La pobreza bajó fuertemente entre 2011 y 2013, pero se mantiene la desigualdad, según acaban de confirmar la encuesta Casen y la Cepal. ¿Por qué no fijarse también en qué pasa con la movilidad social?
Publicado el 30.01.2015
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La encuesta Casen que se conoció este sábado 24 y el Panorama Social de América Latina de la Cepal que se difundió este lunes 26, confirmaron que la pobreza disminuyó significativamente en nuestro país en los últimos años. Según el Ministerio de Desarrollo Social, a cargo de la Casen, sólo un 14% de los chilenos se encontraba bajo la línea de la pobreza en 2013, en comparación con el 22% que lo estaba en 2011. La Cepal, que utiliza otra metodología, asegura que sólo el 8% de los chilenos se ubicó bajo la línea de la pobreza en 2013, en comparación con el 11% que lo estaba en 2011.

Es un progreso social extraordinario, que no puede ser menoscabado, especialmente si se compara a Chile con el resto de América Latina, donde, según la Cepal, el 28% de los habitantes es pobre. “¡Pero la desigualdad se mantiene!”, dirán los que sólo se fijan en el vaso medio vacío. Es cierto, y es necesario seguir trabajando para que no existan diferencias que apabullen a los más necesitados, pero debemos aspirar a ser simultáneamente menos desiguales y menos pobres. No podemos igualarnos en la mediocridad.

Además del nivel de pobreza y del coeficiente de Gini que mide la desigualdad, es necesario fijarse en la movilidad social que exhibe nuestro país. En ese sentido, los chilenos parecen reconocer que este es un país que brinda oportunidades y permite salir adelante, según se desprende de la última encuesta del Centro de Estudios Públicos.

Aunque la primera impresión que nos dejó el estudio del CEP parecía muy negativa (el 54% cree que el país está estancado), los encuestados declararon sentirse tremendamente optimistas con respecto al futuro de sus hijos. Por ejemplo, se les preguntó cuáles serían, a su juicio, los ingresos económicos de sus hijos en el futuro, y un contundente 78% respondió que serían mejores. El mismo porcentaje respondió que la situación laboral de sus hijos sería mejor que la de ellos a la misma edad.

Simultáneamente se pidió a los encuestados que se compararan con sus antecesores. Concretamente, se les preguntó: “Comparándose con sus padres a la edad que usted tiene ahora, ¿usted diría que el nivel de ingresos de su hogar es mejor, igual o peor?”. El 56% respondió que su nivel de ingresos es mejor que el de sus padres. Otro 54% respondió que su situación laboral también es mejor. Similares porcentajes se observaron respecto de la vida familiar y la salud. Así, la mayoría de los chilenos piensa que está mejor que sus procreadores, pero confía en que sus hijos tendrán un mayor bienestar económico y una calidad de vida más alta. No parece haber un mayor elogio de la movilidad social que esta convicción.

Es cierto que Chile es un país desigual, pero centrarse exclusivamente en este dato es reduccionista. La proporción de la población bajo la línea de la pobreza y el ratio de movilidad son indicadores complementarios y todos en su conjunto nos permiten saber si en el largo plazo estamos progresando o estancándonos. Y todo indica que estamos avanzando. Según el economista  Claudio Sapelli, Chile está alcanzando niveles de movilidad social propios de un país desarrollado.

Aunque cueste creerlo, Chile tiene una mejor movilidad intergeneracional educacional que Estados Unidos o Italia, por ejemplo, y está al nivel de Suecia en esta materia. Esto quiere decir que la educación de los padres está menos correlacionada con la de los hijos, lo que es una muy buena noticia. Si el nivel educacional de los padres está altamente asociado con el de los hijos, hay poca movilidad social. Si es al revés, hay más. Chile ha progresado significativamente en esta materia, en gran parte gracias a la irrupción de las universidades privadas, que llevó a que los universitarios pasaran de 200 mil a 650 mil en 15 años.

Como en Chile el premio salarial por obtener un título universitario es de 260%, según la OCDE, estamos hablando de un salto que cambia definitivamente la vida de una persona. Por eso, el Presidente Ricardo Lagos destacaba que siete de cada diez chilenos que ahora ingresan a la universidad no tienen ni padres ni abuelos universitarios. Son los primeros con diploma de toda su estirpe. Este es sí que es un triunfo notable para muchos.

 

Ricardo Leiva, Profesor e investigador de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes.

 

 

FOTO: JONAZ GOMEZ/SANTIAGO