Los cargos hay que honrarlos, y el que tiene poder tiene la misión y obligación de dar dos veces un buen ejemplo. El Chile que queremos es dirigido y encaminado, en gran medida, por lo que hacen las autoridades. Eduquemos a la gente de la calle, para que ésta no se avergüence de los que nos rigen.
Publicado el 21.08.2016
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Manuel Alvarado es cuidador de autos. Con su permiso dejó que lo citara con nombre y apellido: “Lo más grave del tema del diputado Ricardo Rincón oiga, es darnos cuenta del tipo de gente que nos está gobernando. ¿Qué se le puede pedir, entonces, a la gente de la calle? Estamos mal, mal…”

Concuerdo 100%. Si bien el honorable rechaza las acusaciones realizadas por una investigación periodística en que se afirma que él habría golpeado fuertemente a su ex pareja, el olor en torno al caso no huele bien y se ha transformado en una comedia de equivocaciones por no ponerse colorado una vez.

Luego de la denuncia periodística, Ricardo Rincón dio la cara, pero a medias. Entregó una breve declaración rechazando lo que decía el artículo de prensa, y no aceptó preguntas. Es decir, dijo lo que él quería transmitir y no lo que la gente necesita saber.

Diputado. Cuando se está totalmente tranquilo, no es difícil decir con todas sus letras “yo nunca he golpeado a una mujer”. ¿Por qué no aseguró eso diputado? La claridad ayuda tanto y cierra todo más rápido.

Luego, en este círculo vicioso, el flamante Ministerio de la Mujer y Equidad de Género emitió una declaración pública a raíz de estos hechos que me hizo cerrar los ojos como periodista. Sin nombrar a nadie (estamos hablando de una alta autoridad) redactó un par de párrafos que ayudan poco o nada a la discusión. “Reiteramos la condena a la violencia contra las mujeres en todas sus expresiones…” es lo más álgido que se escribió. Eso para usted lector, ¿es algo nuevo, un aporte? Todos lo sabemos.

No fue lo único. Se suma la diputada DC, camarada de Rincón, Yasna Provoste, con una frase para el bronce: “Son hechos que ocurrieron hace 14 años” y agregó que es “importante” que los medios de comunicación aclaren que la agresión no es actual y que Rincón ya recibió sanciones al respecto. Dos temas para destacar. Primero, da lo mismo los años que hayan transcurrido, el punto es que en su minuto el partido debió tomar medidas públicas al respecto y no bajarle el perfil. Segundo, ella misma está afirmando que sí hubo agresiones. Rincón no las ha verbalizado. Entonces, ¿por qué solicita –tras la acusación periodística- ser excluido de la comisión de Familia y Adulto Mayor de la Cámara? El que nada hace nada teme, diputado.

Otro aspecto a destacar es el poder de las redes sociales, que fue determinante en viralizar el caso y que estemos discutiendo de aquello. En un comienzo, al publicarse el artículo, los demás medios se mostraron como anestesiados. Pero la fuerza de Twitter, especialmente, exigió que se hablara abiertamente del tema. De más está decir que se toca el hecho a raíz de una denuncia externa, y no en una actitud proactiva del partido donde milita Ricardo Rincón, que en la ocasión, 14 años atrás, pecó de omisión, pues recién –ahora- anunciaron que lo pasarán al tribunal de ética de la DC. ¿Por qué no hicieron eso hace casi tres lustros?

Claramente, siempre es más barato afrontar las cosas en su momento y no tratar de que pasen coladas. Hoy mucha gente está sufriendo por aquello.

Volviendo a don Manuel Alvarado, el cuidador de autos, lo relevante es el tema de fondo: el comportamiento de los seres humanos que están ocupando altos puestos en nuestro país. Los cargos hay que honrarlos y el que tiene autoridad tiene la misión y obligación de dar dos veces un buen ejemplo. Otros honorables también han perpetrado episodios dignos de película, y por eso este mensaje va para todos: el Chile que queremos es dirigido y encaminado, en gran medida, por lo que hacen las autoridades. Eduquemos a la gente de la calle, para que ésta no se avergüence de los que nos rigen.

 

Rosario Moreno C., Periodista y Licenciada en Historia UC.

 

 

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO.