Es probable que la decisión tenga que ver con un nacionalismo que ha emergido con fuerza en los últimos meses y que sin decir expresamente “Estados Unidos para los norteamericanos”, en la práctica avanza en esa línea, por la vía de las amenazas de expulsiones, muros y demases.
Publicado el 28.01.2017
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Se ha comentado mucho en el último tiempo sobre la irrupción de Donald Trump como figura política, su crecimiento como candidato y su elección como Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

En diversos lugares del mundo hay temor e irritación: en algunos casos se trata de malos perdedores, o bien de personas que legítimamente habrían preferido otro gobernante en la potencia del norte.  Sin perjuicio de ello, también es posible que algunos estén nerviosos porque el propio Trump ha producido esas sensaciones, con su estilo autoritario y su rechazo a los acuerdos. Parece que disfrutara con su rol de “malo de la película”,  que avanza en el juego por su astucia y sus victorias. Es el Presidente constitucional de los Estados Unidos,  pero en un ambiente tenso y que tiene esas reacciones de indignación tan propias de nuestras democracias contemporáneas.

Desde el pasado viernes 20 de enero Trump ya es Presidente, y comenzó su período reafirmando su estilo, en medio de protestas y de una información que se difunde de manera demasiado sesgada y partisana -habitualmente en su contra- como para poder tener una visión de conjunto realista y objetiva.

De sus primeras decisiones han aparecido cosas buenas y otras malas. Sin embargo, hay una que podría incluirse entre las incomprensibles: la eliminación del idioma español del sitio web de la Casa Blanca. Se trata de algo no anunciado de manera expresa durante la campaña y que,  por lo mismo, ha generado desazón. Entre las bravatas y amenazas de campaña no aparecía esta que resulta curiosa y torpe, innecesaria y algo ofensiva. Además, eventualmente podría volverse contra la administración republicana.

Las reacciones no se han hecho esperar. Desde la Real Academia Española hasta diversas autoridades del mundo cultural han expresado que se trata de una medida absurda o arbitraria (o ambas). Se trata más bien de un sentimiento de impotencia y frustración, pero hay que tenerlo en cuenta.

¿Qué hay detrás de una decisión de este tipo? ¿Qué quiere exactamente la administración Trump?  ¿Y qué resultará de esta iniciativa?

Es probable que la decisión tenga que ver con un nacionalismo que ha emergido con fuerza en los últimos meses y que sin decir expresamente “Estados Unidos para los norteamericanos”,  en la práctica avanza en esa línea, por la vía de las amenazas de expulsiones, muros y demases. Tal vez no se estima necesario mantener el español en una página web que quizás tenga pocas visitas. O tal vez simplemente se trata de un experimento para probar reacciones y evaluar nuevas decisiones.

La reacción contra el español dentro del gobierno de Estados Unidos -o al menos de su página web- debe tomarse en serio por todos aquellos interesados en el tema. Sin embargo, no hay que caer en ninguna sobre reacción que termine poniendo las cosas peor de lo que están.  Sería absurdo reaccionar contra el inglés o contra la riquísima cultura estadounidense, y meter todo en el mismo saco de animadversión política. No sabemos cómo terminará esta historia, aunque algunos funcionarios norteamericanos han precisado que se trata de un asunto técnico y no de una resolución política destinada a perdurar. Habrá que ver si así es.

Es posible que el español desaparezca de la página web de la Casa Blanca, como ha ocurrido en esta ocasión, mostrando uno de aquellos lujos o exabruptos que se permiten en el uso o abuso del poder.

Después de todo, la posibilidad de revertir esta decisión puede incluir reclamos, argumentos y explicaciones sensatas, pero eso podría no conmover a los líderes que han tomado la determinación. Quizá prime la ceguera o la torpeza política, la ignorancia o la confianza excesiva en los resortes del poder. Incluso la falta de formación o de comprensión de la complejidad de la sociedad actual les impida ver que esta decisión puede volverse en contra de la Casa Blanca, que se priva de una extraordinaria potencia comunicacional, como es el español. O quizá la decisión “técnica” se revierta y el idioma español vuelva a ser un recurso de comunicación para el Gobierno de Estados Unidos.

En cualquier caso, una actitud inteligente y que considere en realidad el valor de la lengua española debe apostar por más, debe jugarse no por los reclamos sino por las iniciativas, no por el poder sino por la realidad social, no por las letras desaparecidas en la web sino por las palabras y conceptos que deben ser parte de la cultura actual en el mundo entero, y también en Estados Unidos.

La página vacía de Internet no se combate con llantos o negativismo, sino con libros y prensa, con conferencias, coloquios y centros de estudios, con conversaciones familiares, amistosas o profesionales. Con muchas lecturas y capacidad de diálogo. Con el deseo ferviente de los inmigrantes para aprender inglés, pero sin abandonar su lengua madre, la de Cervantes si es el caso.

Pasarán dos o tres décadas y habrá más personas hablando español en Estados Unidos que en la mayoría de los países del mundo. Esa es una gran oportunidad y la mala noticia reciente debe animar a repensar un tema con historia, con debate presente y con un gran futuro por delante.

 

Alejandro San Francisco, historiador, columna publicada en El Imparcial, de España