La combinación entre “lobos solitarios” y fácil acceso a armas de fuego de alto poder solo garantiza que matanzas como la de Orlando —inevitablemente— seguirán repitiéndose en Estados Unidos.
Publicado el 18.06.2016
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El ataque en contra de una discoteca en Orlando, el domingo pasado, nuevamente reactivó el tema del terrorismo doméstico en Estados Unidos. Básicamente porque el autor de la masacre, Omar Mateen, era un estadounidense de origen afgano que declaró su lealtad al Estado Islámico poco antes de concretar el atentado. Es decir, se trataba de un nuevo “lobo solitario”.

Pero esta tragedia también reabrió el antiguo y complejo debate acerca del control a la venta de armas de fuego en EE.UU.

La Segunda Enmienda garantiza el derecho constitucional a la tenencia y porte de armas de fuego en este país. Y para comprar un rifle como el que Mateen utilizó en su ataque, basta ser mayor de 18 años, presentar la licencia de conducir, realizar un breve curso de dos horas sobre manejo de armas de fuego, no tener antecedentes penales y declarar que no se sufre ningún trastorno mental.

Hoy, Estados Unidos tiene aproximadamente 321 millones de habitantes y 270 millones de armas de fuego que no están en manos de la policía ni de las fuerzas militares. Un escenario que explica que el año pasado, según un estudio del diario británico The Guardian, hubiera 29,7 muertos por cada millón de personas en este país, producto del uso de armas de fuego. Una cifra muy alta, comparada con los 5,5 de Canadá o los 2,7 de Dinamarca.

El rifle de asalto semiautomático AR-15 —utilizado en el ataque en Orlando— hoy se puede comprar en una tienda o por internet, a un precio que puede alcanzar apenas los US$ 500. Un dato no menor, considerando que esta misma arma ya fue utilizada en las matanzas de la escuela primaria Sandy Hook (Connecticut) y el cine de la ciudad de Aurora (Colorado), ambas ocurridas en 2012. Además del tiroteo en el centro social de San Bernardino (California), el año pasado.

El Presidente Obama ha sido uno de los principales impulsores del control de armas de fuego, aunque con pobres resultados, producto de la oposición republicana en ambas cámaras del Congreso y el fuerte lobby de entidades como la Asociación Nacional del Rifle.

Sin embargo, la tragedia de Orlando parece haber logrado un primer y significativo avance en la Cámara Alta hace pocos días, cuando los senadores demócratas llegaron a un acuerdo con los republicanos para considerar un proyecto de ley que restrinja el acceso de armas de este tipo a sospechosos de terrorismo.

Técnicamente, esta sería la primera modificación en 22 años a las normas que rigen la compra de armas en EE.UU. Y aunque aún no está claro cuándo ni cómo procedería la votación en el Senado, existe la posibilidad de que se concrete la próxima semana.

Omar Mateen había sido investigado en dos ocasiones por el FBI, tras lo cual su nombre fue eliminado de la lista de sospechosos. Lo mismo ocurrió con los autores de la matanza de San Bernardino: Syed Farook, un estadounidense converso al islam, y Tashfeen Malik, una joven paquistaní que había vivido 20 años en Arabia Saudita antes de viajar a EE.UU. para casarse con él.

En ambos casos, estas personas, a pesar de que el FBI las consideró como potenciales autores de actos terroristas, tuvieron la posibilidad de comprar las armas y municiones que usaron en sus respectivos atentados.

Pero más allá de motivaciones terroristas, ¿qué explica el interés de una persona por tener armas de este tipo? Algunos sostienen que las necesitan para protegerse de la delincuencia, mientras que otros simplemente argumentan que les gusta coleccionarlas. E incluso están los que aseguran que si hubiese más personas armadas en las calles, oficinas o escuelas, ellas podrían actuar rápidamente —antes de que llegue la policía— en contra de algún atacante y así evitar un mayor número de víctimas.

El punto es que estas opciones abren nuevas interrogantes. ¿Están todos realmente capacitados para usar un arma de fuego en un lugar público? ¿Cómo actuarían en un escenario de toma de rehenes? ¿Podría una persona armada con una pistola o revólver hacer frente a un atacante que portara un arma de guerra como el AR-15?

Por desgracia, estas preguntas aún permanecen sin respuesta. Y mientras tanto, la combinación entre “lobos solitarios” y fácil acceso a armas de fuego de alto poder solo garantiza que matanzas como la de Orlando —inevitablemente— seguirán repitiéndose en Estados Unidos.

 

Alberto Rojas M., Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, Facultad de Comunicaciones y Humanidades, Universidad Finis Terrae.