Lagos está entre dos fuegos. Por un lado está el de la Democracia Cristiana, que reclama su lugar en la coalición y no está dispuesta a seguir perdiendo electorado por entregar el centro político, que queda así a merced de Chile Vamos y otros proyectos políticos incipientes que aspiran a representar a una gran población moderada que se ha quedado sin alternativas claras. Por el otro lado está el sector más izquierdista de la Nueva Mayoría, que si bien no quiere a Lagos, se encuentra hoy sin opciones que tengan verdadera relevancia y peso políticos.
Publicado el 03.11.2016
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Una reunión del Pleno del Comité Central del Partido Socialista (sí, todavía siguen usando la nomenclatura soviética) está programada para el sábado 5 de noviembre, y el tema es el mecanismo de definición de su abanderado presidencial.

Sin embargo hoy, jueves 3, la directiva del Partido Socialista discutirá la posibilidad de postergar esa decisión del Comité Central un par de semanas. Ricardo Lagos estaría de acuerdo con esta postergación, ya que después de lograr que Isabel Allende bajara su precandidatura, espera lograr lo mismo de José Miguel Inzulsa. Si ello ocurriera, el camino se despejaría bastante para Lagos, que podría esgrimir un mejor derecho para ser el candidato del PS en una quirúrgica operación que debe coordinar con su proclamación por parte del PPD. Una primaria del PS, mecanismo  que alguna vez se discutió en el partido, pasaría a ser redundante en ese escenario.

Sólo un precandidato del PS se opondría a la postergación del Comité Central, en la esperanza que éste defina un mecanismo de primarias. Y no es otro que Fernando Atria, carta del sector más izquierdista del socialismo y autor intelectual del programa de gobierno de Michelle Bachelet. La escasa historia partidaria de Atria y su menor estatura política anticipan que es poco probable que logre su objetivo.

Quizás la excusa es que él está esperando para convertirse en abanderado de la izquierda extraparlamentaria, la cual liderada por Boric y Jackson, busca un candidato que pueda ser testimonial en la próxima elección, pero que no dispute a los controladores el liderazgo político futuro. Los jóvenes parlamentarios han dicho explícitamente que su abanderado no puede militar en el Partido Socialista, y han descartado también a Alejandro Guillier y cualquier otro que tenga un pasado ligado a los dos grandes bloques políticos que han dominado la política chilena en las últimas décadas.

Los poderes fácticos que operan en torno a Lagos, entonces, estarían virtualmente realizando un golpe blanco que dejaría al ex Presidente como abanderado de la centroizquierda.

Pero ha salido gente al camino de ese proyecto. La Democracia Cristiana, con la activa participación de Mariana Aylwin, le ha rayado la cancha a Lagos. Ha dicho, en primer lugar, que no participará en una primaria de la Nueva Mayoría. Y ha agregado que le quedan sólo dos opciones: llevar un candidato propio en la primera vuelta de la elección presidencial y, dependiendo del resultado, negociar el apoyo en una segunda vuelta condicionándolo a un programa de gobierno de centroizquierda que implique una participación relevante del centro político en el gobierno; o negociar su apoyo a una candidatura de Lagos, no de Guillier, con ese mismo predicamento.

Vale decir, es una negociación ahora o para la segunda vuelta presidencial, pero con un contenido claro. Ha señalado Mariana Aylwin incluso áreas específicas en las cuáles tratarían de imponer sus puntos de vista; como el crecimiento económico, que sería prioritario, y la educación, en que debiera restablecerse una participación relevante del sector privado.

Como se puede ver, todo lo contrario a lo que señaló Máximo Pacheco al retirarse del gobierno, en el sentido de que se trataba de continuar con las reformas de Bachelet.

Es que Lagos se encuentra entre dos fuegos. Por un lado está el de la Democracia Cristiana, que reclama su lugar en la coalición y no está dispuesta a seguir perdiendo electorado por entregar el centro político, que queda así a merced de Chile Vamos y otros proyectos políticos incipientes que aspiran a representar a una gran población moderada que se ha quedado sin alternativas claras. Por el otro lado está el sector más izquierdista de la Nueva Mayoría, que si bien no quiere a Lagos, se encuentra hoy sin opciones que tengan verdadera relevancia y peso políticos. Aún así, este sector hará exigencias mínimas al ex Presidente.

Lagos requiere de una segmentación de audiencias y de un timing demasiado precisos para atender simultáneamente estos dos requerimientos. Así las cosas, lo más probable es que la DC tenga que optar por la estrategia de llevar un candidato propio en la primera vuelta.

Pero lo que Mariana Aylwin no ha expresado con claridad aún es que esa estrategia requiere un candidato que obtenga un buen caudal de votos, de manera de mejorar su posición negociadora. Y hoy día, ese nombre no es otro que el de la propia Mariana.

 

Luis Larraín, #ForoLíbero 

 

 

Foto: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

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