Lo que exige Ignacio Walker es respeto a lo que la izquierda predica pero suele olvidar: la diversidad. Esto es clave para la existencia de una coalición con profundas diferencias filosóficas.
Publicado el 08.11.2014
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La DC convocó a un cónclave por los reiterados roces con el PC, agravados por las declaraciones del embajador comunista en Uruguay Eduardo Contreras. En palabras de Gutenberg Martínez: “la herida por el impasse con el embajador Contreras está lejos de haber cicatrizado”, o Renán Fuentealba, fundador del PDC, “es un agravio, una ofensa… el embajador debiera ser lo suficientemente hombre para irse, para dejar el cargo, pero no lo hace…”.

Inicialmente, las discrepancias fueron por la violación de derechos humanos cometida por el régimen autoritario de Nicolás Maduro. Hoy son por la reforma educacional, donde reaparece la obsesión estatista del PC ante la defensa de la libertad con justicia social de la DC.

¿Puede sorprendernos? La DC surge históricamente como un partido de inspiración cristiana (no confesional), sobre los principios que fundan un Humanismo Integral (Maritain), que se sustenta sobre una filosofía política centrada en la persona y sus derechos fundamentales. Que entiende al Estado como una institución al servicio del bien común, de acuerdo a los principios de subsidiariedad y solidaridad (Doctrina Social de la Iglesia), para promover la libertad, la justicia social y la amistad cívica. Estos principios se encuentran en las antípodas de la dialéctica (lucha de clases) que son la esencia de la ideología comunista.

Esto explica por qué la DC se opuso a la vía socialista de Allende. Este fue el sentido de las llamadas “garantías constitucionales”. Dicha oposición se endureció desde el momento en que el ex Presidente Allende transgredió dichas “garantías” y se fue apartando del orden constitucional y democrático, tratando de imponer -desde una minoría electoral- un régimen estatista de inspiración marxista, como lo denunciaran Eduardo Frei Montalva, Patricio Aylwin e ideólogos como Jaime Castillo Velasco y Claudio Orrego Vicuña, bajo el impulso y apoyo de un amplísimo electorado.

No se puede reprochar a la DC haber apoyado el Golpe de Estado. En ese contexto, fue fiel a sus principios. La intervención de las Fuerzas Armadas aparecía para la mayoría del país como la única salida para evitar una guerra civil y la consolidación de un régimen marxista.

Los obispos chilenos, encabezados por el Cardenal Silva Henríquez, ya lo veían con lucidez en 1971: “En Chile no se está construyendo un socialismo cualquiera, sino un socialismo de inspiración marcadamente marxista… hoy día, es la ideología marxista la que anima a los grupos más representativos que se encuentran dirigiendo el actual proceso de construcción del socialismo” (Evangelio, Política y Socialismos, p.29).

Se le podrán criticar muchas cosas al partido de la falange. Sin embargo, en materia de los derechos de la persona, la DC no tiene tejado de vidrio como el PC. La historia del siglo XX será recordada por los genocidios cometidos por el comunismo y el nazismo. Lo que exige Ignacio Walker es respeto a lo que la izquierda predica pero suele olvidar: la diversidad. Esto es clave para la existencia de una coalición con profundas diferencias filosóficas. Como dice Renán Fuentealba: “nosotros no queremos una educación totalitaria. Queremos una educación que respete la libertad de enseñanza”.

 

Rodrigo Ahumada, Director Escuela de Historia y Geografía Universidad San Sebastián.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO