El país no solo elegirá a la persona que liderará los destinos de nuestra nación por los próximos cuatro años. Lo que estará en juego es continuar con la senda que hemos tomado estos tres años, graficada en la frase presidencial “cada día puede ser peor”, o bien ponernos a la altura que corresponde a la riqueza de nuestro territorio y la calidad de su gente.
Publicado el 14.12.2016
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La carrera presidencial 2017 ya está desatada. Los precandidatos poco a poco van tomando posición en temas como inmigración, aborto o la situación penitenciaria de ciertos reos, y las encuestas se toman los titulares de los principales medios de comunicación. Los candidatos proclamados, autoproclamados o que lo están pensando son más de 20.

Este proceso se da en un clima político ciertamente complejo: existe una marcada crisis de confianza ciudadana en la actividad política, con un Gobierno que se ha mostrado incapaz de llevar el ritmo de la agenda y que se ha desconectado mucho de las principales preocupaciones de los chilenos. A esto se suma el deterioro de la actividad económica, todo lo cual marca el punto de partida de cualquier discusión presidencial hacia adelante.

Al mismo tiempo, los partidos políticos no cuentan con abanderados bien posicionados en las encuestas, y se encuentran frente a la disyuntiva de apoyar a un candidato de otra tienda (con el riesgo que ello supone en la elección parlamentaria) o bien intentar levantar una opción propia, con la posibilidad cierta de obtener un mal resultado y un debilitamiento de su posición negociadora.

Sin embargo, la cuestión se simplifica al considerar la pregunta de fondo que encierran los comicios presidenciales: si el próximo gobierno será de continuidad o de transformación y cambio.

Frente a esa pregunta, la izquierda se inclina por un gobierno de continuidad de la obra de Michelle Bachelet. Haciendo caso omiso al amplio y transversal rechazo que las reformas de la Presidenta tienen en todo el país, el senador Alejandro Guillier se mostró partidario de continuar por la senda de sus reformas ideológicas, que tanto daño le han hecho a Chile. El ex Presidente Ricardo Lagos no ha querido ser menos, y en vez de asumir el rol de estadista que algunos le atribuyen, ha preferido seguir los cantos de sirena que levanta la “voz de la calle”, de modo que parece más preocupado de congraciarse con las voces más extremas de la izquierda que de asumir posiciones responsables y razonables, de cara a la ciudadanía.

En la centroderecha no puede haber dos lecturas. Si Chile Vamos quiere ganar las próximas elecciones -pero sobre todo, servir a Chile, que es su razón de ser-, debe levantar una agenda que enmiende el rumbo asumido por la izquierda. No bastan declaraciones bien intencionadas. Si fuera por ello, ¡hasta la izquierda dice preocuparse por el crecimiento económico, el respeto al Estado de derecho o la “justicia social”!

Es necesario levantar un proyecto político de cara al futuro, que proyecte el desarrollo político y económico para las próximas décadas, que procure un verdadero progreso social y mejore la calidad de vida de todos nuestros compatriotas, así como de quienes han venido de otras partes a buscar oportunidades en Chile. Se deben proponer medidas concretas que pongan a nuestro país nuevamente en el camino del progreso.

En materia económica, debemos discutir seriamente un paquete de fomento del crecimiento, que contemple alivios tributarios, así como incentivos para volver a atraer la inversión extranjera; en materia social, se debe reorientar el gasto público, priorizando al más de millón de personas que se encuentran bajo la línea de la pobreza y a las miles de familias que aún viven en campamentos. En materia de burocracia, hay que poner fin a la cultura del clientelismo político, que contrata a operadores con sueldos altos y trabajo de escasa relevancia, con cargo a todos los chilenos. El tamaño del Estado debe ser reducido allí donde el socialismo lo ha hecho crecer innecesariamente. Las regiones deben ser apoyadas, no con cargos decorativos, sino con atribuciones y responsabilidades, de manera tal que sean protagonistas de su propio desarrollo. La familia debe estar en el centro de la política social, lo que debe manifestarse en una legislación adecuada, una política habitacional que permita el desenvolvimiento de hogares fuertes y que contribuya a la solución de miles de casos de pensión de alimentos y abandono familiar.

En 2017 el país no solo elegirá a la persona que liderará los destinos de nuestra nación por los próximos cuatro años. Lo que estará en juego es continuar con la senda que hemos tomado estos tres años, graficada en la frase presidencial “cada día puede ser peor”, o bien ponernos a la altura que corresponde a la riqueza de nuestro territorio y la calidad de su gente: el camino de desarrollo y el progreso social, hacia el cual la centroderecha debe levantar su propuesta para Chile.

 

Julio Isamit, coordinador general Republicanos

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

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