Es de esperar que el Ejecutivo cambie su actitud y apunte a generar verdaderos equilibrios en las relaciones laborales.
Publicado el 11.07.2015
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Esta semana comienza el “segundo tiempo” de la reforma laboral en la cancha del Congreso Nacional. Pese a que aún no ha sido conocido oficialmente por la comisión de Trabajo del Senado, ya ha transcendido que la OIT estará presente durante la tramitación del proyecto como ente asesor, mientras que de parte de la CUT ya se escuchan voces que amenazan con movilizaciones y presiones en caso que no se atienda a sus exigencias o se modifiquen algunos aspectos hasta ahora complejos de la reforma.

Considerando el momento económico actual, que no ofrece muchas señales de una luz al final del túnel, y el aumento constante del desempleo en nuestro país, no podemos sino replantearnos qué esperamos de las relaciones laborales y si éstas deben o no comportarse en un escenario de equilibrios e incentivos que favorezcan a empleadores, trabajadores y desempleados por igual.

Al iniciarse esta nueva etapa legislativa y mirando un poco atrás la tramitación de la iniciativa en la Cámara, podemos señalar que el proyecto sigue casi sin cambios. Incluso más, es posible afirmar responsablemente que ha habido más retrocesos que avances por consensos.

Curioso es que se haya eliminado la práctica antisindical de uso de fuerza o violencia por parte de trabajadores o empleadores, así como el calificativo de pacífica de la huelga. Asimismo, destaca la reposición de la figura del sindicato del día después, pese a que se ha determinado incluso por los juzgados del trabajo que se ha utilizado de mala fe y con fines distintos a los sindicales.

Llama la atención que desde Hacienda y Trabajo se intente dar señales de apertura y diálogo, convenciendo a los empleadores que no impulsarán la negociación interempresa ramal, siendo que en caso alguno este objetivo estuvo considerado en las ideas matrices del proyecto.

Al comparar el proyecto original y el enviado al Senado luego de su paso por la Cámara, podemos concluir que los principales puntos de discordia del proyecto, como son la titularidad sindical, la eliminación del reemplazo en la huelga en todas sus modalidades, piso mínimo de negociación, extensión de beneficios y eliminación del descuelgue, no han sido objeto de modificaciones, por lo que poco o nada han sido acogidas por el Ejecutivo las opiniones mayoritarias de expertos y de las distintas organizaciones que fueron invitadas a exponer sus puntos de vista en la instancia formal.

Ahora con el inicio de esta segunda etapa en el Senado es de esperar que el Ejecutivo cambie su actitud y apunte a generar verdaderos equilibrios en las relaciones laborales, adaptando sus normas hacia un mercado laboral moderno y cada vez más competitivo, en que las visiones de los expertos sean realmente recogidas y donde el eje no sea el sindicato per sé, sino que el trabajador en su dimensión individual y colectiva así como un énfasis real en el empleo, el emprendimiento y el crecimiento económico.

 

Sergio Morales, Abogado Programa Legislativo LYD.

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO