Dada la personalidad del Pontífice, es de toda lógica que este tema será su preocupación en los años venideros, así como será central en su próxima visita a Chile el 2016.
Publicado el 13.07.2015
Comparte:

Le bastó aterrizar en La Paz y pronunciar su primer discurso para que el tema Chile-Bolivia quedara instalado en su discurso.

Interpretaciones han habido muchas y variopintas. Me quiero detener no en estas, sino en algunos elementos más significativos de su gira, que la hacen política y pastoral a la vez.

Elías Canetti (Nobel de Literatura 1981) define a la Iglesia Católica como una “de las religiones de la lamentación” (en su obra magna «Masa y Poder»). Y agrega que de allí deriva, en especial desde la compasión, su naturaleza que abarca la totalidad, y pone un acento en especial en quienes sufren más que la mayoría: los postergados de la sociedad. Señala también: “El respeto a los grandes de este mundo es muy difícil de anular; e inconmensurable es la necesidad de venerar al ser humano”.

En síntesis, explica no solo la extraordinaria popularidad de Papa Francisco, sino que también engloba el aspecto crucial de credibilidad y empatía de la cual goza, en contraposición con la clase política de los países que visito, que han cimentado su poder y su accionar en una parte de la sociedad, y una credibilidad y empatías cada vez más menguantes, siguiendo la gastada lógica de gobierno y oposición, partidarios o adversarios.

De allí la lógica del itinerario elegido: Ecuador, Bolivia y Paraguay; países mutilados por guerras y cuyas poblaciones contienen segmentos importantes de perdedores y de postergados. Este afán inclusivo explica lo medular de su mensaje. Aunque personalmente hubiese preferido una matización mayor de cómo se han diseñado y aplicado políticas a lo largo de la historia de estas tres naciones, que en algo explican el rezago de su desarrollo y bienestar, y que la Iglesia Católica bien conoce, ya que siempre está allí para socorrer y ayudar a los más necesitados.

Es que política y religión entremezclan la captación, cultivo y persuasión del subconsciente colectivo. Ambas apelan a la utopía y trascendencia. En varios punto sus sendas se intersectan, y se producen los roces y las cuitas por todos conocidas a lo largo de la historia.

En su encíclica “Laudatio Si” la hilatura argumental converge en puntos importantes con la historia y el pensamiento pre-hispánico de Bolivia: la cosmovisión aymara del buen vivir y la búsqueda de una armonía entre sociedad y naturaleza. En líneas generales, esta provoca la primera oleada de empatía con Evo Morales, sus preocupaciones y su manera de enfocar su labor política. En este ámbito hay congruencia y ausencia de hipocresía.

Así, con mentes sintonizadas en los grandes temas, era del todo esperable que el Papa Francisco apelara al diálogo por el tema marítimo. Pero, ¡nótese!, un diálogo con resultados concretos, que deje satisfechas a ambas partes.

Dada la personalidad del Pontífice, que también interviene en los grandes foros europeos (y con importantes resultados), es de toda lógica que este tema será su preocupación en los años venideros, así como será central en su próxima visita a Chile el 2016. Por ello, en vez de mirar para el otro lado, nuestras autoridades harían bien en tomar estos factores: tanto el de buena voluntad incansable como el de una Autoridad Moral incontestable, que se alza por sobre la pequeña contingencia política, para diseñar una estrategia que ponga en adecuado resguardo los intereses permanentes de Chile, que quizás también necesiten aggiornarse con los tiempos.

 

Enrique Subercaseaux, ex diplomático y gestor cultural.

 

 

FOTO:AGENCIAUNO/IVAN CANELAS/AFKA