La primera mala señal que da el gobierno todos los días es negarse a reconocer las razones por las cuales Chile ha retrocedido durante los últimos 16 meses y alcanza hoy su peor momento de las últimas décadas.
Publicado el 10.07.2015
Comparte:

Treinta y seis horas después de que la Presidenta Michelle Bachelet celebrara en La Moneda el triunfo de Chile en la Copa América, su gobierno enfrentaba lo que probablemente pase a sus registros históricos como el “lunes negro”.

En el lapso de hora y media se publicaban dos encuestas, revelando ambas una aprobación presidencial en su piso histórico (entre 2 y 3 de cada 10 chilenos aprueba la manera cómo la Mandataria está conduciendo su gobierno); y el Banco Central entregaba la cifra IMACEC que mostraba un crecimiento de la economía en el mes de mayo de 0,8%, la mitad de lo esperado.

Si algo hay que reconocer al nuevo equipo político de La Moneda, es bastante más seriedad, preparación y experiencia que el anterior, suficientes para admitir que el problema político más importante que enfrentan hoy es precisamente el que desnudó como nunca antes en los últimos 16 meses ese lunes negro: un debilitadísimo liderazgo presidencial, para enfrentar una economía prácticamente en el suelo, con una inflación que preocupa y un déficit fiscal de -3% (la administración del ex Presidente Sebastián Piñera lo entregó en marzo de 2014 en -0,5%, para que se haga una idea de la gravedad de lo que está ocurriendo).

Tras meses de escucharlos negar lo evidente y de acusar a la ciudadanía de no entender lo que estaban haciendo por Chile (“es un problema comunicacional”, “las reformas son contraculturales, es natural su resistencia”, repetían el coro de la Presidenta Bachelet y su gabinete hasta hace tres semanas), es una gracia que quienes nos gobiernan admitan, al menos, que el país enfrenta hoy un momento complejo.

Hay, sin embargo, demasiadas señales de la incapacidad del gobierno para atajar las pelotas con clavos que están dañando el piso, diseñar una hoja de ruta efectiva y conducirla con la convicción y liderazgo necesarios, para empezar el de la propia Presidenta de la República. El problema no es el reconocimiento de lo que está ocurriendo, que por lo demás es evidente y no requiere un talento demasiado aguzado, sino uno muchísimo más de fondo, de raíces profundas y, por cierto, políticas.

La primera mala señal que da el gobierno todos los días es negarse a reconocer las razones por las cuales Chile ha retrocedido durante los últimos 16 meses y alcanza hoy su peor momento de las últimas décadas (este es, sin duda, el peor de los gobiernos post 90). No son los factores internacionales ni la crisis de la política, como repite todos los días el ministro de Hacienda, lo que mantiene a la economía en la “zona cero” y está aumentando el desempleo, sino un plan de reformas estructurales y que a partir de junio de 2014 paralizó la inversión. No es gratis que las reformas hayan causado la extrañeza de especialistas en el mundo entero, al punto de llamarlo “el experimento de Chile”; pocos entendían que un país que progresaba por una ruta segura durante 30 años, cambiara el rumbo y siguiera la pista de aquellos que han estado haciendo las cosas justo al revés.

La segunda mala señal es la irritante atmósfera de limbo que parece rodear a la Presidenta Bachelet, no solo por la porfiada voluntad que transmite para cumplir El Programa, contradiciendo la responsabilidad que intentan transmitir sus ministros más cercanos; también por su silencio respecto de temas de envergadura.

¿Va a insistir, por ejemplo, en el “proceso constituyente” que anunció para dentro un mes y medio, pese a ser tal vez el factor que genera hoy mayor incertidumbre? ¿Ha evaluado postergar la aplicación de ciertos aspectos de la reforma tributaria, como el IVA para las viviendas de más de dos mil UF?

¿Qué opinión tiene la señora Presidenta de la austeridad fiscal que está comprometiendo su ministro de Hacienda? ¿Alguna opinión porque su gobierno ha sextuplicado en menos de 16 meses el déficit fiscal?

¿Cómo espera financiar las reformas que, insiste, va a implementar antes de finalizar su gobierno? ¿Qué opinión tiene, cómo médico, de la legalización de la marihuana?

La tercera mala señal, y probablemente la más de fondo porque es estructural y por tanto sin solución, es el evidente conflicto existencial de la Nueva Mayoría (hoy “una minoría social”, como dijo el presidente de los radicales la semana pasada). En todas las coaliciones políticas hay diversidad de opiniones; en la antigua Concertación y en la Alianza hay diferencias en materias valóricas o en temas electorales e incluso constitucionales o respecto de la libertad económica. El punto es que al interior de la Nueva Mayoría las diferencias se dan prácticamente en todas las materias y en más de un tema de envergadura las posiciones son excluyentes: rol del Estado, alcance de la propiedad privada, democracia, derechos humanos, libertades, tratamiento de la violencia y la delincuencia, etc.

¿Qué mirada ha sido hasta ahora la que ha puesto la música en La Moneda? Salvo con el episodio del aborto, en el que momentáneamente se impuso la DC, hasta ahora la música la han puesto el PC, la bancada estudiantil y, en general, la orilla izquierda de la Nueva Mayoría, ya sea porque arrolla con un discurso que intimida en los medios, en las redes sociales y, por cierto, en el propio Congreso; ya sea porque la propia Presidenta Bachelet se siente más cómoda y cercana a esas posiciones.

Una mayoría valoramos la luz de responsabilidad que hemos visto esta semana en La Moneda, admitiendo que la plata para las reformas se acabó antes de lo esperado y que la economía se paró, amenazando un bien tan preciado para los chilenos como el trabajo. El problema, sin embargo, no se resuelve solo con reconocerlo: se necesita coraje para resistir la presión de una izquierda porfiada, para la cual ni los números, ni la realidad son un impedimento para imponer las “transformaciones” o la “revolución de derechos sociales”, precisamente las que originaron el mayor problema que enfrenta hoy la Presidenta Bachelet.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

Ingresa tu correo para recibir la columna de Isabel Plá