La única esperanza es que el gobierno instale una agenda pensando en las personas más que en su propio interés político, para así dar señales para que las familias puedan gastar en bienes y servicios, logrando impulsar a las empresas para que inviertan y rompan este círculo vicioso.
Publicado el 09.06.2016
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Ayer se entregó el IPC de mayo que alcanzó a 0,2%, y no hace mucho también supimos que el índice de remuneraciones bajó 0,3% en la última medición de mayo.

Pero las malas noticias no terminan: el desempleo también ha estado al alza y en la última medición de abril llegó a 6,4%, superior al mes anterior y al mismo periodo del año pasado. Como diría alguien, todo mal.

Lamentablemente, la autoridad parece indolente frente a esta realidad que golpea muy fuerte a miles de chilenos que no tienen qué llevar a su casa para comer o lo que compran es menos porque las remuneraciones también disminuyeron.

El bajo nivel de crecimiento económico está golpeando fuerte y hay que lograr un cambio profundo en las expectativas, de lo contrario llegaremos a una situación de desesperanza que marcará un ambiente social crispado, el que en nada ayuda a salir adelante.

Hemos estado pagando una fiesta política que se dio este gobierno en cuanto a radicalizar reformas que a todas luces fueron ampliamente rechazadas por la ciudadanía: la tributaria y la educacional.

Pero el lector podrá decir, ¿qué tiene que ver eso con la economía? La respuesta es… mucho. Se nota en la actividad económica medida en forma instantánea a través del Indice Mensual de Actividad Económica, IMACEC, que en su última medición creció un leve 0,7%, bastante por debajo del 1,9% que esperaban los analistas. Esto refleja un crecimiento escaso o nulo, que se explica porque las personas que tienen empleo y las empresas han decidido frenar su gasto. En el caso de los primeros, es porque obviamente la incertidumbre de perder el trabajo hace que las personas frenen su gasto familiar y, cuando eso pasa, la demanda por bienes y servicios disminuye, por lo que las empresas venden menos y producen menos, siendo esa la causa del aumento en el desempleo.

Lamentablemente así se “cuadra el círculo”. Todo está vinculado a razones de confianza, porque si las empresas ven que venden menos, tampoco invierten para asegurar crecimiento y, no habiendo nuevos proyectos, tampoco hay nuevos empleos.

El dicho “el pan nuestro de cada día” es lo que con preocupación vemos que se hace más difícil de conseguir.

La única esperanza es que el gobierno instale una agenda pensando en las personas más que en su propio interés político, para así dar señales para que las familias puedan gastar en bienes y servicios, logrando impulsar a las empresas para que inviertan y rompan este círculo vicioso.

 

William Díaz R., economista y director ejecutivo Experior Consultores.

 

 

DISEÑO:SANDRO BAEZA/AGENCIAUNO