Cecilia Morel ha comenzado a jugar el rol de protectora de la imagen de su marido. Se ha entendido que, desde que dejó La Moneda, nadie como ella puede dar fe de que Piñera ha cambiado, está menos ansioso y más humilde. Y así lo ha comentado en los medios.
Publicado el 03.04.2017
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Cuando se tienen más de 20 precandidatos a la Presidencia, la carrera electoral exige de estrategia y buen uso de los activos para diferenciarse, por mucho que se lidere en las encuestas. Así lo ha visto el equipo de Sebastián Piñera, que desde el lanzamiento de su campaña y las sucesivas apariciones en la prensa ha entendido que si hay una herencia que atrae de su primer Gobierno, es Cecilia Morel.

El estudio de la Comunicación Política se ha volcado en los últimos años al análisis del rol que cumplen las Primeras Damas tanto en campaña como durante el Gobierno de sus maridos. Lógicamente, el grueso de los estudios se enfoca en la realidad norteamericana, pero los paralelos con la esposa de Piñera resultan fascinantes.

En primer lugar, Morel ha comenzado a jugar el rol de protectora de la imagen de su marido. Se ha entendido que, desde que dejó La Moneda, nadie como ella puede dar fe de que Piñera ha cambiado, está menos ansioso y más humilde. Y así lo ha comentado en los medios.

Tal como Nancy Reagan defendió a su marido tras el atentado en su contra y con la larga enfermedad que lo llevó a la muerte, y el resguardo frente a la prensa por el que se caracterizaron Edith Wilson y Eleanor Roosevelt, Cecilia Morel ha asumido la tarea de hacer más cercano a alguien que sencillamente carece de esa virtud, lo que lo llevó al permanente intento frustrado por bacheletizarse durante todo su primer Gobierno.

En segundo lugar, la mujer de Piñera está interpretando activamente el rol tradicional de madre. Se ha convertido en la barrera que evita que sus hijos salgan dañados ante cualquier acusación. Así lo ha dicho varias veces. Jackie Kennedy y Hillary Clinton hicieron lo propio con sus hijos en tiempos difíciles, y en el caso chileno el contraste con el descuido de Michelle Bachelet con sus hijos contrasta fuertemente con la imagen maternal de Morel.

En tercer lugar, Morel ha manifestado nuevamente querer encabezar una causa personal de ser electo su marido, tal como lo hiciera con Elige Vivir Sano en su primera incursión como primera dama. Esta vez los ancianos serían el foco de atención. Betty Ford se asocia con la lucha contra el cáncer de mama, Barbara Bush con su cruzada contra el analfabetismo, Laura Bush con su campaña por aumentar los niveles de lectura entre los norteamericanos y Michelle Obama con su iniciativa para que el ciudadano medio adquiriera hábitos de vida sanos.

Chile, a este respecto, tiene también su tradición reciente: Marta Larraechea y el MIM, y Luisa Durán con el programa Sonrisa de Mujer. Resulta interesante el hecho de que las dos veces que hemos sido gobernados por una mujer no hay recuerdo de cruzadas personales de carácter social. A este respecto, la bibliografía norteamericana ha sido prolífera en preguntarse qué ocurrirá cuando sea una mujer la que llegue a la Casa Blanca. Sólo cuentan con la experiencia de Presidentes viudos o separados, situación en la que se designaba a una mujer (no necesariamente un familiar) para darle continuidad a las tareas propias de una first lady.

Por último, algo que podrá molestar a algunas es la cantidad de estudios que hacen referencia al modo de vestir, el corte de pelo y el análisis de discurso que se ha hecho de las primeras damas norteamericanas del último siglo. A modo de ejemplo, y para que las feministas no se molesten, la misma Hillary Clinton destacaba en su biografía de Twitter que era adicta a los trajes con pantalón y, además, se reconocía como referente en materia de peinados.

Y es que eso es lo interesante de la figura de la Primera Dama, sobre todo en un país como Chile: desde su forma de vestir hasta sus cruzadas sociales pueden beneficiar directamente a quien gobierna.

En esta campaña, como nunca antes desde recuperada la democracia, es la esposa la que puede terminar de darle el empujón ganador a su marido. Y eso Cecilia lo sabe.

 

Alberto López-Hermida, doctor en Comunicación Pública y académico UAndes

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO