¿Qué esperamos de nuestras relaciones con el resto del mundo? En tiempos de crisis, hay que concentrarse en los principios básicos. Habría que partir por poner a funcionar los principios básicos de la convivencia internacional: que se respeten los derechos humanos fundamentales, que se haga efectiva la obligación de respetar los principios democráticos y que la comunidad internacional sancione a quienes se niegan a respetar esas normas básicas.
Publicado el 30.12.2016
Comparte:

En los últimos días de cada año, los medios de comunicación suelen atiborrarnos con los insufribles “recuentos” del Año Viejo. Pero la verdad es que esos balances anuales son bastante poco útiles. Distinto sería si, en vez de enfrentarnos a una sucesión de hechos inconexos, el balance fuese un  manual o catálogo del cual pudiéramos extraer experiencias, para no repetir errores propios o ajenos.

Ensayemos, entonces, un ejercicio diferente y en vez de mirar lo que ya ocurrió, anticipémonos a lo que vendrá. Situémonos en “modo futuro” e imaginémonos cómo será el mundo desde 2017 en adelante, en un esfuerzo por visualizar qué esperamos los chilenos de nuestras relaciones con él. Tómese en cuenta el hecho de que, a un año de esta fecha, Chile ya habrá elegido a su próximo Jefe de Estado o, con mayor probabilidad, a los dos candidatos que pasarán a la segunda vuelta de la elección presidencial.

Es fácil darse cuenta de lo efímero que resulta el plazo de un año para proyectar nuestros objetivos. La primera lección del manual, por ende: intentar una mirada con un alcance algo más extendido si queremos buscar objetivos significativos. ¿Qué le espera al próximo Gobierno en el terreno internacional? A modo de ejemplo, en el plano vecinal, junto con asumir, o al poco tiempo de hacerlo, tendrá en sus manos el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre la demanda presentada por Bolivia contra Chile y estará en pleno proceso la demanda chilena contra Bolivia en la misma Corte. Segunda lección: la política vecinal es una prioridad insoslayable y requiere de coherencia, continuidad y profesionalismo.

En una región particularmente volátil, inserta en un mundo que no ha logrado redefinir un orden que reemplace al sistema bipolar de la Guerra Fría, lo que viene será una etapa en la cual primarán las alianzas estratégicas, entendiéndose por ello la acción común entre países y bloques de países para hacer frente de manera conjunta a los desafíos más apremiantes. En el repertorio regional figuran, entre otros, la crisis venezolana, la evolución de la situación en Brasil, los intentos de Evo por eternizarse en el poder y los esfuerzos del kirchnerismo por desestabilizar a Macri. Tercera lección del manual: el vecindario nos impone desafíos que requieren de una alta dosis de pragmatismo para enfrentarlos de manera eficiente, pues gran parte de los problemas provienen de un excesivo ideologismo.

A nivel global, la mano no viene más fácil. Junto a la desaceleración económica, la administración Trump comenzará a operar con el método de ensayo y error en el aprendizaje. Lo más sabio sería dejar de lado las trabas ideológicas y buscar la mejor relación posible con los Estados Unidos, teniendo como base las coincidencias y los acuerdos vigentes con un país que siempre será prioritario para nuestra política exterior.

Chile ha invertido décadas en construir una red de alianzas para abordar los asuntos más importantes del quehacer internacional, que han sido objeto de acuerdos de gran alcance. Es el caso, por ejemplo, del Acuerdo de Asociación vigente entre Chile y la Unión Europea, instrumento cuya exhaustividad y alcance proporciona un enorme potencial de desarrollo. No menos importantes resultan en el plano comercial los Tratados de Libre Comercio con China, Japón y los EE.UU., por citar sólo los más importantes.

Se deberá poner el énfasis en la identificación oportuna de los asuntos críticos que requerirán de un trabajo conjunto con nuestros aliados estratégicos (países y bloques de países con los cuales compartimos visiones coincidentes en materias fundamentales). No sólo se deberá detectar e identificar cuáles son los desafíos prioritarios, sino también abordarlos oportunamente. Cabe recordar cómo el tema de la inmigración, que no figuraba en la agenda, acabó irrumpiendo con fuerza en el debate público, obligando a tomar decisiones apresuradas en una materia que ha demostrado ser prioritaria a nivel global.

La amenaza que presentan la violación de los derechos humanos y las prácticas contrarias a la democracia en nuestra región es un problema mayor. El hecho de que no se hayan puesto en vigencia los mecanismos contemplados en la Carta Democrática de la OEA y en el Protocolo Complementario de la UNASUR para la grave situación provocada por el gobierno de Venezuela, conduce a la necesidad de introducir cambios efectivos y profundos en el funcionamiento de los foros regionales. Cuarta lección: si los organismos internacionales dejan de cumplir con sus objetivos prioritarios, ha llegado la hora de introducirles cambios profundos.

¿Qué esperamos de nuestras relaciones con el resto del mundo? En tiempos de crisis, hay que concentrarse en los principios básicos. Habría que partir por poner a funcionar los principios básicos de la convivencia internacional: que se respeten los derechos humanos fundamentales, que se haga efectiva la obligación de respetar los principios democráticos y que la comunidad internacional sancione a quienes se niegan a respetar esas normas básicas. La política exterior de Chile reconoce dichos principios (la promoción y defensa de los derechos humanos y la democracia como sistema político), como pilares fundamentales de su acción. También ya optó hace un buen tiempo por una política de libertad de comercio. Ya es hora de ponerlos en práctica, a nivel bilateral como en el multilateral, estableciendo acciones conjuntas con nuestros aliados en la defensa de la paz, de la democracia, de los derechos humanos, del crecimiento sostenible y de la libertad de comercio.

De haber una clara convicción en la defensa de esos principios, no le faltarán a Chile aliados en la tarea.

 

Jorge Canelas, cientista político y director de CEPERI