A lo mejor en cuatro meses más, con el desempleo cerca del 8%, los salarios con suerte empinándose por sobre el nivel de inflación, el crecimiento tendencial de la economía cercano al 1%, y con las elecciones municipales infringiendo una derrota ignominiosa al gobierno, entonces ahí la Presidenta podrá reflexionar y entender que el éxito va más allá de los programas vendedores y de los intereses de los grupos de presión.
Publicado el 13.06.2016
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Puesto que la mención del término “crecimiento económico” pareciera provocar carcinomas en ciertos políticos de la Nueva Mayoría, y cualquier política pública cuyo objetivo conduzca a ello hiede a neoliberal, muchas personas e instituciones de reconocido prestigio económico, y políticamente independientes, comienzan a ver con legitima preocupación que la agenda del gobierno no cambia mucho y sigue centrada en llevar a cabo lo que, más que un programa gubernamental, a estas alturas parece un apostolado del credo igualitario. Seguimos sin saber cómo estructurará el gobierno una estrategia que logre que la actividad económica retorne, a lo menos, a lo que es la capacidad potencial de crecimiento (en la actualidad 3.5%). Conseguir esta re-aceleración es una necesidad imperiosa, pues la falta de recursos fiscales para lo más básico del programa de la Presidenta Bachelet, corre no sólo el riesgo de sucumbir, sino que además dejarles a futuros gobiernos una carga financiera inmanejable e hipotecar la prosperidad y bienestar de muchos.

La semana estuvo pletórica de pirotecnia política, con lo cual los datos de la actividad económica pasaron relativamente desapercibidos. El IMACEC, que en abril creció un deslucido e inesperado 0.6% respecto del mismo mes del año anterior, y los que teníamos alguna esperanza de que la actividad no minera compensara la brutal caída de la minera, nos llevamos una sorpresa porque el crecimiento en esta área sigue siendo pobre, a pesar del viento a favor que ha significado el envión del sector construcción por sus beneficios tributarios y la devaluación del peso. Por otra parte, la inflación, que ha sido dura de derrotar por parte del Banco Central, fue menor a lo esperado en el mes de mayo, 0.2%, reflejo que la demanda interna fue inferior a lo que se esperaba también. Y los salarios siguen desacelerándose tan rápidamente como lo hacen los puestos de trabajo asalariados. Y la guinda de la torta son los seguidos recortes en pronósticos de crecimiento, entre ellos el Banco Central, que parecieran transformarse en una pesadilla sin fin.

Lo más encomiable de la semana, en lo que a eventos económicos se trata, es el llamado del Banco Central en su Informe de Política Monetaria (IPOM) donde menciona literalmente “que la menor confianza que exhibe hoy el país, más allá de sus causa específicas, es un freno a la inversión”. Es verdad, el Central no trató de identificar esta vez quién era el causante de la caída de la inversión, como cuando sacó los shocks autónomos, u otro galimatías para hacer entender al gobierno que sus reformas eran en parte causantes de la desaceleración y de la peor caída de la inversión en tres años seguidos desde 1973. En esta ocasión, lisa y llanamente hace un llamado a la cordura para que no se siga destruyendo las fuentes de crecimiento de largo plazo de la economía, fuentes que están lejos del alcance de la política monetaria o fiscal, como lo han demostrado vehementemente los hechos.

En ese mismo informe, el Central analiza por qué nos ha costado tanto alcanzar el potencial de crecimiento del 3.5% anual (mezquino comparado con el 5.2% promedio de los últimos 30 años, pero realista), y por supuesto que el diagnóstico tiene que ver con la inversión y la productividad, dos elementos fundamentales, relacionados entre sí, en el cual según el instituto emisor estamos al debe. La inversión que decae por tercer año consecutivo, algo que no sucedía desde 1973 como ya lo dije, es un problema de expectativas, y mientras éstas no mejoren, el gasto en este ítem será lo mínimo necesario para mantener el inventario de capital.

¿Y cómo mejoramos las expectativas de consumidores y empresarios? Súper simple, atacando con decisión lo que en primer lugar causó este agudo deterioro. Sí claro, si está pensando que al gobierno pareciera no interesarle toda esta retórica interesada de corte neoliberal, está en lo cierto. Basta ver el nivel de aprobación del gobierno y de algunas de sus reformas para entender que los parámetros que lo mueven son otros. Si de verdad el gobierno tuviera como prioridad retornar la confianza a quienes toman decisiones de consumo e inversión, le bastaría oír a sus propios economistas, que le han repetido hasta el cansancio lo que no debieron hacer y lo que sí debió hacerse.

A lo mejor en cuatro meses más, con el desempleo cerca del 8%, los salarios con suerte empinándose por sobre el nivel de inflación, el crecimiento tendencial de la economía cercano al 1%, y con las elecciones municipales infringiendo una derrota ignominiosa al gobierno, entonces ahí, ante el pavor que inculca la pérdida del poder y lo que ello implica, sólo ahí la Presidenta podrá reflexionar y entender que el éxito va más allá de los programas vendedores y de los intereses de los grupos de presión, y decida que llega la hora de retornarle la confianza a la verdadera mayoría, la compuesta por emprendedores y consumidores.

 

Manuel Bengolea, Estadístico de la PUC y MBA de Columbia, NY.

 

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO.