Lo más interesante es que al parecer es definitivo que el panorama político, tanto en el centro como en la derecha, se reordenará en torno a los polos doctrinales. La UDI y RN han tenido –durante los últimos 30 años– conservadores, liberales y socialcristianos en sus filas, pero parece que ahora cada uno empezará a armar su propio proyecto. Evópoli ha entendido esto muy bien y mira al centro liberal.
Publicado el 28.08.2017
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El lunes pasado a las 23:59 horas venció el plazo para la inscripción de las candidaturas presidenciales y parlamentarias que se realizarán el 19 de noviembre próximo, proceso condimentado con arreglos de última hora y negociaciones en la puerta del Servel.

La derecha llegó bastante ordenada a este proceso tras zanjar, con relativa calma, la esperable disputa entre el novato ambicioso y el veterano ya experimentado. Evópoli, al final de cuentas, logró una gran negociación, y su crecimiento –que ya auspician algunos como extraordinario– se deberá en gran parte al éxito de un gallito que supo con muy poco, lograr mucho. Dieron también la sorpresa al incluir a Luis Larraín (hijo), dentro de su lista, es decir, sumaron un candidato a diputado que ha señalado abiertamente que no votará por el actual candidato presidencial del partido –Sebastián Piñera– y que se plantea en abierta oposición a Chile Vamos.

¿Es raro que Evópoli, un partido con un altísimo nivel de lealtad al ex Presidente, no haya reparado en la posición de Larraín? ¿Por qué “desperdicia” un cupo, negociado con sangre, en un “externo”, que luego no sólo se planteará como independiente dentro del pacto –de los cuales hay varios–, sino que incluso fuera de la coalición?

Muy pronto se vienen a la mente razones electorales: una figura conocida en el activismo social sumará, indudablemente, bastantes votos al candidato principal de Evópoli en dicho distrito (Luciano Cruz-Coke). Además de que Evópoli es, en sí mismo, un partido más abierto a nuevas formas de colaboración y dispuesto a avanzar en las agendas que el ex líder de Iguales ha promovido, y esto, por supuesto, facilita las cosas.

Pero como Cruz-Coke no necesita compañero para salir electo y Evópoli tiene, de seguro,  bastantes militantes deseosos de ser candidatos, es necesario también tener en cuenta que el gesto de ceder el cupo es coincidente con un horizonte que dicho partido se ha propuesto: construir una alianza centro liberal de largo plazo. Por eso es fundamental mantener puentes con Ciudadanos y Amplitud (pacto original de Larraín), únicos que actualmente se plantean desde el centro y fuera de los pactos de derecha o izquierda.

En este sentido, la apuesta es una señal muy potente y una jugada muy hábil. Pero viene a confirmar, por otra parte, lo mal que han sabido leer los partidos tradicionales de derecha a este nuevo conglomerado. La UDI, que a pesar de las advertencias de figuras potentes como Ernesto Silva, se ha mantenido pasiva ante la arremetida que promete seguir socavando sus bases.

Por otra parte, lo más interesante es que al parecer es definitivo que el panorama político, tanto en el centro como en la derecha, se reordenará en torno a los polos doctrinales. La UDI y RN han tenido –durante los últimos 30 años– conservadores, liberales y socialcristianos en sus filas, pero parece que ahora cada uno empezará a armar su propio proyecto. Evópoli ha entendido esto muy bien y mira al centro liberal; José Antonio Kast, por su parte, encarna la renovación conservadora, pero quizás no es tan consciente de la envergadura del proyecto que cae sobre sus hombros; y la vertiente socialcristiana aún no se organiza cabalmente.

Lo seguro es que estos procesos serán más rápidos de lo que parecen y que Evópoli se ha propuesto avivarlos.

 

Antonio Correa, director ejecutivo de IdeaPaís

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO