La manera en cómo nos relacionamos es lo más importante. Si existe desinterés, amabilidad, sencillez, respeto, humor, empatía y la intención de ayudar a los demás se profundizan valores esenciales que acrecientan la calidad de las relaciones humanas.
Publicado el 15.04.2016
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Dicen que en el competitivo mundo laboral y de los negocios el que “pestañea, pierde”.  Google, Pixar, Goldman Sachs, Facebook e incluso organizaciones como las Naciones Unidas y el Foro Económico Mundial son conscientes de esta realidad y es por eso que cuando surge algún problema que trastorna el ritmo de la institución y obstaculiza el poder lograr sus objetivos, todas las mencionadas poseen algo en común: todas han acudido al psicólogo organizacional Adam Grant para recibir su asesoría y retroalimentación.

Proveniente de Wharton, prestigiosa y mundialmente respetada escuela de negocios de la Universidad de Pennsylvania, Grant escribe regularmente sobre psicología y trabajo para el New York Times; integra la lista de los 25 pensadores más influyentes en temas de administración, sus libros han sido traducidos a 34 idiomas y elogiados por el Financial Times, Amazon, Apple, The Washington Post y Harvard Business Review, entre otros. Su última charla para TED, en febrero de este año, ya ha sido descargada más de 1 millón 500 mil veces y, como si todo lo anterior fuera poco, es reconocido en Wharton no sólo como uno de sus profesores más talentosos, sino también por ser muy accesible, humilde y de trato muy humano. ¿Estamos frente a un prodigio? Obviamente que de eso hay un poco, pero la teoría (¿o filosofía de vida?) que lo ha hecho célebre, más allá del mundo de la academia, lo devela él mismo en su último libro, “Give and Take”: entregar(se) a los demás, por sobre “tomar” (arrebatar) de los otros es la manera cómo se crean confianzas, se perpetúan las relaciones humanas, se construyen alianzas y se alcanza el éxito propuesto.  Así de “simple”: dar por sobre recibir.

A través de toda su brillante trayectoria profesional, Grant ha logrado generar innumerables publicaciones e investigaciones científicas centradas en analizar el complejo comportamiento humano y su relación con temas que abarcan desde la motivación y el éxito laboral hasta los distintos tipos de liderazgo, reciprocidad, creatividad y originalidad en la estructura del pensamiento y los efectos de la cultura en la forma en cómo se organiza el trabajo y una comunidad de personas; pero su gran aporte ha sido renovar la mirada de los expertos sobre la importancia de las interacciones humanas, por sobre las capacidades individuales, como el gran motor que conduce a la acción y permite cambios muy positivos al interior de cualquier organización. O sea, la manera en cómo nos relacionamos es lo más importante. Si existe desinterés, amabilidad, sencillez, respeto, humor, empatía y la intención de ayudar a los demás se profundizan valores esenciales que acrecientan la calidad de las relaciones humanas.

Esto es algo que trasciende al mundo de la empresa y que debería ser reforzado y recordado a todo nivel para fortalecer el entramado social en un mundo cada vez más individualista y que en muchas oportunidades consiente al beneficio personal en desmedro de los demás.

En las entrevistas que Grant ha otorgado a diversos medios, la pregunta recurrente es cómo logra llevar a cabo tantas actividades diferentes dentro de su comprimida agenda, y la respuesta es siempre la misma: entregando(se) y organizando su tiempo, lo mejor posible, para interactuar con sus pares, sus alumnos, su familia (es casado y padre de dos hijas) y con la gran cantidad de personas que acuden a él para recibir su mirada sobre una variedad de temas que se extienden hacia distintas áreas del conocimiento científico.

Sin duda que Grant inspira, pero él mismo se ha preocupado de aterrizar a la realidad el cómo ha alcanzado fama mundial, puntualizando que el éxito proviene tras haber fracasado una y otra vez, y que detrás de una sola buena idea inevitablemente hubo largas horas, múltiples esfuerzos y un gran desgaste de energías invertidas en un sinnúmero de ideas fallidas; pero que, en nuestra cultura, nadie valora, admite, ni quiere acordarse de aquello.

Puede que Grant sea mitad genio y mitad extravagante, pero nunca irrealista e ingenuo. Si no, habría que preguntarle a los máximos ejecutivos y líderes de las reconocidas empresas y organizaciones que requieren constantemente de su atención y que, una vez que han puesto en práctica las teorías de Grant, han comprobado que cuando han pestañeado de verdad han puesto en peligro y perdido mucho más que tiempo y dinero.

 

Paula Schmidt, Periodista e historiadora Fundación Voces Católicas.