Las huelgas no pueden ser abordadas como un fenómeno aislado, sino como paralizaciones que no afectan sólo a los involucrados directos, sino que tienen repercusiones en trabajadores que no están en huelga, en terceros relacionados, consumidores y el resto de la comunidad.
Publicado el 12.03.2017
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Si bien la huelga es considerada como un derecho fundamental de los trabajadores organizados en el contexto de la negociación colectiva, este derecho, con ribetes de herramienta de negociación, produce consecuencias que no sólo afectan a trabajadores en huelga y empleadores, sino que muchas veces generan impactos que no se prevén a simple vista, como en terceros ajenos al conflicto y a niveles macroeconómicos.

Una muestra de aquello es la situación que tiene lugar hoy en la minera Escondida, en que al amparo de una huelga legal, el sindicato número 1 de la empresa mantiene una paralización que lleva casi un mes.

Al aterrizar las garantías constitucionales y las normas sustantivas en materia laboral a un caso concreto como este, es menester hacer una reflexión respecto de los impactos reales de paralizaciones tan extensas e inflexibles como la del caso de la minera.

Lo cierto es que, independientemente de la viabilidad de las condiciones de trabajo que se están negociando, con esta huelga nadie gana. Los trabajadores durante la huelga ven suspendidos sus contratos de trabajo, por lo que aquellos días no son remunerados por el empleador que, sumado a la duración de esta huelga -que superó con creces el promedio histórico que bordea los 11 días-, conlleva serios problemas económicos en los hogares y en el cumplimiento de obligaciones financieras con los acreedores.

Por su parte, el empleador se ve fuertemente afectado por las huelgas y sus cuantiosas pérdidas, lo que sumado a incumplimientos comerciales con proveedores y clientes, merma de manera significativa las finanzas de la empresa y en ocasiones vuelve más difícil aún la factibilidad de acceder a las demandas de los trabajadores para alcanzar un acuerdo. Asimismo, en empresas tan importantes como las relacionadas con la actividad minera, las pérdidas generan efectos en las finanzas públicas y en los índices macroeconómicos como el IMACEC, lo que acarrea consecuencias importantes en la economía nacional, impactando finalmente a todas las personas.

Así, las huelgas no pueden ser abordadas como un fenómeno aislado, sino como paralizaciones que no afectan sólo a los involucrados directos, sino que tienen repercusiones en trabajadores que no están en huelga, en terceros relacionados, consumidores y el resto de la comunidad. Pese a reconocer la importancia de esta herramienta en la negociación, se hace necesario abogar por generar mecanismos de solución de controversias por autocomposición más efectivos, y propender al entendimiento entre las partes para mitigar lo más posible los efectivos lesivos que las paralizaciones por huelga pueden provocar dentro de la empresa y fuera de ella.

 

Sergio Morales, abogado, Libertad y Desarrollo

 

 

FOTO: JUAN RICARDO/AGENCIAUNO