Ahora, que el INJUV se convierta en un espacio funcional a la mantención del poder, lleva a la pregunta fundamental de cuál es el rol que comienza a adquirir el Estado en manos de la izquierda.
Publicado el 24.02.2016
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El ex director del INJUV, Nicolás Preuss, fue removido de su cargo por diferencias con el ministro de Desarrollo Social. Dicho hecho, no podemos minimizarlo al mero tope de personalidades. El Partido Comunista y la Democracia Cristiana frecuentemente se ven desafiados a duelo, siendo el primero un histórico vencedor. Es triste que en este caso no haya sido distinto.

Si observamos bajo el agua, veremos cómo la politización del INJUV es un paso necesario para el alcance de los objetivos totalizantes del PC. Ya no es novedad ver cómo el gobierno ha ido convirtiendo los fines de ciertas instituciones en medios que permitan la permanencia en el poder. Es así como un Instituto destinado a elaborar políticas públicas para mejorar las condiciones de vida de la juventud, se transformará en un espacio de propaganda para el aborto libre, la asamblea constituyente y tantos otros ítems útiles para la agenda del gobierno en un año de campaña electoral.

Ahora, que el INJUV se convierta en un espacio funcional a la mantención del poder, lleva a la pregunta fundamental de cuál es el rol que comienza a adquirir el Estado en manos de la izquierda. ¿Es este una expresión de la voluntad popular o es una máquina destinada a la reproducción del poder? ¿Es el INJUV un instituto que vela por el bienestar de la juventud, o es un instituto funcional a la difusión de un programa específico? El PC, desde su vieja escuela, lógicamente lo entiende de la segunda manera. Las políticas públicas para los jóvenes no cambian en nada el fondo de la cuestión, que es para el PC la existencia de una sociedad capitalista.

Es en ese punto radical el origen del conflicto con la Democracia Cristiana. Esta última, ha entendido los pactos políticos desde la experiencia histórica de tener al régimen militar como un enemigo común. No obstante, la denotación simbólica de dicho enemigo ha sido distinta para unos y otros, siendo para los comunistas la expresión tácita de estructuras serviles al capitalismo. Por dicho motivo, el PC ocupa los espacios pretendiendo desde ellos impulsar una asamblea constituyente, un nuevo modelo económico, otro concepto de familia, etc. Lo que busca es cambiar la sociedad sustancialmente, tomándose el mismo aparato estatal y excluyendo a quien opere desde una lógica “servil”. No puede conciliarse la forma de gobernar que comprende uno u otro partido, siendo un hecho ejemplar el apoyo del PC a Unidad Popular, versus el rechazo de la DC a la destrucción institucional realizada por la UP.

Sabiendo las diferencias, corresponde preguntarse por qué la DC pierde el duelo. Probablemente porque desde hace tiempo una nebulosa se instaló encima de quienes dan su batalla. No hay claridad en el diagnóstico, no hay claridad en las ideas y tampoco existe una estrategia a seguir. Su papel de contención dura hasta un enfrentamiento de palos ciegos.

La situación conlleva varias malas noticias. La primera es observar quién se encuentra ocupando el poder y los efectos de tal ocupación debido a que, como señaló Václac Havel, “ese poder político y todo lo que le corresponde lógicamente oculta un enorme peligro: que nos despoje de nuestra existencia y nuestra identidad, lenta pero irreversiblemente, fingiendo confirmarlas”. La segunda es un llamado a la realidad de quienes han extrapolado la influencia de la DC en el gobierno, comprendiendo que esta se encuentra fuera de la forma de dominio del Estado que prima (y si no se convence, pregúntele al ministro Burgos). La tercera y última, es para los jóvenes que requieren de políticas públicas específicas que mejoren sus condiciones de vida y que obtendrán a cambio un despliegue propagandístico.

La esperanza es que, aunque algunos busquen sacar provecho del poder, la ciudadanía puede escoger aprender de sus errores. Veremos qué ocurre en la próxima elección municipal.

 

María Jesús Wulf, investigadora Fundación Jaime Guzmán.

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO/AGENCIAUNO