Peña Nieto debe entender que la elección presidencial de noviembre próximo ha demostrado tener una dinámica propia, que hace difícil compararla con comicios previos. Que tanto Trump como Hillary están literalmente peleando por cada voto. Y que cualquier cosa que digan o hagan genera inmediatas reacciones en el electorado, casi como las ondas que deja una piedra al caer al agua.
Publicado el 10.09.2016
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Todo indica que la suerte ha sido esquiva con el Presidente Enrique Peña Nieto, quien no salió bien parado de la invitación que extendió a los dos candidatos presidenciales estadounidenses para que se reunieran con él en México.

Donald Trump se apresuró en aceptar. Un hombre que desde que inició su carrera por llegar a la Casa Blanca no ha escatimado en adjetivos ofensivos ni insultos directos hacia México y sus habitantes. Todo comenzó en junio del año pasado, al anunciar su postulación, oportunidad en que calificó a los inmigrantes mexicanos de “violadores” y “criminales”. Posteriormente los acusó de llevar a Estados Unidos “enfermedades contagiosas” y afirmó que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte es “el peor de la historia”.

No contento con eso, cuando El Chapo Guzmán concretó su cinematográfica fuga de prisión, Trump se burló de México aludiendo a su “increíble corrupción”. Y cuando Jorge Ramos, destacado periodista mexicano de la cadena Univisión, le preguntó durante una conferencia de prensa cómo pretendía expulsar a 11 millones de indocumentados del país, Trump simplemente ordenó que lo sacaran de la sala.

Todo esto, sin mencionar su delirante idea de construir un muro fronterizo de al menos 2.000 kilómetros de largo y que además México pague su costo total, lo que según sus propias estimaciones, debiera ascender a unos US$ 8.000 millones.

La invitación del Mandatario mexicano a Trump generó gran desconcierto y molestia. Y solo se podría interpretar como un esfuerzo de parte de su gobierno para acercar posiciones y refutar públicamente todos sus dichos sobre México. Sin embargo, Peña Nieto dejó pasar el momento, porque Trump no solo no se disculpó, sino que insistió en la construcción del muro. Y cuando en la tarde de ese mismo día participó en un acto republicano en Phoenix (Arizona), reafirmó su convicción al insistir en que “México va a pagar por el muro”, aunque “todavía no lo saben”.

Además, la polémica visita del candidato republicano le costó el cargo al ministro de Hacienda, Luis Videgaray —uno de los hombres más cercanos al Mandatario mexicano—, quien fue el responsable de articular el encuentro entre Trump y Peña Nieto.

Hillary Clinton, la candidata demócrata, rechazó la invitación del Presidente mexicano, argumentando que de ahora en adelante necesita enfocarse en la economía de Estados Unidos. “Seguiré centrándome en lo que estamos haciendo para crear empleo en casa, en lo que estamos haciendo para asegurarnos de que los americanos tengan las mejores oportunidades en el futuro”, afirmó.

Asimismo, Clinton aseguró que Trump creó “un incidente diplomático” con su visita de la semana pasada y que él “salió (de la reunión con Peña Nieto) diciendo una cosa y el Presidente mexicano le contradijo casi inmediatamente”.

Con una frontera común de 3.141 kilómetros y un intercambio comercial de US$ 500.000 millones al año, Estados Unidos y México representan el punto de contacto entre dos herencias muy diferentes: la anglosajona y la española. Pero a pesar de ello, ambos países no solo comparten intereses, sino también una historia.

La secesión de Texas a manos de los colonos estadounidenses liderados por Sam Houston (1836) fue el episodio que marcó un profundo quiebre entre Washington y Ciudad de México. Y que se agravó años después, cuando el Presidente James K. Polk, tras anexar Texas, ofreció comprar los territorios mexicanos que le permitieran extender EE.UU. hasta el Pacífico.

La negativa mexicana se tradujo en el inicio de una guerra devastadora (1846-1848) que acabó con la capitulación de México, país que perdió el 50% de su territorio a manos de EE.UU. Y cuando se negoció la paz, no faltaron las voces que en Washington defendieron la idea de aprovechar ese triunfo para anexar todo el territorio de su vecino, haciendo desaparecer a México como país independiente.

A pesar de esa cicatriz histórica, estos dos países han construido una relación de mutuo beneficio y respeto, desde lo político y comercial hasta lo cultural. Por eso es importante que el próximo inquilino de la Casa Blanca tenga presente la importancia de esta relación bilateral.

Asimismo, Peña Nieto debe entender que la elección presidencial de noviembre próximo ha demostrado tener una dinámica propia, que hace difícil compararla con comicios previos. Que tanto Trump como Hillary están literalmente peleando por cada voto. Y que cualquier cosa que digan o hagan genera inmediatas reacciones en el electorado, casi como las ondas que deja una piedra al caer al agua.

Sin duda, la invitación de Peña Nieto a Trump fue un error que —entre otras cosas— puso al candidato republicano a la misma altura que el Mandatario mexicano. Y el rechazo de Clinton ahora lo ha dejado sin poder equilibrar el episodio con el candidato republicano.

Ahora al Mandatario mexicano solo le queda esperar el resultado del próximo 8 de noviembre, confiando que el electorado estadounidense tomará una decisión sensata. Porque el futuro se construye hoy a través de puentes de integración y cooperación, y no levantando muros.

 

Alberto Rojas M., Director Observatorio de Asuntos Internacionales Universidad Finis Terrae.

 

 

 

FOTO: DAVID VON BLOHN/AGENCIAUNO.