A esta altura ya nadie sabe a quién creerle. Combatir la producción de información falsa es una tarea titánica. Dado esto, la solución es simple: antes de reenviar información, certifique su veracidad.
Publicado el 05.02.2017
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30 de octubre de 1938. Nueva York, la ciudad que nunca duerme.

Todo parecía tranquilo a las ocho de la noche de ese cálido domingo, cuando de improviso la radio CBS comienza a transmitir noticias alarmantes. El locutor que ha suspendido el programa habitual relata la caída de un meteorito cilíndrico en Nueva Jersey, poniéndose en contacto con los reporteros locales. Éstos relatan el poderoso estruendo generado por este objeto y explican cómo las personas se agolpan a su alrededor para investigar lo sucedido. De pronto, el cilindro lentamente se desenvuelve, dejando salir un rayo de calor que comienza a pulverizar a la gente, mientras se escuchan los ahogados gritos de los periodistas que buscan escapar. Minutos después la radio anuncia que se ha decretado la ley marcial y la gente sale despavorida a las calles, histérica, gritando sin esperanza alguna, pensando que la especie humana podría llegar a su fin.

Hay mucho de mito en la historia de cómo el programa radial “La Guerra de los Mundos”, de Orson Wells, supuestamente generó desconcierto e incluso pánico en los oyentes, a pesar de los avisos antes y durante la transmisión de que se trataba de una dramatización del libro de H. G. Wells. Pero sí es cierto que los diarios del día siguiente le dedicaron ruidosas portadas a la pretendida noticia —como si medio país se hubiera aterrorizado con el programa de una emisora local en Nueva York—, probablemente más motivados por la jugosa oportunidad de acusar de irresponsable a la pujante industria radial que por la seriedad de los presuntos reportes de alarma. Pero aun sin pánico real, el episodio —o más bien el aura de leyenda que adquirió con los años— fue una potente muestra de la influencia de los medios de comunicación: ellos controlaban la noticia; el público sólo observaba.

A diferencia de 1938, hoy vivimos en una cultura en la que cada uno de nosotros puede ser reportero. Para esto basta con grabar un video con el dispositivo móvil y compartirlo en una o varias de las tantas redes sociales que rodean nuestras vidas. A partir de ahí, todo es posible, hasta el punto de que este miércoles Beyoncé subió una foto a Instagram anunciando que va a ser madre de mellizos, logrando el impresionante récord de 6,3 millones de “likes” en menos de ocho horas.

En una escala distinta al mítico pánico extraterrestre de 1938 en Estados Unidos, estas semanas hemos sido víctimas de falsas informaciones sobre los desastrosos incendios que han azotado a nuestro país. Comencemos con el famoso video de un voluntario rompiendo infructuosamente el candado de una reja. Esta escena conmueve, pero adquiere un carácter muy diferente cuando segundos después la reja es traspasada por un costado por dos bomberos, pareciendo que el esfuerzo del voluntario era ridículo. Fail, chascarro, blooper y otros nombres más recibió este video que se propagó rápidamente por las redes sociales, dejando en ridículo al voluntario. Un día después se publicó que, en realidad, el bombero quería romper la reja para que ingresara el carro bomba. Independiente de la verdadera historia, la humillación pública ya quedó establecida.

Peor han sido las falsas noticias que infunden miedo entre los chilenos. Dada la alta coincidencia de tantos focos de incendio, comenzó a tomar fuerza la tesis de un ataque terrorista concertado que busca hacer arder Chile por los cuatro costados. Más allá de que esta tesis no ha sido descartada ni comprobada, llama la atención la forma en que se viralizó el video de unas personas a caballo prendiendo fuego a pastizales… que había sido publicado el año pasado. Misma nula veracidad tenía el mensaje que circulaba por las redes sociales sobre dos mapuches y un extranjero que habían sido detenidos por propagar incendios, lo cual fue desmentido por el Ministerio Público. A estos ejemplos podemos sumar las cadenas de Whatsapp sobre falsos cortes de luz y las declaraciones inventadas de comandantes de bomberos.

Para combatir esta desinformación se empezaron a enviar advertencias sobre otros mensajes falsos. Sin embargo, a esta altura ya nadie sabe a quién creerle. Combatir la producción de información falsa es una tarea titánica. Dado esto, la solución es simple: antes de reenviar información, certifique su veracidad. Porque a este ritmo, perfectamente podríamos terminar corriendo despavoridos por las calles de Chile ante el anuncio en las redes sociales del inminente ataque de Skynet y su ejército de robots asesinos.

 

Andrés Osorio, economista Econsult