No se descarta que ante un escenario de segunda vuelta nacionalizado, donde se pone en juego el respaldo a Macri como candidato a Presidente para vencer al kirchnerismo, varios votantes de Lousteau reconsideren su voto.
Publicado el 09.07.2015
Comparte:

Los comicios del domingo en Buenos Aires reflejan la volatilidad de un electorado crítico que anticipa procesos nacionales: en los 90, tras respaldar la gestión peronista conservadora de Carlos Menem, se inclinó por los líderes de una coalición de centroizquierda, Fernando de la Rúa y Carlos “Chacho” Alvarez, que terminaron liderando el recambio en el gobierno. De todos modos, en la Argentina el juego está abierto y nadie tiene asegurado el triunfo en las elecciones presidenciales.

Hace 12 años, cuando nació PRO, el partido de Macri, el votante mediano al que se debía conquistar era de centroizquierda, progresista y radical. Macri conformó una coalición ganadora alternativa combinando sectores bajos del peronismo, liberales de la Ucedé y conservadores de la UCR tradicional. Sin expresarse en términos ideológicos, Macri apela a la identificación de los votantes con su persona: siendo un empresario joven, ganó popularidad por su excelente gestión al frente del club de fútbol Boca Juniors. A esta combinación sumó un sector progresista radical encarnado en Gabriela Michetti.

En 2007, la fórmula Macri-Michetti ganó la Ciudad y en 2011 Macri fue reelecto. En ambas oportunidades el PRO no pudo ganar en primera vuelta y debió enfrentar al kirchnerismo en un ballotage. Hoy el reconocimiento de la administración de la Ciudad posicionó a Macri como el principal opositor capaz de ganarle al candidato presidencial kirchnerista, el gobernador bonaerense Daniel Scioli. Ante este escenario polarizado cobran relevancia los resultados del domingo, que habían sido anticipados en las encuestas: 46 puntos para el delfín de Macri, Horacio Rodríguez Larreta, y en segundo lugar, a 20 puntos, Martín Lousteau. Poco más atrás el kirchnerista Mariano Recalde.

No hay que extrapolar este resultado a nivel nacional: Larreta y Lousteau, que competirán en segunda vuelta, comparten un mismo frente, “Cambiemos”, para enfrentar al kirchnerismo por la Presidencia. Sumados ambos, el voto anti-K ronda el 70% en la Capital Federal. Sin embargo, Lousteau considera que puede remontar 20 puntos porque el 54% no votó al candidato de PRO. De ser tan lineal, el 60% que apoya la gestión municipal de Macri lo habría respaldado también el domingo dando Rodriguez Larreta los votos para ganar en primera vuelta. Incluso, con la misma lógica, el voto antikirchnerista habría rechazado a Lousteau, por haber sido ministro de Economía de Cristina Kirchner durante una de las mayores crisis que tuvo el gobierno nacional con el agro.

Por el contrario, Lousteau encarnó las aspiraciones del progresismo de clase media intelectual de la Ciudad de Buenos Aires y logró sumar a ese espacio cuatro legisladores además de la ilusión de llegar al gobierno. En efecto, si se observa la distribución geográfica del voto por Lousteau, está particularmente concentrado en los barrios del Centro-Oeste de clase media que tradicionalmente respaldaron candidatos de centroizquierda. Pero no se descarta que ante un escenario de segunda vuelta nacionalizado, donde se pone en juego el respaldo a Macri como candidato a Presidente para vencer al kirchnerismo, varios votantes de Lousteau reconsideren su voto. A esto podría sumarse una minoría de votantes de Recalde, de sectores populares del sur porteño, que podrían preferir a Rodríguez Larreta por sobre Lousteau debido a la popularidad de Macri. De haber entrado el candidato kirchnerista en la segunda vuelta, el escenario sería sin duda más favorable a Rodríguez Larreta debido al fuerte enfrentamiento del electorado porteño con el kirchnerismo.

Difícilmente Lousteau pueda descontar los 20 puntos que lo distanciaron del resultado obtenido por el PRO y muchos consideran que dos semanas extra de campaña en la Ciudad distraen la atención del objetivo central que es ganar la elección nacional. Las primarias presidenciales serán en apenas un mes, el 9 de agosto próximo. Varios incluso ven este ejercicio como un desgaste innecesario para la principal figura de Cambiemos y de toda la oposición para vencer al kirchnerismo. Pero esto no parece haber convencido al ex ministro de Cristina Kirchner que considera que ésta es su oportunidad para posicionarse como alternativa a la hegemonía del PRO en la Ciudad.

 

Marina Carbajal, Lic. Estudios Internacionales y M.A. Political Economy y Electoral Behavior.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO