La interrogante es si la recomposición de los ánimos al interior de la coalición será un acto genuino y permanente de recomposición de las confianzas o simplemente nos tendremos que acostumbrar a una coalición que convive sin llegar a quererse.
Publicado el 06.01.2016
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¿Quién ganó o perdió con el “incidente Burgos”? Recordemos que el caso se originó con la decisión de la Mandataria de realizar una visita a la región de La Araucanía. La versión oficial señala que quienes planificaron el viaje no informaron al ministro del Interior. Los hechos posteriores son conocidos: la Democracia Cristiana protestó, el ministro presentó su renuncia, la Presidenta dio explicaciones y le pidió que continuara, Burgos le señaló que “esto no se podía volver a repetir” y decidió pasar el año nuevo en una comisaría en la comuna de Ercilla, y el impasse fue formalmente superado con el encuentro entre la Presidenta de la República y el Presidente del PDC.

En el incidente todos los actores involucrados perdieron. Veamos:

El pueblo mapuche perdió, pues a una mal planificada acción comunicacional del gobierno, se sumó este bochornoso impasse que postergó por enésima vez el debate de fondo que se relaciona con la forma en que el Estado de Chile ha intentado resolver la situación de los pueblos indígenas. Se terminó discutiendo sobre las intrigas de Palacio cuando en realidad se debió abrir un debate serio, responsable e inclusivo sobre el despojo que han vivido los pueblos indígenas, la apropiación histórica que se hizo de sus recursos patrimoniales y naturales, y los mecanismos para avanzar en una resolución pacífica y dialogada de este conflicto.

Pierden los habitantes de La Araucanía cuando las señales que se envían desde las principales autoridades de gobierno se asocian casi exclusivamente con la cuestión de seguridad. Tanto la gira de la Presidenta como la posterior visita del ministro Burgos pusieron especial énfasis en la situación de violencia, sin entrar a debatir los determinantes de ella. Para comunidades que históricamente han sido maltratadas por el Estado de Chile seguramente resulta indignante ver a un ministro del Interior que llega en un helicóptero a la comuna de Ercilla, donde precisamente comenzó el plan de “pacificación de La Araucanía” más de un siglo y medio atrás, y que es recibido por fuerzas policiales en postura de alistamiento. Inaugurar el año con un ministro pernoctando en una comisaría es por decir lo menos violento. Nada se dice de promover un desarrollo económico sensible a las diferencias, del establecimiento de un diálogo de buena fe con las comunidades indígenas, de transformar el enfoque centrado en la seguridad de las políticas gubernamentales orientadas a la región, de la necesidad de promover políticas que reconozcan a Chile como una sociedad diversa, etc.

Pierde la Nueva Mayoría. Recordemos que por primera vez en 25 años, una coalición de gobierno obtuvo una mayoría sustantiva en ambas cámaras. Dos años de gestión y un cambio de gabinete entremedio no han logrado dar con el tono de esta administración. En un sistema multipartidista los partidos de una coalición están condenados a convivir unos con otros. Encontrar el justo equilibrio entre intereses, ideología y gobernabilidad es complejo pero la solución no puede ser una convivencia basada en la desconfianza y la intriga. Se requiere un acuerdo de gobernabilidad que asegure mínimos programáticos, ideológicos y políticos y es precisamente aquello lo que no se ha logrado. Mientras algunos segmentos del PDC se sienten incómodos en la Nueva Mayoría, otros segmentos en la izquierda buscan agudizar las contradicciones. El acuerdo de gobernabilidad dentro de la coalición no ha cuajado y aquello convierte cada discusión política, cada proyecto de ley, cada acción política que se planifica en un tironeo desgastador y amenazante.

Pierde la Presidencia, dado que se cuestiona el modelo de toma de decisiones y la estructura de organización en el corazón del gobierno. El centro de gobierno en un sistema presidencial radica en la Presidencia de la República. Allí deben planificarse las prioridades, resolverse los conflictos y articularse a los actores que conforman la coalición. Un centro de gobierno débil afecta seriamente al conjunto de la administración.

Pierde el ministro Burgos al establecer una demanda imprudente a la Presidenta (que “no se vuelva a repetir”), y al explicitar diferencias con la Presidencia en el manejo de ciertos temas políticos (en este caso, la situación de La Araucanía). En un sistema presidencial un ministro no puede indicarle a la Presidenta lo que debe o no debe hacer. Aquella conversación seguramente privada no debió transcender.

Pierde la ciudadanía, que se distancia cada vez más de una política centrada en las intrigas y conflictos entre partidos políticos y crecientemente se disocia del sistema político democrático. La “política” se transforma en un espectáculo cruzado por pugnas de poder y carente de debate de ideas, principios o programas. La respuesta ciudadana es desafección y apatía.

Así, todos(as) pierden con este innecesario incidente. La interrogante es si la recomposición de los ánimos al interior de la coalición será un acto genuino y permanente de recomposición de las confianzas o simplemente nos tendremos que acostumbrar a una coalición que convive sin llegar a quererse.

 

Claudio Fuentes S., cientista político, director de la Escuela de Ciencia Política, Universidad Diego Portales.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO