Los consumidores estamos más atentos, más castigadores y más exigentes. Ya no sólo es un buen producto lo que buscamos, sino el comportamiento y ética de la empresa a la que entrego mi poder de compra.
Publicado el 14.02.2016
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El año pasado se descubrieron, más que nunca, casos de malas prácticas a nivel empresarial. Si bien cada “destape” ha provocado verdaderos escándalos en sus respectivas industrias, es claro que hoy existe mayor conciencia sobre estos temas, algo sin duda positivo. Debemos ser conscientes de que casi nada de lo que se descubrió en 2015 se seguía haciendo: eran hechos pasados.

Este año, los chilenos abrimos los ojos ante la realidad en la que vivía el país, lo que ha impulsado una actitud más alerta y consciente de que no necesariamente todos los actores públicos actúan bien y dentro del marco legal o ético.

Sin duda, con estos casos se vieron afectados distintos actores del mercado y también las industrias en general, pero hay varias lecciones de las que aprender.

A nivel de directorios, hoy se habla mucho más abiertamente sobre los temas de compliance, controles, y buenas prácticas. Son todos sus integrantes conscientes de que son responsables como un todo, e individualmente de las decisiones que se tomen o no se tomen en las empresas.

En el caso de estas últimas, se ha comenzado a entender el concepto de compañía más allá de un edificio, sino como un conjunto de acciones que toman las personas que trabajan en ella, incluyendo su directorio. Es decir, que una “firma” es capaz de tomar decisiones que también perjudican al mercado y que afectan directamente la libre competencia.

Asimismo, ejecutivos y trabajadores están mucho más empoderados. Si antes la instrucción de un jefe era ley, hoy es diferente, ya que son mucho más cuestionadores de las decisiones. Ya no están dispuestos a pagar con su capital las malas decisiones, o incluso a ir presos por cometer malas prácticas que benefician a la empresa en el corto plazo, pero que saben, los perjudicarán a ellos a la larga.

Finalmente, los consumidores estamos más atentos, más castigadores y más exigentes. Ya no sólo es un buen producto lo que buscamos, sino el comportamiento y ética de la empresa a la que entrego mi poder de compra.

Aun así, sigue siendo esencial seguir analizando y estudiando cómo evitar que casos de colusión vuelvan a ocurrir, y ahí juegan un rol especial todos los stakeholders, la sociedad y, por supuesto, la misma empresa, estableciendo los controles adecuados para que las malas prácticas no ocurran.

 

Susana Sierra, Co-Directora del Diplomado Compliance y buenas prácticas corporativas de la PUC, socia BH Compliance.

 

 

FOTO : FRANCISCO SAAVEDRA/AGENCIAUNO