A meses de la elección, parece razonable hacer un esfuerzo por identificar las habilidades que necesita quien conducirá los destinos de nuestro país a partir de 2018. Así evitaríamos, al menos en teoría, el grave error de elegir a quien se ha destacado ejerciendo un rol diferente y de promoverlo a la Presidencia de la República, donde podría resultar del todo incompetente (ya lo hemos hecho en el pasado).
Publicado el 19.04.2017
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Estamos a poco más de seis meses de la elección presidencial y, aun cuando Ricardo Lagos abandonó la carrera, la lista de candidatos sigue muy larga. Más allá de gustos o apegos ideológicos, ¿cómo podríamos elegir a la persona más idónea? ¿Qué características deberíamos buscar? ¿Conocimientos, experiencia, empatía?

Si miramos por conocimientos, en la lista de precandidatos los estudios son variados. Hay economistas —algunos con doctorados en prestigiosas universidades—, periodistas, abogados, profesores, asistentes sociales, cineastas, comunicadores y técnicos agrícolas.

Si nos enfocamos en experiencias, y con la clara excepción de Sebastián Piñera, ninguno ha ocupado la Presidencia en el pasado, de modo que del resto sólo podremos mirar sus desempeño en cargos actuales y pasados. Así, por ejemplo, algunos llegaron a ser senadores y diputados. Otros fueron ministros de Estado o alcaldes. Algunos ocuparon la presidencia de sus partidos o formaron uno propio. Y otros más alcanzaron la celebridad gracias a la televisión. ¿Están allí las claves para elegir correctamente?

Al respecto, es útil recurrir a las ideas del educador canadiense Laurence Peter, quien en 1968 expuso una tesis que hasta hoy es conocida como el “Principio de Peter”. En esencia, la idea es que la selección de un candidato para un determinado puesto, por lo general, se basa en el desempeño que la persona tiene en su cargo actual y no en las habilidades necesarias para el nuevo rol. De esta forma, un empleado deja de ser promovido cuando ya no tiene un desempeño satisfactorio, y el efecto es que al final la gente normalmente termina ascendiendo hasta su nivel de incompetencia.

A meses de la elección presidencial, parece razonable hacer un esfuerzo por identificar las habilidades que necesita quien conducirá los destinos de nuestro país a partir de 2018. Así evitaríamos, al menos en forma teórica, el grave error de elegir a quien se ha destacado ejerciendo un rol diferente y de promoverlo a la Presidencia de la República, donde podría resultar del todo incompetente (ya lo hemos hecho en el pasado).

¿Cuáles son las habilidades que debería tener un Presidente? Sin pretender elaborar una lista exhaustiva, las características que siguen probablemente no sean muy diferentes a las de un buen líder, pero un Mandatario debería tenerlas desarrolladas en un grado de excelencia.

Visión: un Presidente debería tener una clara y fuerte visión de dónde quiere llevar a su país y cómo llegar allí. Las visiones comunican y alinean. Dan sentido a las iniciativas y orientan la toma de decisiones.

Carisma: quien ocupe la Presidencia debe tener “suficiente” carisma para ganar el apoyo de su pueblo e inspirar a cada uno de los ciudadanos a contribuir a su éxito. Sin embargo, también debemos sospechar de los carismas superlativos. La historia ha demostrado una y otra vez que detrás de muchas atrocidades ha habido un líder hiper-carismático (Hitler, Stalin, Mao, Gaddafi)

Comunicación: el líder de una nación debe ser un gran comunicador para transmitir y contagiar con su visión país. Ser capaz de sostener pocas ideas simples, expresadas con claridad y persistencia.

Inteligencia: quien dirija el Ejecutivo debe tener una inteligencia superior y un nivel de energía extraordinaria para analizar en forma adecuada cantidades masivas de información que recibirá a diario (y sobre la cual tendrá que tomar decisiones).

Foco: por muy inteligente y lleno de energía que sea, un Presidente debe ser capaz de enfocar sus esfuerzos en forma sostenida. Elegir un conjunto muy acotado de aspectos en los que se destacará y generará un impacto.

Perseverancia: un Presidente debe ser perseverante. Los obstáculos, los opositores y los problemas inesperados siempre existirán. Debe enfrentarlos y seguir adelante con su visión. Esto no debe confundirse con la porfía y la obstinación. Aquí entra la habilidad del pragmatismo, señalada a continuación.

Pragmatismo: quien ejerza el liderazgo del país debe estar dispuesto a tomar decisiones muy duras, que quizás no le gusten a mucha gente. Debe poner el bien común por sobre otros intereses, incluso los de quienes aprecia y lo han apoyado. Al mismo tiempo, debe darse cuenta cuando hay cosas buenas que no podrá hacer debido a las prioridades, el tiempo y los recursos disponibles.

Capacidad de escuchar: para tomar las mejores decisiones, el Presidente debe escuchar con detenimiento a sus asesores, a la opinión pública y a sus críticos. Sin embargo, no debe olvidar que su rol es tener la última palabra y decidir.

Amor por la Patria: quien ocupe la Presidencia debe querer a su país y a su pueblo con verdadera pasión. Éste debe ser el faro que oriente visiones y esfuerzos para superar egos, pequeñeces y dificultades externas.

Seguramente quienes lean esta columna querrán modificar parte o la totalidad de esta lista tentativa. De eso se trata. De hacer un esfuerzo consciente y riguroso para evitar el riesgo de terminar eligiendo a un candidato presidencial atractivo, sólo para encumbrarlo hasta su nivel de incompetencia.

 

Alfredo Enrione, ESE Business School, Universidad de los Andes

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO