Bachelet dejará el peor legado económico de todos los presidentes desde el retorno a la democracia, pero la Nueva Mayoría le echa la culpa al Presidente Sebastián Piñera.
Publicado el 02.09.2015
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Con su último Informe de Política Monetaria, el Banco Central nos trajo muy malas noticias: Chile crecerá apenas sobre el 2% este año y completará dos años consecutivos de mediocridad económica, con una inflación superior a la tasa de crecimiento durante 2016 y parte de 2017, lo que le impedirá al Banco Central reducir la tasa de interés e impulsar así la economía. Como se sabe, la inflación es especialmente negativa para los sectores más pobres, pues ellos gastan casi todos sus ingresos en bienes de consumo y apenas ahorran. Si el gobierno quería eliminar la desigualdad, va precisamente en la dirección contraria.

El mismo Banco Central reconoce que para 2015 y 2016, el “balance de riesgos para el crecimiento es a la baja”, lo que quiere decir que, con toda probabilidad, el instituto emisor seguirá recortando sus previsiones de aumento del PIB cuando dé a conocer los siguientes informes de política monetaria en diciembre y marzo próximos. “Un escenario externo peor, una actividad minera deteriorada y la falta de antecedentes sobre una mejoría del consumo y la inversión privada, hacen prever que el crecimiento del segundo semestre será menor que lo anticipado en junio”, agrega el informe.

Bachelet dejará así el peor legado económico de todos los presidentes desde el retorno a la democracia, pues difícilmente el crecimiento promedio durante los cuatro años de su segunda administración superará el 3%. Para llegar al 3% promedio, Chile debería crecer al menos 4% en los dos años venideros, pero el BC ahora reconoce que en 2016 el PIB aumentará entre 2,5% y 3,5% y que el PIB tendencial —la estimación de crecimiento de mediano plazo— no superará el 3,5%, valor inferior al proyectado hace un año. Así, el desempeño económico promedio de Bachelet será muy inferior al de Aylwin (7,7%), Frei (5,5%), Lagos (4,3%) y Piñera (5,2%), y será incluso más malo que el de su primer gobierno.

Como este lunes Rodrigo Valdés ya conocía el sinceramiento de las cifras del Banco Central, transmitió sus preocupaciones a los otros ministros y a los presidentes de partidos de la Nueva Mayoría. ¿Y qué hicieron estos? Le echaron la culpa a Piñera. Para el presidente del PPD, por ejemplo, es Piñera quien tiene la culpa de que la inversión lleve dos años en caída libre, el consumo esté estancado y el desempleo haya empezado a subir.

Al actuar de esta forma, echándole la culpa a los otros, Quintana reconoce implícitamente que la situación económica se les escapó de las manos. Porque si es verdad que el estancamiento que ahora exhibe la economía se viene arrastrando desde el gobierno anterior, ¿qué ha hecho La Moneda para revertir esto? ¿Qué estímulos se han entregado a los emprendedores para intentar paliar una desaceleración que, supuestamente, se veía venir ya a fines de 2013? Al echarle la culpa al empedrado, los dirigentes de la Nueva Mayoría reconocen, indirectamente, que son esclavos de las circunstancias y que no pueden sacarnos de esta crisis.

La culpa es del sistema. O de China. O de la conjugación de los astros. Pero siempre es de los otros. Y es curioso que sean justamente los progresistas los más negativos en este ámbito. Los psicólogos llevan años estudiando los llamados “estilos de atribución” y sugieren que son los más progresistas —o socialistas, derechamente— quienes asumen que es el entorno social el que determina los comportamientos y, en consecuencia, el que decide cómo será la vida de cada uno, mientras las personas más conservadoras sí creen que pueden modificar las cosas y forjar su propio destino.

Por suerte los chilenos seguimos confiando mayoritariamente en nuestras propias capacidades para salir adelante y, gracias a este optimismo, el país progresa, aun cuando se destruyan y anulen las oportunidades. Según la encuesta CEP de noviembre pasado, el 25% de los chilenos cree que para alcanzar el éxito económico lo más importante es el nivel educacional, seguido de “la iniciativa personal” (21%) y “el trabajo responsable” (20%). Solo un 2% de los chilenos piensa que para alcanzar el éxito económico lo que se necesita es la ayuda del Estado o tener suerte.

Aunque los chilenos tienen claro que no necesitan del Estado para surgir, sí saben a quién echarle la culpa cuando ven que ese mismo Estado destruye riqueza y restringe las oportunidades. Basta con ver las encuestas para comprobar que los chilenos no le están endorsando la responsabilidad al Presidente anterior. Tienen súper claro a quién hay que apuntar con el dedo.

 

Ricardo Leiva, Académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes.

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO