Como una burlona paradoja, la ley que supuestamente busca proteger a las iglesias patrimoniales chilotas impide a las propias comunidades tomar la iniciativa para reparar sus capillas. En Chiloé, la minga está vetada en cuanto a recuperar dichas construcciones y ha sido reemplazada por el anonimato de las oficinas gubernamentales, el papeleo constante y la tramitación sin fin.
Publicado el 05.11.2016
Comparte:

La minga es una clara expresión del apoyo mutuo originado desde la sociedad civil organizada, sin depender de la venia de la burocracia estatal. Esta práctica tradicional chilota permitía el trabajo cooperativo de las comunidades, ya sea para llevar a cabo las cosechas, el traslado de casas, la construcción de puentes o la reparación de capillas. Los vecinos resolvían de manera mancomunada, espontánea y sin esperar papeleos ni permisos de la autoridad, diversas problemáticas que afectaban a los miembros de la comunidad.

Actualmente, la iglesia de Ichuac en Chiloé se cae a pedazos mientras la lluvia sureña debilita cada vez más su débil nave principal. Sus vecinos son tristes espectadores del proceso de destrucción que sufre lo que sus bisabuelos edificaron muchos años antes junto a otros chilotes. Las nuevas exigencias y trabas de la autoridad en cuanto a la restauración de las iglesias les impiden organizar una minga para poder reparar el edificio como se hacía antes. Ahora deben esperar la acción de los burócratas, mientras las capillas se deterioran implacablemente.

Como una burlona paradoja, la ley que supuestamente busca proteger a las iglesias patrimoniales chilotas impide a las propias comunidades tomar la iniciativa para reparar sus capillas. En Chiloé, la minga está vetada en cuanto a recuperar dichas construcciones y ha sido reemplazada por el anonimato de las oficinas gubernamentales, el papeleo constante y la tramitación sin fin.

Las iglesias chilotas, consideradas patrimonio de la humanidad por la Unesco en 2000, han caído en el mismo desdén burocrático que tiene podrido al Servicio Nacional de Menores. Su reparación se ha retrasado por el abultado papeleo en medio del cual, finalmente, se diluyen las responsabilidades de los funcionarios y se ahoga la libre iniciativa de los ciudadanos. Porque contrario a lo que algunos piensan, el afán de colocar al Estado como eje de todo lo social y de reemplazar a la sociedad civil por la estructura burocrática no favorece a la sociedad, sino que termina por mermar o inhibir su capacidad asociativa.

Las propias comunidades chilotas no pueden reparar ni proteger su patrimonio, aunque quieran hacerlo, puesto que el Estado ha pretendido imponerse sobre ellas como único agente capaz de resguardar tales edificaciones. Así, las iglesias centenarias y mantenidas por años por las propias comunidades hoy se caen a pedazos exclusivamente por una burocracia abultada que lo único que nos dejará como patrimonio arquitectónico será una gran cantidad de carpetas y papeles en alguna oficina del Estado.

 

Jorge Gómez Arismendi, director de Investigación de FPP