Proyectar, de acuerdo a los resultados obtenidos por Chile Vamos en la elección municipal, que aumentaron las probabilidades de que la derecha gane la próxima presidencial, parece más un espejismo electoral que realismo político.
Publicado el 06.11.2016
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En una reciente entrevista, el ex Presidente Sebastián Piñera señaló que el próximo gobierno tendrá la misión de rectificar la obra gruesa del actual, en referencia a las reformas implementadas por Michelle Bachelet durante su segunda estadía en La Moneda.

Las palabras del ex Mandatario denotan un triunfalismo desmedido, toda vez que para que exista un giro copernicano en la lógica de la “retroexcavadora”, primero tiene que haber un cambio de signo político de quienes gobiernen a partir del 2018. Y proyectar -de acuerdo a los resultados obtenidos por Chile Vamos en la elección municipal- que aumentaron las probabilidades de la derecha de ganar la próxima presidencial, parece más un espejismo electoral que realismo político.

Hay que tener mucho cuidado con las ilusiones ópticas, con el vergel que se aprecia a la distancia, y que en la práctica no existe. Un ejemplo de esto es la equivocada comparación que han hecho varios importantes dirigentes del pacto opositor entre estos comicios municipales y los de 2008. La interpretación es que, así como hace ocho años los resultados de esa elección fueron la antesala del triunfo de Piñera en 2009, ahora el escenario sería bastante similar, constituyendo una señal clara de que la carrera presidencial está inclinada hacia la derecha.

Aquella exégesis carece de sustento por varias razones, pero la principal es que se trata de procesos electorales muy distintos, dado que en 2008 existía voto obligatorio y hoy contamos con sufragio voluntario. Este factor marca una diferencia relevante, no solo porque desde entonces se ha reducido de manera sustancial la participación electoral (entre las últimas dos municipales cayó ocho puntos porcentuales, pasando de 42% a 34%), sino que además el comportamiento de los electores se ha vuelto cada vez más impredecible.

Además, cabe considerar otro punto: cuánto de los resultados obtenidos por Chile Vamos el 23 de octubre pasado representa un voto efectivo de adhesión al conglomerado opositor y cuánto un voto de castigo al gobierno y la Nueva Mayoría. Esa diferencia puede ser determinante para lo que ocurra en las elecciones del próximo año. Porque si se trata mayoritariamente de un voto castigo al oficialismo, la coalición de gobierno todavía tiene chances de revertir el adverso panorama actual.

En este sentido, el fuerte crecimiento del senador Alejandro Guillier en los sondeos da cuenta de que la Nueva Mayoría sigue siendo muy competitiva en términos presidenciales, pese al enorme rechazo que expresa la ciudadanía hacia la actual Mandataria y su gobierno. Hacer vaticinios triunfalistas en un escenario tan líquido es un tremendo error.

También pienso que es una equivocación que Chile Vamos coloque el foco principalmente en volver a La Moneda, cuando tanto o más importante será equilibrar las fuerzas al interior del Congreso. De nada le servirá a la derecha volver a gobernar si es que tiene un Parlamento en contra. Y el riesgo de esto es alto, tomando en cuenta que la próxima elección legislativa será sin sistema binominal, con redistritaje y más competitiva, ya que participará un mayor número de partidos y candidatos.

En lo inmediato, la oposición tiene dos desafíos: el primero es transformar ese voto castigo al gobierno en adhesión a la oferta presidencial y parlamentaria del conglomerado; y el segundo es proponer un proyecto político que cautive a esa enorme masa de ciudadanos que en las encuestas dice no sentirse representada por ninguna fuerza política ni candidato presidencial. Tarea para la cual no queda mucho tiempo.

 

Carlos Cuadrado, periodista

 

 

 

Foto: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO