Cuando solo el 6% de los chilenos confía en el trabajo que realiza el Congreso, parece evidente que los parlamentarios deben empezar a hacer mucho más por reconquistar el apoyo popular, y eso pasa por no tomarse varios días libres cuando deberían estar trabajando, que para eso ya tienen cuatro semanas de descanso en febrero.
Publicado el 24.09.2015
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La última víctima del circo romano en que se han convertido las redes sociales es el Presidente de la Democracia Cristiana. La masa de internautas ya bajó su pulgar y condenó al senador de la Cuarta Región a ser devorado por las fieras del ciberespacio para matar el aburrimiento, de la misma forma en que actuaba la muchedumbre en el Coliseo: celebrando mientras corre la sangre. Ahora es Jorge Pizarro quien es descuerado en la arena por viajar a Londres para ver el Mundial de Rugby justo cuando los vecinos de su circunscripción sufren terremotos y tsunamis, y en plena semana distrital, cuando se supone que debería estar junto a los que lo eligieron.

Pero Pizarro no es el único que ha estirado las vacaciones de Fiestas Patrias en momentos aciagos para los habitantes de la Cuarta Región, pues el diputado por Coquimbo Matías Walker se fue a Nueva York a disfrutar algunos días de asueto con su familia, varias horas después del terremoto. El mismo parlamentario que no dudó en usar correos privados para criticar duramente al Arzobispo de Santiago hace pocos días, seguramente para ganarse el apoyo fácil y volátil de las hordas que exigían la renuncia de Ricardo Ezzati, está sufriendo en carne propia el castigo draconiano de los fiscales de internet que encienden la hoguera sin derecho a defensa ni apelación. Ahora sabemos que Walker tenía motivos personales bastante poderosos para no asistir al Te Deum.

Es difícil defender a Walker y Pizarro porque ya no basta con ser inocente para ser exculpado por la opinión pública. Aunque en rigor los dos parlamentarios de la Democracia Cristiana no han hecho nada ilícito ni ilegal, las reglas del juego han cambiado demasiado y ambos deberán rendir cuentas por no entender todavía en qué país y en qué época viven: un país en crisis permanente y bajo crispación, con gente que lo está pasando mal y que ha perdido la paciencia, y con muchos vociferantes que se hacen sentir ruidosamente en la calle” y en las redes sociales.

Ahora lo que importa es la percepción y no la realidad, y si la gente cree que una personalidad política o social merece ser vapuleada, los argumentos legales y jurídicos tienen bastante poco que hacer para paliar aquello. Después de todo, las personas votan por motivaciones más emocionales que racionales, y si un diputado o senador forma parte de una coalición que basa su campaña en la lucha contra la desigualdad o denunciando los privilegios de “los poderosos de siempre”, claro que irrita verlo después viajando con su familia a Londres o Nueva York mientras sus pobres electores sufren. Si además esos políticos ya han recibido cuestionamientos previos por sus dobles viáticos, sus altas dietas y campañas mal habidas, molesta saber que se pasean por Central Park o Trafalgar Square mientras sus electores han perdido sus modestas viviendas.

Pizarro y Walker han incumplido uno de los mandamientos clave del manejo de una crisis humanitaria: estar presente. Pudieron haber aprendido del ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, quien pasó a la posteridad por arremangarse y trabajar con el overol puesto entre los escombros aún humeantes de las Torres Gemelas. O de la propia Presidenta Bachelet, quien después de este terremoto sacó a relucir algunas de sus mayores fortalezas, acompañando a los más necesitados y transmitiéndoles palabras de apoyo y consuelo, disponiendo rápidamente de recursos para atender sus necesidades más urgentes. Cuando hay chilenos que sufren, estar presente es lo mínimo que se les puede exigir a las autoridades elegidas por votación popular, pues son precisamente estos gestos, que parecen insignificantes, los que sirven de paliativo a los más afligidos.

Cuando solo el 6% de los chilenos confía en el trabajo que realiza el Congreso, parece evidente que los parlamentarios deben empezar a hacer mucho más por reconquistar el apoyo popular, y eso pasa por no tomarse varios días libres cuando deberían estar trabajando, que para eso ya tienen cuatro semanas de descanso en febrero. Según La Tercera, por estos días una decena de parlamentarios se encuentra de vacaciones en el extranjero, incluyendo algunos que todavía no se recuperan de crisis recientes, como el presidente del PC, Guillermo Teillier, que se pasea por Buenos Aires cuando todavía no se aclara cómo llegó a tener una polémica ficha de protección social. La verdad es que estos parlamentarios no están haciendo lo suficiente por cambiar su mala imagen, y parecen no recordar que ya es bastante escandaloso que 8 de 32 miembros del Senado aparezcan vinculados a investigaciones del Ministerio Público, y que otro buen número de diputados siga el mismo mal camino.

Así como un alto ejecutivo no puede salir de vacaciones cuando su empresa atraviesa por una severa crisis —mucho menos si su trabajo ya es poco valorado—, igualmente parece impresentable que Pizarro y Walker se hayan ido a Londres y Nueva York cuando más se les necesitaba en la zona de la tragedia. Seguramente pensaron que podían irse porque la gente de Coquimbo no los necesitaba y no serían ningún aporte. Ahora es probable que sus electores piensen exactamente lo mismo.

 

Ricardo Leiva, Académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes.

 

 

FOTO:MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO