina del subsecretario Aleuy, para indagar sobre un posible tráfico de armas y recursos para la acción violentista y coordinar su persecución con el gobierno vecino. Y cortó el queque por el mismo costado que lo ha cortado todos estos años.

La tercera verdad es que Mahmud Aleuy está técnicamente de vacaciones y en la práctica no ejerce ya funciones. Y en el mejor de los casos podría volver, pero con otro estatus político, jamás con la influencia y poder que ejerció hasta ahora. La Presidenta puede intentar disfrazar la realidad hablando de “no situación”, “feriado legal” y “no hay crisis en La Moneda”, pero lo que no puede, ni con su habitual glosario ni de ninguna otra manera, es ocultar la verdad, evidente hasta para el menos experimentado en cuestiones del poder.

En honor a la verdad: cada día puede ser peor.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile

@isabelpla

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

 

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