En su programa de gobierno, Piñera está usando la palabra “misión” en forma deliberada. Ciertamente está pensando en su sentido más profundo, que se refiere a una relación de personas que se involucran en una acción. No limita la misión solamente a una tarea por cumplir, puesto que ello destruye los sueños, la mística de la acción.
Publicado el 12.11.2017
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Son innumerables los programas de radio y televisión en que hemos sido testigos de los interrogatorios a los que los ocho candidatos a la Presidencia de la República han sido sometidos. Sin entrar al análisis de ese espectáculo, en que los inquisidores buscan el error, la caída o lo negativo de los postulantes, quisiera destacar cómo quien encabeza el ranking —de acuerdo a todas las mediciones y al sentir nacional— explica por qué quiere volver a ser Presidente de Chile.

Efectivamente, Sebastián Piñera presenta su programa de gobierno, sus tareas, los objetivos a alcanzar, o las prioridades de estos objetivos, como una MISIÓN.

“Nuestra misión es poner a Chile nuevamente de pie y en marcha. Recuperar el liderazgo y el dinamismo que hemos perdido y que sin duda podemos recuperar (…) Transformar a Chile dentro de un plazo de ocho años, es decir antes del año 2025, en un país desarrollado, en un país sin pobreza”. Así dice textualmente el programa de gobierno para un horizonte de ocho años.

En mi opinión, Piñera está usando la palabra “misión” en forma deliberada. Ciertamente está pensando en su sentido más profundo, que se refiere a una relación de personas que se involucran en una acción. No limita la misión solamente a una tarea por cumplir, puesto que ello destruye los sueños, la mística de la acción.

La palabra “misión” viene de “mittere”, que significa enviar. Es decir, destaca a la persona que envía (el Presidente), aquel que es enviado (agente), el encargo o el contenido (la tarea) que se le da el enviado, y finalmente el destinatario o el que recibe el beneficio de tal misión (los pobres y la gran clase media chilena). En consecuencia, misión significa actitudes, acciones y contactos entre diversas personas que se relacionan en una gran acción, la cual tiene en su origen una vocación y un envío. La misión supone una vocación, identidad, contacto, una forma de proceder, una relación personal de afectos.

Ciertamente que para cumplir la misión se hace uso de herramientas, por ejemplo, instrumentos como la ciencia económica (herramienta inerme). Pero lo esencial es que estas herramientas (medios) sean usadas por personas inteligentes que ponen todas sus cualidades y su libertad al servicio de una causa. Es decir, el instrumento actúa si tiene sus propias cualidades y si está unido a personas con virtudes, bien formadas, estudiosas, hábiles para poder usar con excelencia los instrumentos, para lograr la unión personal entre el que envía y el destinatario.

Sólo así la misión será profundamente inspiradora y el líder será ante todo un inspirador, más que un ejecutivo.

No podemos terminar esta reflexión sin dejar claro que la misión está íntimamente ligada —y es casi una tautología— con el concepto del servicio, el servicio a los demás. Del mismo modo, no sólo es un trabajo, sino que más bien abarca la vida entera, y es por eso que —aunque en forma muchas veces histérica y destemplada algunos quieran poner a Sebastian Piñera al lado del dinero—, tras una vida política de más de 30 años y habiendo sido ya Presidente de Chile, su programa de gobierno expresa su misión afirmando: “Nuestra principal meta es que Chile alcance un alto nivel de desarrollo humano: erradicando definitivamente la pobreza, mejorando sustantivamente la distribución del ingreso y ampliando la calidad de vida de todos”.

 

Pedro Pablo Díaz Herrera, ex embajador

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO