Con la muerte de Castro la Presidenta Bachelet ha vuelto a revivir ese 9 de noviembre de 1989, cuando cayó el Muro de Berlín y ella miraba el derrumbe desde un lado, mientras prácticamente toda la Concertación lo hacía desde el otro. El tweet parece el lamento de alguien que también murió un poco en la madrugada del sábado y que probablemente espera resignada la hora en que el capitalismo entre en gloria y majestad a La Habana.
Publicado el 28.11.2016
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“Mis condolencias al Presidente Raúl Castro por la muerte de Fidel, un líder por la dignidad y la justicia social en Cuba y América Latina”.

Así manifestó la Presidenta Bachelet sus sentimientos por la muerte de Fidel Castro, resumiendo en una frase breve y precisa, su opinión sobre el dictador cubano: “Un líder por la dignidad y la justicia social”.

A nuestra Presidenta se le pueden hacer muchas críticas en cuanto política y gobernante, pero hay un cargo que no sería justo formularle: el de esconder su pensamiento. Una y otra vez, en cada circunstancia en que se ha presentado la ocasión, ha mostrado las convicciones que la animan hasta la médula de sus huesos. Esto me provoca hacer dos tipos de reflexiones: una formal, en relación con su manera de comportarse en el espacio público; la otra es sustantiva, tiene que ver con el contenido de esas convicciones.

Vamos por la primera. Supongo que todos hemos escuchado eso de que el senador Alejandro Guillier es la Presidenta, pero con pantalones. Este tweet demuestra por qué eso no es así y por qué decirlo es hacer un juicio injusto respecto de la Presidenta. Ella tiene una historia y, aunque como decía Hayek, el sufrimiento no confiere mérito moral, es innegable que tanto ella como su familia han pagado un precio alto por seguir sus convicciones: su padre murió preso, ella misma pasó por Villa Grimaldi, junto a su madre, vivió el exilio y, a su regreso, ha estado dispuesta a ser tanto un “soldado” de su causa, como su líder principal.

¿Se puede decir lo mismo del senador y precandidato presidencial? No, no se puede. Él mismo se ha encargado de destacar que no ha dedicado su vida a la defensa de ningún tipo de convicciones, él viene de fuera de la política, la suya es una oferta ciudadana, su historia es la de un “rostro”. En su pasado no hay exilio, no hay padres presos, no hay muertes en la cárcel, no hay candidaturas fracasadas.

Alguien podría decir que para defender las convicciones no es necesario estar en la política; es verdad, salvo que se trate de defender las convicciones políticas, porque esas sólo se defienden honestamente en esa cancha. Distinto es que uno pueda hacerlo desde posiciones diversas: como autoridad, como candidato, como dirigente partidario, como columnista, como intelectual. Ni Rawls, ni Popper, ni W. Buckley, ni Gore Vidal estaban fuera de la política, porque se paraban honestamente, cada uno desde la tribuna que ocupaba, para defender explícitamente sus convicciones políticas.

No, el senador Guillier no es la Presidenta Bachelet con pantalones. Si los comparamos, la analogía es demasiado generosa con él y abusivamente mezquina con ella.

Vamos ahora al fondo. El tweet es extraordinario, porque permite comprender todas las razones del fracaso de este gobierno y de la coalición que lo sustenta. Lo que la Presidenta nos expresa es que una dictadura comunista, representativa del llamado socialismo real, es una forma idónea de luchar por la dignidad y la justicia social; que la revolución del proletariado es un camino valioso, que en la imposición violenta que suprime la disidencia relegándola a las mazmorras, cuando no al fusilamiento, hay una forma de liderazgo político.

Todo eso lo entiendo, el problema es que, salvo el Partido Comunista y alguno que otro dirigente menor, no queda nadie en su coalición que piense eso. Los que lo creen están, en su inmensa mayoría, en alguna forma de oposición a su administración, pero desde la izquierda. Y no se trata de una discrepancia estética o literaria, no estamos hablando de dirimir la predilección entre Flaubert y Balzac, estamos hablando del núcleo y lo más profundo de su pensamiento.

Lo que este tweet hace evidente es la inviabilidad de este gobierno, cuyo principal motivo se puede resumir en que las convicciones ideológicas de la Presidenta representan más a sus opositores de izquierda que a sus partidarios. La contradicción con la DC, las diferencias de lenguaje con los principales dirigentes de sus partidos en relación con Castro, explican en buena medida su creciente aislamiento, así como su decisión de estructurar un Gabinete sin escuchar a sus partidos.

Creo que, en el fondo, con la muerte de Castro la Presidenta ha vuelto a revivir ese 9 de noviembre de 1989, cuando cayó el Muro de Berlín y ella miraba el derrumbe desde un lado, mientras prácticamente toda la Concertación lo hacía desde el otro. El tweet parece el lamento de alguien que también murió un poco en la madrugada del sábado y que probablemente espera resignada la hora en que el capitalismo entre en gloria y majestad a La Habana, como lo hizo en Berlín hace poco más de un par de décadas.

Definitivamente hay mucho más de 140 caracteres en este tweet.

 

Gonzalo Cordero, #ForoLíbero

 

 

Foto: PABLO ROJAS MADARIAGA/AGENCIAUNO

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