Los medios de comunicación extranjeros han dado amplia cobertura a los casos Penta, Caval y Soquimich y, por ello, como nunca antes en democracia, el volumen de noticias negativas sobre Chile supera ampliamente al de noticias positivas.
Publicado el 20.04.2015
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“El tesoro más valioso que puede acapararse en la vida es la reputación inmaculada; cuando ella se ha perdido solo quedan el lodo y el oropel”. Así se refiere Shakespeare en su obra Ricardo II a esa virtud tan preciada, tal vez por esquiva y vulnerable, que es la reputación, la capacidad de generar un juicio positivo en los otros.

Parece un lugar común repetirlo, pero la reputación es difícil de construir, laboriosa de mantener, fácil de perder y casi imposible de recuperar.

Es difícil pensar en otra época en que la reputación de los personajes públicos nacionales haya estado tan en entredicho: la sola insinuación de que algún político, empresario o funcionario se encuentra involucrado directa o indirectamente en algún escándalo lleva a la lapidación pública. La presunción apunta siempre a la culpabilidad.

No solo las personas se preocupan hoy por cuidar su reputación. Las empresas, las ONG, las universidades y hasta los líderes espirituales bregan también por comunicarse satisfactoriamente con sus distintos grupos de interés, para mejorar la percepción de sus fieles y controlar, dentro de lo posible, los ataques de los trolls o duendes que se dedican a incordiar en las redes sociales.

Hasta los países compiten hoy por generar “buena onda” o goodwill. El turismo y las inversiones extranjeras dependen en buena medida de la mejor o peor imagen que pueda exhibir una nación con respecto a otras de características similares. Si un país solo es conocido por la alta tasa de crímenes, la inflación descontrolada o la recurrencia de ataques terroristas, difícilmente será visitado por turistas e inversores foráneos.

¿Y cómo se enteran los extranjeros de lo que está ocurriendo en un país lejano? Unos pocos tienen la posibilidad de viajar y ver con sus propios ojos lo que sucede en otros sitios. La gran mayoría, en cambio, se informa leyendo la prensa.

Desde que recuperó la democracia, Chile tenía muy buena reputación en la prensa extranjera de calidad. Sobre nuestro país se decía en los periódicos más influyentes y leídos del mundo que crecíamos económicamente, teníamos buenos vinos y nos integrábamos comercialmente con Estados Unidos, China y Europa. También se cubrían los terremotos o los procesos contra militares involucrados en violaciones a los derechos humanos, pero en general se hablaba bien de nosotros. En promedio, entre 1990 y 2014, el 32% de las noticias sobre Chile en los cinco periódicos más influyentes del planeta fueron positivas, en comparación con el 25% que fueron negativas.

En el primer trimestre de 2015, sin embargo, debido a la inédita confluencia de incendios forestales, inundaciones, terremotos en el norte y escándalos como los de Caval, Penta y SQM, se han publicado más noticias negativas que positivas sobre Chile. Según un estudio que realizamos en la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes para medir la reputación de Chile en el extranjero, durante el primer trimestre de este año el porcentaje de noticias negativas sobre nuestro país en 10 periódicos extranjeros influyentes, entre ellos The Wall Street Journal, Financial Times, The New York Times, The Economist y El País de España, escaló hasta el 36% del total.

Los medios extranjeros han dado amplia cobertura a los casos Penta, Caval y SQM, y han destacado que la corrupción ya empieza a campear también en Chile. Debido a que en nuestra investigación solo se consideraron las noticias publicadas en el extranjero entre el 1 de enero y el 31 de marzo recién pasados, no se contabilizaron otras que aparecieron después y que han sido muy comentadas, como aquella del New York Times titulada “Chile se une a otras naciones latinoamericanas sacudidas por escándalos” (9 de abril).

Como los casos Penta, Caval y SQM tienen para rato, todo indica que en las próximas semanas las noticias negativas sobre Chile seguirán incrementándose. De no existir un brusco giro en la conducción política de esta crisis, resultará difícil impedir que Chile siga dilapidando el tesoro que acumuló por 25 años, y solo nos quedaremos con el lodo y el oropel.

Vea el informe completo aquí.

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Ricardo Leiva, profesor e investigador de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes.