Como el alienígena de Stranger Things, es probable que el Frente Amplio pase de ser una adorable criatura a un adversario temible. Esto es lo que la Nueva Mayoría no ha entendido: el FA no quiere coexistir con la vieja guardia, viene a fagocitarla y, de alguna manera, a redimirla de sus errores durante la transición. Esto pasa porque se concibe a sí mismo como una vía excluyente, tanto a izquierda como a derecha.
Publicado el 17.02.2018
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La cultura popular nos provee de buenos ejemplos a la hora de discutir sobre política. Incluso sin mencionar ideologías o doctrinas directamente, el componente sociopolítico se manifiesta en las artes de manera más o menos consciente. El cine y la televisión son campos especialmente prolíficos en estos cruces, y los ejemplos son abundantes y variados. Esto porque, además de su fin estético, cristalizan las tensiones que configuran la vida en sociedad y las preguntas que cruzan la existencia de una manera que escapa al resto de las manifestaciones humanas. Por eso nos sirven para ejemplificar procesos políticos.

En la segunda temporada de la serie Stranger Things, el niño Will Byers vomita una especie de renacuajo en el baño. La criatura viene del “mundo al revés” en el que estuvo atrapado, y es adoptado por los amigos de Will… hasta que crece demasiado. La imagen calza con la del nacimiento del Frente Amplio, “vomitado” por la Concertación/Nueva Mayoría, la cual le dio sustancia y lo incubó —protegiendo el cupo parlamentario de Giorgio Jackson y con el team RD en el Ministerio de Educación—, para que luego aquel tomara cuerpo propio y terminara amenazando a sus progenitores.

El ADN del Frente Amplio está cruzado por la crítica al entreguismo de sus padres, que no fueron lo suficientemente valientes como para romper de manera radical con el “modelo”. Omiten que las condiciones materiales y culturales generadas por sus padres, junto con un marco institucional sólido, permitieron que muchos de sus militantes estudiaran (y estudien) en buenas universidades y realizaran posgrados en el extranjero. Pero para la nueva izquierda, sus padres vivieron capturados por el sinsentido de un “mundo al revés”. Pecado imperdonable.

Como el renacuajo alienígena de Stranger Things, es probable que el FA pase de ser una adorable criatura a un adversario temible. Esto es lo que la Nueva Mayoría no ha entendido: el Frente Amplio no quiere coexistir con la vieja guardia, viene a fagocitarla y, de alguna manera, a redimirla de sus errores durante la transición. Esto pasa porque se concibe a sí mismo como una vía excluyente, tanto a izquierda como a derecha. La Concertación será la víctima sacrificial para dar paso a un nuevo pacto social.

Pero el hambre frenteamplista no sólo tiene como objetivo el cadáver de su padre. Dentro de sus miembros, Revolución Democrática es el partido con mayor fortaleza estructural, redes y disciplina. Es muy probable que el movimiento de fagocitosis incluya absorber a los partidos instrumentales que componen la coalición. En ese contexto, no deja de ser interesante la definición que tomen esos otros partidos, ya que, de seguir así, es muy probable que desaparezcan más temprano que tarde.

Se trata de una tarea interesante para el resto del sistema democrático, que seguro se tensará, con partidos que carecen de herramientas políticas y conceptuales para lidiar con un Frente Amplio que, pese al silencio de las últimas semanas, seguro les traerá problemas. Como se dijera en otra conocida serie, “winter is coming”.

 

Rodrigo Pérez de Arce P., Fundación para el Progreso

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO