Pareciera que en definitiva, el precio de la Democracia Cristiana siempre puede medirse en términos de cupos parlamentarios, de concejales o alcaldes; o bien en posiciones de jefes de servicio e integrantes de un gabinete en el Poder Ejecutivo.
Publicado el 19.11.2015
Comparte:

La Democracia Cristiana está enfrascada en una polémica interna que también alcanza a otros partidos integrantes de la Nueva Mayoría, particularmente el Partido Socialista. En esta disputa, hay cuestiones que están en la superficie, mientras otras permanecen soterradas.

En lo aparente, se trata de una cuestión de fondo relacionada con dos visiones al interior de la DC. Una, representada por Ignacio Walker y Gutemberg Martínez, coquetea, aunque no se casa, con el concepto del camino propio; en cuanto señala que la Nueva Mayoría no es una alianza política sino una mera coalición electoral que les obliga sólo durante el período presidencial de Michelle Bachelet. Tras esta posición está la convicción de que la DC tiene un ideario que es distinto al proyecto socialista de Bachelet, en temas tan importantes como la Educación o la legislación laboral. Hay en ello algo de nostalgia de los tiempos en que la DC era el partido más importante del país y tenía liderazgos tan fuertes  como el de Eduardo Frei Montalva. Para ser claros, no es que esta sensibilidad deseche una alianza con la izquierda socialista, sólo que en ella, de concretarse, la DC tendría mucho más que decir en materias programáticas que hoy día.

La otra visión, defendida por el senador Jorge Pizarro, no ve a la DC en un domicilio político que no sea la Nueva Mayoría. Más allá de las debilidades actuales de su líder, afectado por casos de financiamiento de la política, esta postura ha sido en el pasado reciente mayoritaria en la DC, tanto que en las últimas elecciones internas del partido ganó la presidencia que ejerce justamente Jorge Pizarro. Para esta tendencia, las diferencias con el socialismo se han difuminado, o al menos no alcanzan la relevancia suficiente como para poner en peligro sus alianzas electorales.

Planteadas las posiciones, vale la pena ahora referirse a cómo ellas juegan con los próximos procesos electorales. Está comenzando una negociación tendiente a configurar listas para las próximas elecciones municipales, tanto a nivel de alcaldes como de concejales. Ya en ese proceso, han surgido voces desde la izquierda –PS, PPD y Partido Comunista- que pretenden exigir a la Democracia Cristiana la convergencia hacia una candidatura presidencial única como paso previo a las definiciones electorales de la elección municipal. Esta exigencia, como se advertirá fácilmente, no es compatible con el camino propio, pues aceptarla anticipadamente descartaría que la DC pueda seguirlo. Tampoco conversa bien, hay que decirlo, con las aspiraciones presidenciales del senador Ignacio Walker. Este último ha señalado que por la misma puerta que entre Marco Enríquez-Ominami a una primaria de la Nueva Mayoría, sale de ésta la Democracia Cristiana.

Para Jorge Pizarro, en cambio, la candidatura presidencial única no parece representar una dificultad mayor y así lo ha hecho saber públicamente.

Empiezan a develarse entonces, bajo el velo de distintas visiones acerca del posicionamiento de la Democracia Cristiana en la política chilena, estrategias personales distintas entre los líderes de la DC. Ellas develan diferencias políticas, en cuanto representan visiones distintas de sociedad en relación a la preeminencia del Estado o el sector privado. También representan diferencias estratégicas, porque: ¿no está acaso la DC abandonando el centro político, dejando el camino libre a Andrés Velasco u otros candidatos a ocupar ese espacio en la política chilena al no diferenciarse de la izquierda de la Nueva Mayoría?

Y pueden representar también, objetivos distintos de la política. Porque si las distintas visiones de sociedad sitúan esta disputa en el terreno de las convicciones, la mera consideración de factores electorales la enmarca principalmente en el ámbito de las conveniencias.

La historia reciente de la DC ha sido una de claudicaciones a su ideario socialcristiano. Pareciera que en definitiva, el precio de la Democracia Cristiana siempre puede medirse en términos de cupos parlamentarios, de concejales o alcaldes; o bien en posiciones de jefes de servicio e integrantes de un gabinete en el Poder Ejecutivo.

Si es que estamos en lo cierto, más temprano que tarde, habrá un acuerdo electoral para las próximas elecciones municipales entre la DC y sus socios de la Nueva Mayoría.

 

Luis Larraín, Foro Líbero.

 

FOTO: JORGE FUICA/AGENCIAUNO

Ingresa tu correo para recibir la columna de Luis Larraín