Tuve una pesadilla. De esas que parecen tan reales. Descubrían la jubilación de la señora Olate. Amorosa la señora. ¡Pero si se merece los $5,2 millones mensuales! Tan buena ella…, y soportar a Osvaldo Andrade. Yo a él no lo conocía en el sueño, pero decían que es bien mal genio y que no le gusta que lo cuestionen.
Publicado el 10.07.2016
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Ayer tuve una pesadilla. De esas que se hacen largas y que parecen tan reales.

Era una falsa exonerada política muy angustiada por el cuestionamiento público que se estaba haciendo a los parlamentarios que nos habían dado esta “mesada” por ayudarlos en sus campañas.

–Es que si nos descubren no podré terminar la ampliación de la casa…Y tanto empeño que le he puesto–, me decía a mí misma.

Pero en medio del nerviosismo hubo un golpe de gracia. La jueza a cargo del caso, Mireya López, sobreseyó –por ahora– a los 54 honorables cuestionados por el tema. ¡Qué laxitud!, déjenme terminar mi ampliación. Entre vuelta y vuelta entre las sábanas me asusté de no concretar mi anhelo.

Pero no sabía que la cosa se iba a poner peor. Como en sueños paralelos, por un lado me informaban desde el partido que no iba a poder ser parte de los candidatos para rellenar los nuevos 47 cupos a parlamentarios, y que se presentan el próximo año. “Es que hay que saldar favores y a ti ya te tocó con lo otro”, me decían. Lo encontré bien injusto, porque ni me dejaron hablar.

Además, si el aumento de parlamentarios le va a costar al país $15 mil millones anuales, por qué no me podía tocar una tajadita a mí… ¡si es mucha plata! Pero bueno, es lo que hay. Igual, después de todo, me había tocado algo. Pero en eso… ¡uf!, se entremezcló una nueva imagen, que me dolió como si me estuviera pasando a mí. Descubrían la jubilación de la señora Olate. Amorosa la señora. ¡Pero si se merece los $5,2 millones mensuales! Tan buena ella…, y soportar a Osvaldo Andrade, se lo tiene más que merecido. Yo a él no lo conocía en el sueño, pero decían que es bien mal genio y que no le gusta que lo cuestionen.

Además, yo le aplaudo a la señora que fue bien sincera. Dijo que le daba vergüenza el monto, pero que fue lo que le tocó. A mí me ha tocado menos, pero me tocó también. Me afectó tanto la noticia que en el sueño partí a verla y le decía: “Señora Myriam, tranquila, si los chilenos están como dormidos, como anestesiados. ¡Pero si ni votan! Va a salir en los noticieros un par de días, dos editoriales, tres columnas de opinión, Trending Topic doce horas y luego todos se olvidan. Mire, y usted que es periodista, puede escribir un libro con los entretelones del caso. Entonces, si la Contraloría le quita su plata, usted la repone con el libro que sería éxito de ventas ¿Ve?”. Yo creo que algo logré tranquilizarla con la propuesta.

Tengo tan buenas ideas…, y el partido aún no me descubre y me “coloca” en el puesto que merezco.

En eso sentí oír al ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, anunciando y contradiciendo a Adriana Delpiano. Me decía que había que analizar si era o no posible la gratuidad universal. Luego se desdecía. ¡Estos economistas! Cero sensibilidad social. El gobierno durmiendo con el enemigo. ¡Si fue la principal promesa de campaña!

–Pero si podemos estrujar más a Chile, Ministro–, le decía yo. Y es lo que le dije a la señora Myriam también. Los que reclaman son unos capitalistas egoístas, fachos y momios.

Esas palabras me produjeron estertores que recorrieron todo mi cuerpo. Pegué un grito de aquellos y desperté sobresaltada. Todo oscuro. Me cercioré que el poster enmarcado de Michelle Bachelet no se hubiera movido. El gato ni se inmutó. ¡Uf!, menos mal era solo una pesadilla, parecía todo podrido. Menos mal que Chile va bien…

Por Rosario Moreno C.

Periodista y Licenciada en Historia UC.