Si Sebastián Dávalos suele leer el diario y enterarse por la prensa, ¿cómo nunca pensó que al decir “me enteré por la prensa” no sólo iba a quedar mal él, sino que además volvería a causarle un gran daño político y de imagen a su ya cuestionada madre?
Publicado el 26.09.2015
Comparte:

Sebastián Dávalos Bachelet nos vuelve a sorprender, estos días, con actuaciones dignas del realismo mágico… Esos relatos tan bien representados, como en Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez, en que todo busca ser fantástico, pero no lo es.

El hijo de la Presidenta, en la segunda declaración que prestó al Ministerio Público en el marco de la investigación del caso Caval, aseguró que sólo se enteró por lo publicado en la prensa de los negocios de la firma en la que participaba su esposa, Natalia Compagnon.

Si bien son muchas las “realidades modificadas” (siguiendo con el realismo mágico) que se pueden elaborar de esta frase, tomaremos dos.

Si Dávalos se enteró por los medios de comunicación del millonario negocio para adquirir los terrenos de Machalí, nada de nada está calzando. Tenemos que recordarle a Dávalos que en noviembre de 2013 asistió con su señora, Natalia Compagnon, a una reunión con el empresario y vicepresidente del Banco de Chile, Andrónico Luksic. La finalidad de ésta fue conversar sobre un crédito de US$10 millones que necesitaba Caval para un negocio inmobiliario en Machalí. Tan real fue esta reunión (y no mágica), que la entidad financiera confirmó, posteriormente, que al encuentro también asistió Sebastián Dávalos Bachelet. Y tanto además, Sergio Bustos, quien gestionó la reunión, aseguró que la presencia de Dávalos fue solicitada por el banco.

Pasaron las semanas y la inmensa mayoría de los chilenos supimos, por la prensa, de este encuentro, recién en febrero.

Y si supimos todo eso, parece irrisorio -¿O realismo mágico?- que Dávalos, en su segunda declaración al Ministerio Público –en agosto recién pasado y que obviamente fue muy posterior a la reunión de noviembre de 2013- declare que se ha enterado por la prensa de los negocios de su señora para adquirir el paño de Machalí.

Frente a ello, es importante señalar que aquí las piezas no calzan, o que existen realidades paralelas o mágicas, o mala memoria, o derechamente una gran zancadilla a la verdad. ¿Sebastián Dávalos olvidó la reunión con Andrónico Luksic? ¿O habrá pensado que los chilenos no leemos la prensa? Sería bueno preguntárselo.

Un segundo punto que llama la atención es que la Presidenta Bachelet, el 23 de febrero, y luego de que estallara el escándalo Caval, dijera que, “no tuve información previa, ni después, me informé en Caburgua por la prensa”.

Esta frase no sólo fue el comienzo de su baja constante en las encuestas, sino que también la transformó en materia prima para cientos de editoriales y columnas de opinión; ser primera línea de críticas negativas en las redes sociales e inspiración para memes de toda índole.

La pequeña gran pregunta es: si Sebastián Dávalos suele leer el diario y enterarse por la prensa, ¡cómo!, al dar su declaración en el Ministerio Público, nunca pensó que al decir “me enteré por la prensa” no sólo iba a quedar mal él, sino que además volvería a causarle un gran daño político y de imagen a su ya cuestionada madre. ¿Se habrá puesto nervioso cuando declaró, o justo no leyó el diario el día en que su madre decía que se había enterado de Caval por la prensa?

En su testimonio de cinco páginas ante el Ministerio Público, el hijo de la Presidenta se descargó diciendo que “se me ha involucrado en un negocio en el que yo jamás tuve participación (…) con la única finalidad de denostar mi honra e involucrar políticamente a la Presidenta de la República”. Esa es su realidad.

 

Rosario Moreno C., Periodista y Licenciada en Historia UC.

 

 

FOTO:MARIO DAVILA/AGENCIAUNO