El Central ha elegido mantener puesto su traje de baños y no acudir a la fiesta nudista con los reformistas de la Nueva Mayoría, pues sabe que la marea seguirá bajando.
Publicado el 04.09.2015
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La publicación del IPOM (Informe de Política Monetaria) del Banco Central, como siempre, es un evento muy esperado, y con consecuencias inmediatas tanto en el ámbito político como en el económico. Como es usual también, y en la clásica función de los “observadores del Central”, hay que tratar de interpretar qué contiene este informe, y qué cosas definitivamente no calzan.

Vamos con los mensajes entrelíneas que serían a mi juicio lo más interesante de este informe. Llama mucho la atención que, en su acápite de reflexiones en la presentación del IPOM al Senado, se dedique tanto tiempo a especificar tanto el compromiso que tiene la institución en su rol de mantener la estabilidad de precios, como a los riesgos externos, y no se mencione, como sí lo ha hecho anteriormente tanto la institución como sus consejeros, la importancia y la necesidad de que el gobierno promueva políticas que hagan que la economía retome la senda de crecimiento.

¿Por qué tanto énfasis en el rol del Banco Central? Es cierto que su “historial” de inflación no ha sido el mejor en el último tiempo – dieciséis meses con IPC por sobre el techo del rango meta de 2% a 4%.  Sin embargo, todos entendemos que no es una tarea fácil contenerla con un 30% de depreciación del peso. Luego, en el tema de los riesgos externos, hace bastante hincapié en la debilidad de China, el fortalecimiento de USA y la fragilidad de Latinoamérica. Si conectamos lo anterior con el rol del Central en la estabilidad de precios, me parece que lo que el instituto emisor nos está diciendo es que la desaceleración China seguirá golpeando el precio del cobre, que el fortalecimiento de USA apreciaría aún más el dólar a nivel mundial y que la fragilidad latina seguirá provocando más salida de capitales de la región. ¿Nos estará preparando el Central, sutilmente, para una mayor depreciación del peso, que presionaría la inflación manteniéndola por sobre el techo de 4% anual más tiempo de lo deseado, y que por lo tanto deberá subir las tasas y desacelerar aún más la economía?

Llama la atención que no explique por qué el significativo recorte en las estimaciones de crecimiento de la inversión del PIB para el 2015, desde un “+0.7%” a un “-1.2%”, lo cual nos deja con dos años seguidos de caídas en la inversión. Es más, ni siquiera un llamado en el IPOM, o en las reflexiones que hace de éste ante el Senado, a quienes competa, a hacer esfuerzos para subir el ánimo de empresarios y gobierno para empujar el carro de la recuperación.

Por último, los pronósticos para el 2016 me parecieron inconsistentes con sus llamados a precaución con los riesgos externos e inflación, y las obvias consecuencias de dos años de contracción de inversión y de las sí mencionadas alicaídas perspectivas de empresarios y consumidores.  ¿Por qué el Central proyecta que el consumo, tanto el privado como el de Gobierno, aumentará 3.3% en el 2016? Todos sabemos que el Fisco tendrá que morigerar significativamente sus gastos el próximo año y el consumidor privado tendrá más desempleo, y salarios más módicos, como se da a conocer en el informe de percepción de negocios de la misma institución y se menciona en el IPOM. Si este año el crecimiento del consumo se reduce respecto al IPOM de junio, desde un 2.7% a 2.1%, ¿cómo podría crecer más el 2016 con todas las variables relevantes apuntando en el sentido contrario? Es más, el Central pronostica un aumento de la inversión en el 2016 (1.9%), cuando otros países productores de commodities como Australia y Canadá tienen pronósticos de caída.  Dejo fuera expresamente a Brasil y Rusia, porque sus proyecciones son francamente pavorosas.

Si fuera mal pensado diría que el Central, luego de sus intervenciones anteriores, donde establece de hecho que el plan reformista del gobierno explica parte de la desaceleración, está protegiéndose por los malos resultados en la contención de la inflación, que es su deber constitucional, y quiere evitar darle argumentos al mundo político para que lo critique o vapulee. Y tiene toda la razón el Central en protegerse, pues algunos en la Nueva Mayoría, como lo han demostrado latamente hasta ahora, no han dudado en debilitar aquellas instituciones que no se someten a la comunión de su evangelio igualitario.

Adicionalmente, y tratando de entender, tanto el inesperado mutismo del Central respecto a las responsabilidades del gobierno en la desaceleración económica, como sus más bien inconsistentes pronósticos para el 2016, podría ser que el Instituto Emisor estuviera prestándole ropa a la dupla Burgos–Valdés, que en su compleja y extenuante misión de incorporar racionalidad a un gobierno reformista, que avanza impávido al quiebre económico y político, necesita ayuda.

En el mundo de las inversiones, para distinguir a los buenos consejeros de los malos se dice que cuando baja la marea se sabe quién andaba nadando desnudo. El Central ha elegido mantener puesto su traje de baños y no acudir a la fiesta nudista con los reformistas de la Nueva Mayoría, pues sabe que la marea seguirá bajando.

 

Manuel Bengolea, Economista Octogone.

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO