La Guerra del Golfo fue un punto de inflexión en la historia de EE.UU. y del mundo, porque hace un cuarto de siglo le permitió a Washington dejar atrás su humillante derrota en el Sudeste Asiático y comenzar a defender la idea de un nuevo orden mundial unipolar.
Publicado el 28.02.2016
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Los grandes conflictos militares suelen convertirse en hitos que la historia recoge como momentos clave en el devenir de los países. Y cuya sombra se proyecta inevitablemente hacia el futuro, transformando muchas veces las consecuencias en causas de nuevos acontecimientos, sean bélicos o no. Es el caso de la Guerra del Golfo.

El 28 de febrero de 1991, el gobierno del entonces Presidente George H. Bush proclamaba que el emirato de Kuwait había sido liberado, tras casi un mes y medio de guerra contra Irak. De esta forma, hace 25 años, para algunos llegaba a su fin el último conflicto militar de la Guerra Fría, mientras que para otros se trataba de la primera guerra de la Posguerra Fría.

Los puntos de vista pueden variar, pero resulta indiscutible que el desenlace de la Guerra del Golfo cerró etapas y abrió otras, precisamente por haber ocurrido en un momento de transición en la historia del siglo XX. Un instante delicado en que el mundo dejaba atrás el orden bipolar imperante de más de cuatro décadas y se aventuraba en un territorio completamente desconocido.

Cuando Saddam Hussein decidió invadir Kuwait el 2 de agosto de 1990, esperaba —erróneamente, por cierto— que tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se mantuvieran al margen, tal vez demasiado ocupados definiendo el futuro del mundo, en momentos en que Europa Oriental vivía cambios radicales y la URSS perdía paulatinamente su influencia.

Sin embargo, ambas potencias reaccionaron ante la invasión —cada una a su manera—, conscientes de que un episodio de esas características no podía quedar impune, ya que de lo contrario sentaría un nefasto precedente en el umbral mismo de un “nuevo orden global”.

El 15 de enero de 1991 vencía el último plazo dado por el Consejo de Seguridad de la ONU a Hussein para que se retirara voluntariamente de Kuwait, país que las fuerzas militares iraquíes habían ocupado brutalmente, causando muerte y destrucción. Y ante la negativa de Bagdad, se inició la Operación Tormenta del Desierto: la ofensiva militar de una coalición multinacional liderada por Washington y amparada en la legitimidad de las resoluciones del Consejo.

El éxito de esta ofensiva permitió expulsar a las fuerzas iraquíes e iniciar la reconstrucción de Kuwait. Un tema no menor, considerando los daños causados a la infraestructura del emirato durante la invasión y luego que Hussein, además, ordenara a sus tropas en retirada incendiar todos los pozos de petróleo posibles.

De las llamas de la Guerra del Golfo emergió una Unión Soviética humillada y debilitada ante el éxito arrollador de la Operación Tormenta del Desierto. A su vez, en las arenas del Golfo Pérsico, Estados Unidos enterró los últimos fantasmas de Vietnam; sus efectivos militares habían demostrado ante el mundo su eficacia y superioridad en combate.

La confianza obtenida durante este conflicto, sumada a la desaparición de la URSS en diciembre de 1991 y el inicio de una fuerte pugna política y teórica entre unipolarismo y multipolarismo que duraría casi una década, fueron los cimientos sobre los cuales se articuló la invasión de Afganistán en octubre de 2001, como respuesta a los atentados terroristas del 11-S contra Nueva York y Washington.

Y de ahí hubo solo un paso para la invasión de Irak, en marzo de 2003, cuyas consecuencias se extienden hasta hoy por gran parte de Medio Oriente.

La Guerra del Golfo fue un punto de inflexión en la historia de EE.UU. y del mundo, porque hace un cuarto de siglo le permitió a Washington dejar atrás su humillante derrota en el Sudeste Asiático y comenzar a defender la idea de un nuevo orden mundial unipolar.

Hoy el mundo es muy diferente. Irak pasó a ocupar el lugar de Vietnam en términos de lo que es una guerra injustificada, costosa e impopular. Asimismo, la confianza política y militar nacida de la Operación Tormenta del Desierto parecen haberse agotado hace mucho.

¿Cuánto tiempo tomará para que EE.UU. vuelva a tener una victoria como la de Kuwait? Es difícil afirmarlo, sobre todo considerando el creciente protagonismo de actores como Rusia y China. Pero lo más probable es que ese hito militar, cuando suceda, no volverá a ocurrir en el Golfo Pérsico.

 

Alberto Rojas M., director del Observatorio de Asuntos Internacionales Facultad de Comunicaciones y Humanidades Universidad Finis Terrae.

 

 

FOTO: U.S. ARMY IMCOM / FLICKR.