El llamado no puede ser más atingente a la situación actual, donde la irrupción de la política del populismo, consagrada en aras de la justicia social, pero con el objetivo de servir a quienes gritan en la calle, tiene a nuestra economía sumida en la peor desaceleración de los últimos 40 años.
Publicado el 10.09.2016
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Como lo esperaba el mercado, el Informe de Política Monetaria del Banco Central (IPOM) venía con una rebaja en las proyecciones de crecimiento y, finalmente, con la inflación dentro del rango meta definido por éste. Sin embargo, lo suculento, como es costumbre, fue la lectura entre líneas y los mensajes implícitos y explícitos del instituto emisor para todos aquellos que tienen en sus manos la responsabilidad de definir, en mayor o menor grado, el camino que seguirá este país en el transcurso de los próximos años.

Comencemos con lo obvio. Nuevo recorte en los ya famélicos pronósticos de crecimiento económico, lo que era totalmente esperado. La novedad es que no sólo hace un llamado a que el actual escenario de bajo crecimiento, que se extiende por cuatro años, en torno al 2% debiera no sólo concitar nuestra preocupación, sino que debemos asumir como prioridad el re-acelerar la actividad a su potencial de crecimiento; esto es 3.2%.  Respecto de la inflación, la buena noticia es que finalmente el Central cumplió con su mandato y logró que ésta se colocara dentro del rango meta (2% – 4%), y con pocas posibilidades de salir de ahí a consecuencia de lo primero.

Lo interesante del IPOM son las reflexiones del presidente del Central quien, además de dejar la presidencia luego de cinco años, hace repetidos llamados, que espero los políticos no desdeñen, a reponer el crecimiento económico como estrategia de política pública con la obvia intención de que con el retorno de éste se generen más empleos, mejores salarios y más oportunidades para las familias, sobre todo cuando las alternativas de política monetaria y fiscal no pueden, según sus propias palabras, afectar el crecimiento tendencial de la economía, sino que sólo suavizarlo.

Una de las novedades de este IPOM es el respaldo implícito a la labor del ministro Valdés, por su rol para contener los llamados de varios políticos dentro de la Nueva Mayoría, en cuanto a que el gasto fiscal debe aumentar, y se extiende en explicar por qué el aumento irresponsable del gasto fiscal, lo que significaría no expandirlo más allá del 3% en el 2017, no tendría efectos positivos en la economía. El presidente del Central menciona explícitamente que el gasto desmandado (expansión por sobre el crecimiento potencial), por muy potente que parezca su efecto en el crecimiento de la actividad, si los agentes juzgan que no es coherente con los equilibrios macroeconómicos, su impacto será bajo y hasta podría llegar a ser contraproducente.  Este fue el caso, como lo constatamos los chilenos en el 2015, que con un incremento del gasto fiscal por sobre el 10%, las consecuencias para la actividad de dicho año fueron irrelevantes. La gran diferencia, como lo menciona expresamente en el IPOM, es que el nivel de deuda fiscal era muy bajo entonces, situación que hoy en día no es así.  La responsabilidad fiscal de Chile en los últimos 40 años es un activo valioso que ha beneficiado a todos los chilenos y que se debe cuidar.

El mensaje del IPOM en su parte de las reflexiones al Senado tiene dos objetivos claros, y quien no los entiende o es mal intencionado o lisa y llanamente ignorante, y éstos son: (1) No se puede utilizar la política fiscal con fines electorales, por más que ciertos políticos de la Nueva Mayoría, con el pretexto de la justicia o el bienestar social, hagan coincidir convenientemente sus intenciones de incremento de gasto con las necesidades de los más pobres y con las elecciones. Si realmente lo que se busca es profundizar las políticas sociales, entonces la mejor forma de conseguir los recursos para hacerlo, es vía el crecimiento económico. (2) Chile es uno de los pocos países de la región que ha logrado llegar al borde del desarrollo como consecuencia de la seriedad de sus políticas macroeconómicas, mientras otros las desaprovecharon, o desdeñaron, y hoy están sumidos en la ciénaga del populismo. Y, lo que sería la guinda de la torta, es cuando cierra su llamado diciendo que en el largo plazo los países son dueños de su propio destino y detrás de aquellos que se desarrollaron y le dieron un mejor nivel de vida a su población, están las buenas políticas públicas.

En resumen, el llamado no puede ser más atingente a la situación actual, donde la irrupción de la política del populismo, consagrada en aras de la justicia social, pero con el objetivo de servir a quienes gritan en la calle, tiene a nuestra economía sumida en la peor desaceleración de los últimos 40 años. Es más, el único periodo en que la inversión cayó tres años seguidos, sin mediar ninguna crisis externa, como es el caso de Chile en el período 2014–2016, fue en el trienio 1971–1973.  Espeluznante coincidencia, que en la historia moderna de Chile, cada vez que los socialistas radicales y los comunistas lideraron una agenda reformista con vicios populistas, el país haya terminado sumido en una crisis de credibilidad y confianza, y que los ciudadanos más frágiles, a los que se les prometió un atajo al bienestar, terminaran siendo los más perjudicados y quienes pagarán la irresponsabilidad de un programa de gobierno mal diagnosticado, mal diseñado y mal ejecutado.

 

Manuel Bengolea, Estadístico PUC y MBA de Columbia, NY.

 

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO.