La visión de los asuntos internacionales de los candidatos y candidatas nos ayudan a valorar la solidez de sus conocimientos y la racionalidad de sus propuestas. Y a votar en consecuencia este domingo.
Publicado el 17.11.2017
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Uno de los aspectos novedosos de la campaña presidencial ha sido la aparición de referencias, comentarios, ejemplos y comparaciones sobre determinadas situaciones internacionales, utilizados por los candidatos para marcar las diferencias entre sus respectivos planteamientos políticos. Es justo reconocer el valor que ha tenido el “factor internacional” para ayudar a los electores a formarse una opinión más informada de lo que cada candidato representa. Así, por ejemplo, un candidato ha transmitido su opinión tajante, sosteniendo que en Corea del Norte impera un sistema de gobierno plenamente democrático que debiera servirnos de ejemplo. Otra postulante a La Moneda no trepidó en declarar que el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela “no es una dictadura”, opinión compartida al menos por otros dos aspirantes presidenciales.

La dramática situación de Venezuela ha servido para conocer lo que cada candidato entiende por democracia y dictadura, definición que de por sí ha servido como una “prueba de la blancura” respecto de lo que se estima aceptable o condenable, como sistema político. Pero también da luces respecto de lo que se puede esperar de los procesos que parten por una refundación, por medio de una Asamblea Constituyente, pues coincidentemente, los mismos que se resisten a reconocer los atropellos a los derechos humanos cometidos por el chavismo y el desdén de ese régimen por la vigencia de los principios fundamentales de un sistema democrático, son los más entusiastas impulsores de las asambleas constituyentes.

Elaborar propuestas “imaginativas” para introducir cambios drásticos en las complejas relaciones vecinales es otra de las actividades favoritas de los candidatos “progresistas”. Convencidos de que nadie como ellos ha dedicado suficiente tiempo, esfuerzo ni talento a temas que a su juicio son fáciles de resolver, son pródigos en ofertas y dádivas a los vecinos, generalmente medidas en kilómetros cuadrados de territorio continental o marítimo, como prueba de amistad y solidaridad internacionales.

Tampoco se quedan atrás las propuestas que, en el terreno comercial, se orientan a revolucionar el intercambio de bienes y servicios, sin tener en consideración medida alguna basada en la racionalidad con la cual operan los agentes económicos. La revisión de todos los acuerdos de libre comercio suscritos por Chile fue “el punto de partida” de las reformas propuestas por un candidato en ese ámbito.

No menos memorable fue la novedosa definición que hiciera un candidato sobre una de las principales amenazas que enfrenta la comunidad internacional: el terrorismo, forma violenta de lucha política, que, de acuerdo a su particular interpretación, sólo pueden llevarla a cabo… “los agentes del Estado” (!).

Los pocos ejemplos que mencionamos dan cuenta de cómo la visión de los asuntos internacionales de los candidatos y candidatas nos ayudan a valorar la solidez de sus conocimientos y la racionalidad de sus propuestas. Y a votar en consecuencia este domingo.

 

Jorge Canelas, cientista político, director de CEPERI