El futuro está completamente abierto, y será para los que demuestren más inteligencia, madurez, pero también convicciones y vocación de victoria.
Publicado el 30.05.2015
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Las elecciones de comunidades y de ayuntamientos en España han dejado múltiples interpretaciones y enseñanzas. Más allá de los comentarios propiamente electorales, los porcentajes y candidatos electos, siempre es bueno recordar algunos elementos propios del régimen democrático asociados a estos procesos.

En primer lugar, emerge la alternancia en el poder como un aspecto clave de la democracia, no sólo en el ámbito de los principios sino también en el orden práctico. Así se puede ver en el caso de este domingo 24 de mayo: algunos partidos tradicionales han bajado respecto de su representación de hace algunos años, como son los casos del Partido Popular y del Partido Socialista Obrero Español, mientras aparecen fuerzas nuevas llenas de vitalidad, como Podemos y Ciudadanos, y otros prácticamente desaparecen, como son la Izquierda Unida y UPyD. Es decir, una gran movilidad y cambios de preferencias en los electores de una elección a otra.

En segundo lugar, no es lo mismo “la política” que las políticas públicas, el arte de gobernar que la mera administración, los logros económicos que la percepción de los mismos en la población. Esto afecta en la actualidad, principalmente, al Partido Popular, no sólo porque es el que gobierna en la actualidad en España, en circunstancias especialmente difíciles derivadas de una crisis económica heredada, sino también porque parece que su eje ha sido sacar al país de dicha situación, respondiendo como un excelente alumno, con algunos logros visibles y medibles, pero con escasa capacidad en dos aspectos relevantes. El primero, en el liderazgo político, en la capacidad de transformar las medidas en entusiasmo, los números positivos en adherentes, los logros en votos. Lo segundo es la incapacidad de reaccionar y renovarse dentro de un ambiente político esencialmente mutable y marcado por la originalidad, incluso por la renovación generacional. Es un aspecto que si el PP no toma en serio podría salirle muy caro en el futuro.

En tercer lugar, la política española ha quedado en un complejo punto medio, en un cuidado equilibrio de afectos y de votos que presentan una situación hacia el futuro esencialmente abierta. Parece una elección en la que todos tienen derecho a decir que han ganado: el PP porque es la principal fuerza del país; el PSOE porque detuvo su baja en las elecciones, marcando lo que podría ser un punto de inflexión; Ciudadanos porque se ha transformado en una gran alternativa a pesar de no competir en todo el territorio; Podemos porque se ha levantado con fuerza joven, con ambición y sentido de poder, y respaldo en las grandes ciudades. Pero también todos pierden: el PP porque cae respecto de las elecciones de 2011 y porque apenas 1 de cada 4 españoles apoya al gobierno; el PSOE porque también cae respecto de 2011 y no es percibido como la alternativa que era en los tiempos del bipartidismo; Ciudadanos porque no ha obtenido triunfos propiamente tales que sean de relevancia en comunidades o ayuntamientos; Podemos porque sigue siendo la segunda fuerza de la izquierda, muy lejos todavía de “la casta” que denuncian repetidamente.

En cuarto lugar, una lección para el gobierno y el Partido Popular. No basta con la amenaza que significa el populismo para España en caso de que siga el crecimiento y eventual triunfo de Podemos, pues las campañas del terror son esencialmente limitadas. El PP tiene que ser capaz de generar adhesiones firmes, votos seguros, reencantar a los de siempre y sumar algunos nuevos electores, entusiasmar y no solo retener a sus votantes tradicionales. La política es veleidosa y la gratitud no es la virtud más valorada en ella. Por lo mismo, el gobierno debe lograr que los españoles voten porque “el PP es lo mejor para España” y no solo porque otros aparecen como peores.

En quinto lugar, una lección para Podemos. Los libros de Pablo Iglesias y su acción política son dignos de estudio y en las elecciones ha alcanzado una estatura impensable tiempo atrás. Logra poner temas en el debate, hace que los demás lo tengan como referente, está en la opinión pública más de lo que sus votos representan. Otra cosa será gobernar Barcelona y eventualmente Madrid, acabar con la pobreza y lograr la igualdad que prometen, lograr edificar algo sobre lo que han estado atacando durante tantos meses. Los ojos estarán puestos en ellos, ya no solo como capitanes de la denuncia, sino también como administradores de algunos gobiernos. No se les medirá por las sus promesas sino que por sus logros: menuda tarea les espera.

En sexto lugar, una lección para los socialistas. Han tenido dos gobiernos en la democracia española -de Felipe González y de Rodríguez Zapatero- con éxitos y fracasos, con legitimidad democrática, pero también con importantes deudas por sus errores. Hoy será observado con atención en aquellos municipios y comunidades que debe administrar, también por sus resultados, por sus divisiones, por su capacidad de diálogo y de aprendizaje. Solo así podrá obtener una nueva oportunidad de volver a gobernar España o de perder el liderazgo dentro de la izquierda.

Finalmente, una lección para España. El país vive una hora difícil, compleja, pero no más de lo que ha experimentado en los últimos cuarenta años de construcción democrática. Cuatro partidos tienen una buena representación y ninguno es capaz de gobernar por sí mismo con mayoría absoluta. ¿Qué harán en esta situación? ¿Cuál será el modo de hacer política en esta democracia del siglo XXI? ¿Qué lección han aprendido los dos grandes partidos españoles? ¿Cómo llegarán a las grandes ligas las dos fuerzas políticas emergentes? Hora de pensar, aprender de la historia, ejercer la moderación, ser capaces de más.

Las elecciones han terminado. Es hora de sacar lecciones inteligentes y prepararse para lo que viene. Porque el domingo quedó clara una cosa de cara a las elecciones de diciembre: el futuro está completamente abierto, y será para los que demuestren más inteligencia, madurez, pero también convicciones y vocación de victoria. Ya veremos lo que sucede.

 

Columna de Alejandro San Francisco, Académico PUC y Director de Formación Instituto Res Publica, publicada en El Imparcial de España.

 

 

FOTO: HANS SCOTT /AGENCIAUNO