El tiempo se agota y analizar las posibilidades desde la balanza del egoísmo sería un error. No es novedad que la clave para hacer frente a la crisis multifactorial venezolana radica en que la oposición de una vez por todas rechace la división y genere consensos internos. ¿Cuánto esperarán para que esto suceda? O, dicho de otra forma, ¿qué están esperando?
Publicado el 12.02.2018
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Es oficial: las elecciones presidenciales en Venezuela serán el próximo 22 de abril. La apresurada decisión de Nicolás Maduro y del oficialismo se toma en un contexto proclive a cometer errores irreparables para la nación: crisis económica desbordante, deterioro institucional y crisis humanitaria. Todo esto ha llevado a crecientes presiones extranjeras. La realidad política tampoco ayuda; y ahora el intento de diálogo entre la oposición y el gobierno nuevamente se encuentra suspendido de manera indefinida.

En este contexto se acercan las elecciones. De cara a esta instancia —que podría tener carácter decisivo— el oficialismo presentó su eslogan oficial: “Juntos podemos más”. ¿Y qué pasa con la oposición? La oposición aún no resuelve si sumarse o no al proceso electoral, ya que, según este sector, resulta evidente que no se tratará precisamente de elecciones libres, sino más bien irregulares y fraudulentas como ha sido denunciado en diversas instancias.

Siendo éste el panorama, cabe preguntarse: ¿conviene participar o abstenerse? Esta ha sido la disyuntiva permanente de la oposición desde que Hugo Chávez ganara su primera elección en 1998. Desde entonces han transcurrido casi dos décadas y en ellas, curiosamente, el oficialismo ha sido casi siempre el vencedor en los comicios que ha participado. Al respecto, el presidente de la encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León, señala que el mayor riesgo que corre la oposición en este momento es no aunar opiniones que le permitan actuar como un bloque: “Puede que la oposición convoque a la abstención y de todas maneras haya candidatos opositores, con lo que se fracture ese sector, y entonces no ganen ni el que participa ni el que no participa. El que participa no gana porque no votan todos, y el que se abstiene no logra mantener el mensaje, porque hay votación. Ese sería el peor de todos los escenarios para la oposición”.

La incertidumbre y la confusión colectiva siguen ganando terreno. La descomposición institucional no se detiene y los chavistas se aferran al poder como si en ello se les fuera la vida. La adecuada convivencia democrática no pasa de ser una utopía, y mientras se “dialoga”, la gente sigue muriendo por hambre y por falta de medicamentos.

El escenario es adverso por donde se lo mire. El chavismo ha llevado al país al extremo y a estas alturas una nueva elección resulta insultante ya que, al margen de la retórica de “la salvación de la patria”, está claro que los comicios de abril serán un fraude más en la lista de artimañas del chavismo.

Parece inverosímil que, en una época post ideológica en que se dio por superada la era de las dictaduras que caracterizaron a la región en la década de 1970, nos encontremos frente a la grave erosión democrática venezolana. Esto requiere una observación inteligente, pero también de acciones implacables para evitar las consecuencias más funestas de esta realidad.

El tiempo se agota y analizar las posibilidades desde la balanza del egoísmo sería un error. No es novedad que la clave para hacer frente a la crisis multifactorial venezolana radica en que la oposición de una vez por todas rechace la división y genere consensos internos. ¿Cuánto esperarán para que esto suceda? O, dicho de otra forma, ¿qué están esperando?

Insistir en derroteros que están condenados a morir, como el “diálogo”, es una pérdida de tiempo. Se debe abandonar la inacción y obviar, aunque sea por esta vez, las diferencias y las luchas de egos. Urge restaurar la arquitectura política de la oposición, ya que la espera literalmente es agónica.

Venezuela no tolerará un nuevo golpe, ni mucho menos uno que lleve a Nicolás Maduro a perpetuarse en el poder. Queda una bala. Que dispare la oposición o, sin dilación alguna, el chavismo dará el tiro de gracia.

 

Natalia Farías, investigadora Centro de Estudios Bicentenario