¿Qué queda de la Nueva Mayoría? Un campo diezmado, donde los esfuerzos futuros tendrán que ponerse en devolverles a los chilenos los incentivos para producir y crear riqueza, revirtiendo buena parte de las insensatas reformas de Bachelet.
Publicado el 03.09.2015
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La consolidación de la dupla Burgos-Valdés en la conducción del gobierno durante las dos últimas semanas significa, a fin de cuentas, enterrar el sueño de hacer en cuatro años una transformación radical de la sociedad chilena.

El programa contemplaba una completa transformación de Chile, para convertirlo en un espacio donde lo público primara siempre por sobre las decisiones individuales. En palabras de Rodrigo Peñailillo a la revista Capital, cuando aún era el todopoderoso ministro del Interior de Bachelet, “la democracia de los acuerdos está absolutamente superada por la historia. Hoy nosotros somos mayoría y tenemos un programa de cambios que vamos a llevar adelante”.

Bueno, resulta que ahora no son mayoría. El escuálido 24% de apoyo a la Presidenta y 18% a su gobierno que marca la última encuesta Adimark vienen a confirmar los guarismos que ya entregaba CADEM. Las encuestas confirman, además, que todas las reformas de Bachelet, incluyendo la laboral, concitan la oposición de la mayoría de la población.

Eran tres los ejes fundamentales del proyecto refundacional de la Nueva Mayoría: una reforma tributaria que recaudará 3% del PIB, una reforma educacional en todos los ciclos de enseñanza que eliminara el lucro, la selección y el financiamiento compartido en la educación escolar y avanzara hacia la gratuidad en educación superior; y la guinda de la torta: una nueva Constitución.

Afirmaba el gobierno que estas tres grandes transformaciones no agotaban su proyecto y es así como se definían reformas prioritarias en materia laboral, salud, en el sistema electoral y en la descentralización del país, además de estudios orientados a reformar el sistema de pensiones.

En el caso de la reforma laboral, los grandes objetivos son la titularidad sindical en la negociación colectiva, que no es otra cosa que un eufemismo para denominar el monopolio del sindicato en la negociación colectiva eliminando los grupos negociadores, y el fin del reemplazo durante la huelga.

En salud, aún no hay claridad acerca de la reforma que se pondría en marcha y su contenido recién se discute por parte del Ministerio con los actores del sector. Es difícil pensar que el gobierno intente realizar una reforma profunda a la salud, pues no tiene definiciones en esta materia. Si en las reformas tributaria y educacional, que habían sido ampliamente discutidas durante la campaña y estudiadas por los equipos técnicos de la Nueva Mayoría, hemos tenido tan graves problemas de diseño y puesta en marcha, qué podríamos esperar de una reforma en la que aún no hay claridad en el propio gobierno.

La nueva Constitución, la más emblemática de las reformas que vendría a coronar la transformación de Chile, está en compás de espera.

Resultaría lato hacer un balance de cada reforma. La tributaria se realizó con un tremendo daño a la inversión y el crecimiento económico, al punto que hoy día la discusión al respecto discurre acerca de cómo cambiarla en el futuro. La educacional, aunque a medio camino, asestó un golpe brutal a la educación particular en el nivel escolar, que aún no se manifiesta porque los principales efectos vienen el año 2017, sin que contenga elemento alguno para mejorar la calidad, ya que el proyecto de carrera docente que abordaba el tema está siendo mutilado por los intereses sectoriales tras la bancada del Partido Comunista. En el nivel superior, aún está pendiente la gratuidad, donde se intentará el control estatal de los proyectos educativos privados y se avanzará poco en entregar mayores beneficios económicos a los estudiantes, porque el gobierno se ha gastado en contratar funcionarios públicos buena parte de la recaudación de la reforma tributaria y ya no hay dinero para mucho más.

En previsión y descentralización no hay diseños y una conducción más sensata evitará nuevos desastres regulatorios.

La reforma laboral seguirá su curso y la incógnita es si Valdés podrá parar el despropósito de la prohibición del reemplazo en la huelga. En lo demás el daño será grande.

La tarea de Burgos será conducir el proceso de discusión constitucional hacia el terreno de lo inocuo.

¿Qué queda entonces de la Nueva Mayoría? Un campo diezmado, donde los esfuerzos futuros tendrán que ponerse en devolverles a los chilenos los incentivos para producir y crear riqueza, revirtiendo buena parte de las insensatas reformas de Bachelet.

 

Luis Larraín, Foro Líbero.

 

 

FOTO: MARCELO SEGURA/AGENCIAUNO.

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