Sería bueno que Chile pudiese aprender de los errores de los demás antes de que sea demasiado tarde.
Publicado el 12.04.2015
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Muchas veces en Chile se mira a otros países para buscar ideas de cómo mejorar las políticas nacionales. Pero también es importante mirar los problemas de otros países para no cometer los mismos errores.

Tomemos, por ejemplo, el caso de Eslovenia. Retornó a la democracia en 1991 e ingresó a la OECD junto a Chile en el 2010. A diferencia de nuestro país, Eslovenia fue reacia a la privatización, al punto de que, llegando al 2013, el fisco aún mantenía el control directo e indirecto del 76% de la economía; controlando bancos, telecomunicaciones y hasta la principal cadena de supermercados. El gasto fiscal alcanzaba un 49.9% del PIB.

¿El resultado? Estaba a punto de ir a la quiebra al estilo Griego. El desempleo se empinaba sobre el 14%, los sueldos reales caían a casi 5% anual y el déficit fiscal alcanzaba un 14.9% del presupuesto en condiciones de que la deuda llegaba a un 70.3% del PIB. Para colmar las malas noticias, estalló un caso de corrupción que involucró tanto al oficialismo como a la oposición.

Evidentemente las cosas no podían seguir así. Entonces el gobierno de centro-izquierda dio un giro radical, implementando un programa ambicioso de privatizaciones y una reforma tributaria para rebajar impuestos a las empresas de un 25% a un 17%.

En un año el crecimiento económico pasó de un negativo 4.6% a un positivo 2.1% (un aumento del 6,7%), el desempleo bajó 2 puntos porcentuales y los sueldos reales volvieron a crecer. Es entendible, entonces, por qué el gobierno de centro-izquierda esloveno continúa reduciendo impuestos y privatizando.

El gobierno de centro-izquierda chileno, sin embargo, va en sentido contrario -y qué sorpresa cabe- con resultados opuestos. Eslovenia ya probó que aumentar los impuestos y el control del gobierno sobre la economía trae consecuencias nefastas; sería bueno que Chile pudiese aprender de los errores de los demás antes de que sea demasiado tarde.

 

Daniel John Grady, encargado de Relaciones Internacionales en Ciudadano Austral.

 

 

FOTO: ELVIRA UZÁBAL / FLICKR