Ser ciudadanos no sólo significa votar por un candidato. También implica, entre muchas cosas, cuidar la democracia y fortalecerla. Partamos por la vigilancia: estamos a sólo un click.
Publicado el 16.04.2016
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El pánico ha cundido y alcanzado todas las esferas del país. A los escándalos que hemos conocido -en apenas un par de años- que involucran a empresarios y políticos, se han sumado los famosos Panama Papers. Lo que faltaba, la guinda de la torta. Nada más patético que el presidente de Chile Transparente tuviera que abandonar su cargo. ¿Es posible tolerar más noticias de personajes involucrados en todo tipo de situaciones, al menos reprochables éticamente? Yo creo que los chilenos alcanzamos una cuota de saturación importante y eso representa un riesgo grande: que empiecen a surgir expresiones de rabia colectiva. Sólo basta observar cómo el Primer Ministro de Islandia tuvo que renunciar a pocas horas de conocerse sus negocios offshore producto de las protestas ciudadanas en su contra.

Pero todo lo que está ocurriendo en Chile -y el mundo- es una muy buena noticia para nuestra sociedad. Aunque tenemos ley de transparencia desde 2008, pareciera que recién en los últimos años los chilenos nos dimos cuenta que contábamos con esta herramienta de vigilancia y control de la función pública. La prensa, qué duda cabe, ha cumplido un rol fundamental para hacer valer este derecho: la mayoría de los últimos casos los hemos conocido gracias a su labor investigativa. Aunque algunos senadores tenían la intención de penar con cárcel las filtraciones de las investigaciones judiciales –por suerte primó la cordura y se excluyó al menos a los medios de comunicación- pareciera que nuestra elite no ha tomado conciencia que no se necesita tener un conocido que entregue un dato para descubrir las sociedades a las que pertenecen, los negocios que realizan con el Estado o las reuniones de lobby que sostienen para promover una iniciativa o proyecto. Basta con un simple click y usted, un periodista o yo podemos asumir ese rol de fiscalizadores. Así de simple… así de peligroso para algunos.

Corren buenos vientos para nuestro país. Mientras más transparentes seamos todos, mejor convivencia tendremos. Mientras más transparentes, mejor política y empresas tendremos. Es hora de perder el miedo a los síntomas de “inestabilidad” o crisis que algunos pregonan por conocer la verdad, aunque duela o indigne. Esta es una prueba de madurez de la sociedad y también un momento de enfrentar la caída de algunos mitos alimentados por décadas que ya habían pasado a ser parte de nuestra propia identidad: creer que éramos un país extremadamente correcto, incorruptible. Ese orgullo algo delirante que hacía que nos jactáramos frente a otros países y culturas de nuestra probidad a toda prueba: “a un policía argentino lo compras con un par de dólares”, “en Chile una licitación es una licitación, no como en Perú o Bolivia”, etc.

Así como es bueno asumir los rasgos o características de los cuales uno no tenía conciencia (pero que una buena terapia psicológica logró sacar a flote) es positivo para una nación enfrentarse a su realidad. Chile ha cambiado mucho en poco tiempo y creo que nos estamos recién dando cuenta.

Longueira, Compagnon, Novoa, Délano, Karadima, Wagner, Martelli, Dávalos, Ponce Lerou, las colusiones de todo tipo, los SQM, y una larga lista; han sido nuestra verdadera terapia. Nuestros focos de alerta frente a la ambición desmedida, el poder descarnado, la competencia sin límites, el uso de artimañas y recursos al borde de la legalidad, pero no de la legitimidad. Una terapia obligatoria, necesaria. Es hora de la reflexión, de la puesta en duda de todo lo que fue “políticamente correcto” hace 50, 20, 10 y 5 años atrás y hoy no. Creo que empezarán, por fin, a terminarse los Ominami que salen orgullosos a pregonar que fueron absueltos por la poca honrosa “prescripción” o el mal argumento de que “todos los hacíamos”. También aquellos que encubrían sacerdotes abusadores.

Chile está cambiando a pasos agigantados. Todos somos protagonistas y también responsables de conducir adecuadamente este proceso. Ser ciudadanos no sólo significa votar por un candidato. También implica, entre muchas cosas, cuidar la democracia y fortalecerla. Partamos por la vigilancia: estamos a sólo un click.

 

Germán Silva Cuadra, Director del Centro de Estudios y Análisis de la Comunicación Estratégica (CEACE), Universidad Mayor.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO