Los desafíos que presentan las actuales circunstancias globales y regionales sólo podrán ser abordados con un sistema de múltiples alianzas, conformadas por países que compartan principios y objetivos estratégicos de alcance parcial, referidos a determinados asuntos, como la seguridad internacional, el fortalecimiento de la democracia y la defensa de los derechos humanos.
Publicado el 19.05.2017
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Desde que se decretó el fin de la Guerra Fría, hace casi dos décadas, el mundo ha venido acumulando crisis y tensiones cuya solución escapa a las capacidades políticas e institucionales que se crearon en la post-guerra mundial, a mediados del siglo pasado. El sistema bipolar, con alineamientos ideológicos y estratégicos conocidos y previsibles tras las dos superpotencias pasó a la historia sin que, hasta ahora, se articule otra suerte de equilibrio entre los múltiples actores que intervienen en un mundo globalizado, sometido a nuevos desafíos, de diversa naturaleza y creciente complejidad.

Sin contar con los límites y la previsibilidad de la Guerra Fría, el mundo atraviesa por una etapa de desorden que se hará insostenible en el mediano plazo sin que se construya un nuevo sistema de alianzas, capaz de limitar la creciente incertidumbre que caracteriza a la actual situación internacional.

Junto a los conflictos de mayor gravedad, como el caso de Siria, hay otros no menos serios en nuestra región, como la crisis venezolana. La búsqueda de soluciones, para cualquiera de ambos casos u otros que se asimilen, supera la capacidad de los mecanismos multilaterales del siglo pasado. La crisis de Venezuela será materia de debate en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pero muy pocos pueden, razonablemente, esperar que esa instancia produzca una salida viable y en el plazo que la grave situación requiere.

Desde esta columna hemos insistido en los últimos dos años que los desafíos que presentan las actuales circunstancias globales y regionales sólo podrán ser abordados con un sistema de múltiples alianzas, conformadas por países que compartan principios y objetivos estratégicos de alcance parcial, referidos a determinados asuntos, como la seguridad internacional, el fortalecimiento de la democracia y la defensa de los derechos humanos.

Reafirma nuestra convicción el planteamiento que hace Richard Haass, prestigiado internacionalista, en su reciente libro A World in Disarray (“Un mundo en desorden”). Haass aborda el tema con un enfoque similar, al sostener que la manera cómo el mundo debe resolver sus conflictos exige la formación de alianzas en torno a objetivos comunes, por diversos actores, para diversas situaciones. Harían bien nuestras autoridades si acogen oportunamente lo que recomienda Haass y buscamos nuevas y más efectivas alianzas para abordar con alguna posibilidad de éxito los desafíos más apremiantes, por ejemplo, la crisis venezolana.

Sin embargo, antes de dar ese paso tendrían que tomar una decisión previa: si están por quienes ven la situación como la instauración de una dictadura, o si piensan que se trata de un problema “creado por la derecha latinoamericana coludida con el imperialismo”, como sostiene Nicolás Maduro. Problema insoluble para la Nueva Mayoría.

 

Jorge Canelas, embajador (r),  director de CEPERI 

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIA UNO